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Virginia Cantó: “La literatura es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi infancia”

Gatrópolis ha querido acercarse a una escritora joven, pujante, que disfrute de su pasión haciendo partícipes de la misma a los demás. Virginia Cantó nos ha ofrecido una parte de su tiempo para hablarnos de literatura, de poesía… de sus proyectos presentes y futuros, pero también de sus inicios. Les invitamos a que disfruten como también lo hemos hecho nosotros.

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Fotografía de su web oficial

Eres licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y tienes un Máster en Literatura Española en dicha universidad. ¿Tenías claro desde siempre que querías dedicarte a la poesía? ¿Por qué este género y no otro?

La poesía siempre ha sido el género con el que me he sentido más cómoda y el que me ha permitido mayores posibilidades expresivas. En realidad, nunca me paré ni me he parado a pensar cuál era el género al que quería dedicar una mayor atención. Simplemente, surgió así de una manera natural.

Has sido premiada en diferentes certámenes y has contando con diferentes becas. ¿Cómo de arduo ha sido el camino para llegar hasta aquí?

Es cierto que he ganado algunos premios literarios, pero nunca ha sido esta mi obsesión. Los escritores no lo tenemos fácil, y especialmente complicado se presenta el panorama para aquellos que hemos decidido centrar nuestro trabajo y nuestra ilusión en el mundo de la poesía. Sin embargo, no puedo quejarme. Con 25 años logré publicar mi primer poemario y espero que mi último libro de poemas –ya el cuarto– logré ver muy pronto la luz.

Como escritora joven, ¿qué cabida crees que tiene la poesía en 2017?

Hablando en términos editoriales, creo que es un buen momento para la poesía. Cada vez más libros de poemas y más autores se dejan ver en las estanterías mejor posicionadas de conocidas librerías y grandes almacenes. Sin embargo, hemos de ser muy cautos, a mi juicio. Me viene ahora a la mente la conocida frase del escritor argentino Guillermo Boido: “La poesía no se vende porque la poesía no se vende”. A veces siento un poco de miedo a que los términos de esta frase acaben mutando en un “la poesía se vende porque la poesía se vende”.

Has sido parte de diversas antologías como Mujeres en la historia” o Generación 2001: 26 poetas españolas (sin peaje)”. Todas ellas dan voz a mujeres dentro del mundo de la escritura. ¿Qué relevancia tiene la mujer en este mundo? ¿Crees que se hace lo suficiente?

En los últimos años han visto la luz muchas antologías que pretenden visibilizar las voces femeninas y reivindicar el papel que la mujer debería tener en el mundo de la literatura. Mi ilusión no es que sigan proliferando estas necesarias publicaciones, sino que muy pronto la sociedad y la literatura de este país ya no las necesiten.

¿De qué forma intentas contribuir para que se le dé más visibilidad a las mujeres en la literatura?

Contribuyo de la única manera que sé: leyendo a otras mujeres, escribiendo, publicando y recitando cada vez que tengo la oportunidad. Mi rol de profesora de literatura también me ofrece una gran oportunidad para hacer visible a los alumnos lo que durante muchas décadas se hizo invisible y enseñarles que la literatura no es cosa de hombres ni de mujeres, sino una cuestión de oficio, de vida, de entrega y de ilusión.

En tus redes sociales hemos podido ver cómo le inculcas a tu hijo Nicolás, desde pequeño, el amor por la lectura o la escritura, ¿qué significa para ti transmitirle este conocimiento?

La literatura es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi infancia. Era aquello que me permitía conocer el mundo y evadirme de él a partes iguales. Como lo hicieron conmigo mis padres y mis profesores, yo quiero regalarle a mi hijo todos esos mundos posibles, que sea consciente de que los márgenes de la vida pueden extenderse más allá de lo tangible y que será él quien decida dónde y cuándo ponerle tabiques a la imaginación.

¿Y cómo crees que lo ve él desde el punto de vista de un niño pequeño? ¿Es complicado llegar a él en este sentido?

