show me a hero

Show Me a Hero, una mirada a nuestras conciencias

Hablamos de una miniserie de televisión estadounidense creada por David Simon y William F. Zorzi, y dirigida por Paul Haggis (Oscar en 2006 por Crash). Show me a hero nos sitúa en un capítulo más de racismo en los Estados Unidos, que se inicia a finales de la década de los 80, en la localidad de Yonkers. Una historia real recogida en el libro escrito por la periodista de The New York Times, Lisa Belkin. HBO, que fue quien tuvo la clarividencia de hacerse con los derechos, estrenó sus seis capítulos en América del 16 de agosto al 30 de agosto de 2015. Actualmente, se puede visionar y, disfrutar, en España. Eso que ganan los telespectadores españoles amantes de las series bien hechas.

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Con factura de película

Y es que como reconociera en su momento el mismo Paul Haggis, Show me a herono es una serie, sino una película de seis horas”. “Esto supone -continúa- rodar de siete a nueve páginas de guión diarias, cuando en una película son dos o tres”. Comenzó a grabarse el 1 de octubre de 2014 con hechuras de largometraje. Su reparto está encabezado por un impecable Oscar Isaac, en el papel del personaje central de la historia, el joven político de origen polaco Nick Wasicsko. Le acompañan Carla Quevedo, Winona Ryder, Alfred Molina, Jon Bernthal, LaTanya Richardson, Jim Belushi, Catherine Keener, Bob Balaban, Peter Riegert, Michael Stahl-David, Natalie Paul, Ilfenesh Hadera, Dominique Fishback o Clarke Peters.

Una mirada interior

Show me a hero fue reconocida en la gala de los Globos de Oro de 2015 en la persona de Oscar Isaac, quien se hizo acreedor al premio al Mejor Actor de miniserie o telefilme. Como decimos al principio, está ambientada en la localidad neoyorquina de  Yonkers, y narra la tensa situación vivida desde 1987 hasta 1993. Una orden judicial obliga al joven y prometedor alcalde, Nick Wasicsko, a permitir la construcción de viviendas protegidas en barrios de clase media habitados por blancos. Sus futuros vecinos serán ciudadanos de bajos, bajísimos recursos, en su mayoría de raza negra. Esto coloca a Wasicsko entre dos aguas  en un ambiente de enorme crispación.  En la tesitura de cumplir su promesa electoral o de satisfacer las necesidades de todos los habitantes de Yonkers (ciudad entonces de casi 200.000 habitantes), entre los que estaban los negros, latinos… que residían hacinados en suburbios.  “Tiene que tomar una decisión – explicó en su día David Simon a la prensa- y hace lo correcto. Y, en la dinámica clásica de nuestro sistema político, cuando haces lo correcto, te castigamos. Nick es castigado brutalmente”.

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Show me a hero no es ficción, es real; real porque los sucesos acontecidos y presentados ocurrieron, y sus protagonistas en la serie también lo fueron décadas atrás; real porque es como la vida misma, es una mirada hacia nuestro interior de ser humano. En esta genial  miniserie (repito, con trazas de estupendo largometraje) asistimos a la necesidad de llevar a cabo una profunda reflexión. Nos invita al debate. Porque, efectivamente, el comportamiento de los ciudadanos de ambos lados de la polémica tenían su parte alícuota de razones para esgrimir sus teorías. Unos, en su instinto de conservación por preservar su aparente vida tranquila, por huir de lo novedoso, de lo distinto a sí mismos. Otros, por su legítimo derecho a huir del mal fario de un destino que les llevó a malvivir en un lugar inhabitable. Es, como se suele decir habitualmente, buscar el equilibrio entre ambas posturas y dejar a un lado aquello de “yo tengo toda la razón y los demás, ninguna”.

Los autores de Show me a hero la definen como “una alegoría de los problemas raciales de Estados Unidos”, algo que sigue latente en pleno siglo XXI, y que desgraciadamente se esparce por todo el mundo. Pero, claro, ahí está la clave del conflicto, en pensar que “mientras no me toque a mí, estoy de acuerdo”. Es fácil hablar por boca ajena. Distinto es cuando el problema le toca a uno. Otro de los puntos para la reflexión es el de la miseria que rodea a la política, los vericuetos por donde se mueven el egoísmo y la falsedad, que encuentran en ésta en más ocasiones de las deseadas un gran nicho. Nick Wasicsko fue una víctima en este sentido.

Una banda sonora selecta

El título de esta miniserie alude  a una célebre y elocuente  frase de F. Scott Fitzgerald: “Show me a hero and I’ll write you a tragedy”  (“Muéstrame un héroe y te escribiré una tragedia”). En esta línea, el esperanzador comienzo del primer capítulo nos lleva a pensar que nos encontramos ante un gran trabajo. Es verdad que muchas series y películas tienen un explosivo comienzo y, poco a poco, van perdiendo su luz. Pero en esta ocasión es complicado equivocarse.

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No hay música, sólo se oye el ruido natural de la localización en la que está la escena, un cementerio al que acude el joven político de Yonkers: el sonido de las ramas de los árboles mecidos por el viento, el del canto de los pájaros y el del motor del vehículo en el que se desplaza Wasicsko. Después, la puerta del conductor que se abre y el insistente bip bip de su busca colocado en el salpicadero. Sólo un “God!” que se le escapa rompe la rutina. Sale del coche vomita y se aleja. Un primer plano posterior nos muestra a una persona desorientada, como si incluso tuviera alucinaciones. No hay nadie a su alrededor, pero parece que él cree que alguien le mira. El bip bip del busca se sigue oyendo al fondo… y los primeros compases de una canción que nos llevan a las presentaciones: “In the fields of the lord, stood Abel and Cain/Cain slew Abel ‘neath the black rain/At night he couldn’t stand the guilt or the blame/So he gave it a name/So he gave it a name/So he gave it a name…” (“En los campos del señor estaban Abel y Caín/Caín mató a Abel bajo la negra lluvia/Por la noche no podía soportar la culpa o el pesar/Así que él le dio un nombre/Así que él le dio un nombre/Así que él le dio un nombre… “). Se trata de Bruce Springsteen interpretando ‘Gave It A Name’, tercera pista del cuarto disco de Tracks, álbum publicado en 1998 por Columbia.

Ocurre que la banda sonora sirve de aliada imprescindible para en ocasiones conocer el estado de ánimo del personaje principal, gran fan del músico de New Jersey, o de lo que acontece en cada momento. Ningún tema de los 12 elegidos están por estar. Todos tienen su razón. De hecho, los minutos de ‘Gave It A Name’ suponen un resumen de la serie. ‘Hungry Heart’, ‘Rumrod’, ‘All That Heaven Will Allow’, ‘Brilliant Disguise‘, ‘Cadillac Ranch’, ‘Valentine’s Day’, ‘Tenth Avenue Freeze-Out’, ‘Secret Garden’, ‘Racing In The Street’, ‘My Beautiful Reward’ y ‘Lift Me Up‘ forman una selección del cancionero de Springsteen que suman en esta exquisita producción y se complementan con ‘I Wanna Dance With Somebody’, de Whittney Huston; ‘When The People Find Out’, de Steve Earle; y ‘What Does It Mean’, de Schooly-D.

No se la pierdan. Lo agradecerán.

 

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