Por el momento, es demasiado pequeño para poder comprender la dimensión del hecho. Por ahora, simplemente pretendo –pretendemos, porque es algo de su padre y mío– inculcarle un hábito y una rutina cada día. Y él lo disfruta enormemente, porque es un rato muy divertido y tierno que vive con nosotros, en el que jugamos a poner voces, reproducir onomatopeyas, hacer histriónicos gestos o convertirnos en diferentes personajes. Y llegar a él con todo esto es sumamente fácil y divertido.

También, hemos podido ver que has tenido la oportunidad de conocer a Luis García Montero hace poco. ¿Qué ha supuesto esto para ti?

En realidad, conozco a Luis García Montero desde hace varios años y tengo la suerte de poder considerarlo no solo un maestro, sino un amigo. Aún recuerdo con emoción el día que lo conocí y cómo de pronto la literatura se hizo piel y el yo poético sujeto autobiográfico. “Porque no te miro sino como te leo”, escribí años más tarde en un poema en el que rememoraba aquel primer encuentro. Conocer a Nuestros Autores, a aquellos que han marcado las lecturas de nuestra juventud, debería ser algo casi obligado siempre que fuera posible.

¿Cuáles son tus influencias en la poesía?

Como otros muchos niños de mi generación, hijos de la generación que consiguió la democracia, crecí escuchando los versos de Machado, Celaya, Lorca, Neruda o Goytisolo en las voces de Serrat, Paco Ibáñez, Silvio Rodríguez o Víctor Jara. Aquellos poemas que durante años fueron para mí solo canciones, marcaron con el tiempo una senda de lecturas que me llevaron a conocer un sinfín de poetas y generaciones de tiempos y latitudes muy distintos. En realidad, considero que es muy difícil establecer una lista cerrada de influencias, ya que los gustos evolucionan y no en todas las etapas he bebido de las mismas fuentes.

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Presentando “Wombats. El mágico suceso”

Y, ¿cuáles son tus poetas favoritos y favoritas?

Estos gustos también evolucionan y son bastante variopintos. Podría citar entre mis favoritos a Vicente Alexandre; el García Lorca de Poeta en Nueva York y los Sonetos del amor oscuro; Ángel González; Jaime Gil de Biedma; Caballero Bonald; Claudio Rodríguez; Gloria Fuertes; Chantal Maillard; y, por supuesto, Luis García Montero. Entre los extranjeros Wislawa Szymborska; Raymond Carver; Jaime Sabines; Tomas Tranströmer y Jorge Galán. De los poetas más jóvenes, Elena Medel y Raquel Lanseros están entre mis favoritas.

¿Qué concepto de la poesía crees que tiene la gente en el siglo XXI?

Cada año, hago un sondeo entre mis alumnos para ver qué concepción tienen ellos de la poesía y, entre otros, siempre se repiten dos atributos con los que no puedo estar más en desacuerdo: “es una cosa muy difícil que no se entiende y que sirve para expresar tus sentimientos y contar cómo te sientes”.

Has colaborado hace poco con tu hermana, Fátima, para la creación de un libro infantil, “Wombats. El mágico suceso”. ¿Cómo ha sido esta experiencia? ¿Ha tenido la acogida que esperabais?

No conocemos cifras de ventas por el momento, pero sí tenemos la impresión de que a la gente le gustó el resultado. Es un proyecto precioso y poder compartirlo con mi hermana es lo que lo hace único.

¿En qué está trabajando Virginia Cantó en estos momentos? ¿Qué planes de futuro tienes?

Hace unos meses terminé mi último poemario, “Los ojos amarillos”, y estoy finalizando el proceso de corrección. Muy pronto empezaré a mandarlo a las editoriales, con la ilusión de que pueda publicarse muy pronto. También tengo puesto todo mi entusiasmo en un libro infantil de cuentos en verso. El mundo de la literatura infantil es muy complicado, pero espero que este proyecto también pueda ver algún día la luz.

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