Olivia de Havilland, el glamour del Hollywood clásico

Olivia de Havilland, el glamour del Hollywood clásico

Hubo un tiempo en que las salas de cine eran algo más que un lugar donde pasar el rato o ver una película; eran el templo donde admirar e idolatrar a los actores y a las actrices de un Hollywood esplendoroso. Hubo un tiempo donde los grandes estudios copaban la gran industria cinematográfica (Metro Goldwyn Mayer, Warner Bros., Paramount Pictures, Columbia…) y creaban a sus propias estrellas; más que personas, mitos. Hubo un tiempo en que el cine fue vendido envuelto en papel de oro, donde el glamour caminaba a la par con las historias que creaban los guionistas e interpretaban aquellos deslumbrantes dioses. Hubo un tiempo en que Kirk Douglas, Burt Lancaster, Errol Flynn, Clark Gable, Charlton Heston, Elizabeth Taylor, Kim Novak, Bette Davis, Joan Crawford… u Olivia de Havilland, como decimos, eran seres por encima del resto de la humanidad. 

Olivia de Havilland, el glamour del Hollywood clásico

Fueron varias décadas de un cine genial, fantástico, espectacular… Fue el cine que heredaron las generaciones anteriores a quienes nacimos en los 60, el cine con el ciudadano «normal» creció y voló con la imaginación gracias a la magia que traspasaba la gran pantalla. 

Efectivamente, fue ese cine que heredamos los niños que nos reuníamos con nuestras familias alrededor de un aparato de televisión que emitía sus imágenes en blanco y negro, que solo tenía un canal y que en las sobremesas y las noches de los sábados era capaz de acaparar nuestra atención de manera fiel. Todo un ritual alrededor de una caja que nos transportaba a un mundo lleno de fantasía.

Olivia de Havilland, el glamour del Hollywood clásico

El último mito clásico

Ayer falleció la última representante de aquel Hollywood, de aquel cine clásico que me hizo amar al Séptimo Arte; de aquel cine al que mi padre me ayudó a conocer y a querer, al origen de una pasión ilimitada. Olivia de Havilland se marchó en silencio, con esa ternura glamurosa que fue capaz de transmitir en sus interpretaciones. Ha muerto en París a los 104 años de edad, ni más ni menos.

Olivia Mary de Havilland nació circunstancialmente en Tokio el 1 de julio de 1916 (su padre, Walter de Havilland ejercía la abogacía en Japón, donde residía junto a su esposa, la también actriz Lillian Fontaine). Fue el mismo lugar donde poco después lo hiciera su hermana Joan de Beauvoir de Havilland (22 de octubre de 1917), quien falleció mucho antes, el 15 de diciembre de 2013, y quien adoptara como nombre artístico el de Joan Fontaine, la también genial actriz. No fue cordial la relación entre ambas, más bien estuvo marcada por un odio visceral. Pero de esto no vamos a hablar, ya que sería injusto que la carrera brillante de Olivia de Havilland quedara reducida en su adiós a su enfrentamiento familiar.

Olivia de Havilland, el glamour del Hollywood clásico

Una trayectoria de cine

Porque Olivia de Havilland ha de ser recordada por sus papeles en El capitán Blood (1935); La carga de la Brigada Ligera (1936); Robin de los bosques (1938); Dodge, ciudad sin ley (1939); Murieron con las botas puestas (1941); Si no amaneciera (1941); La vida íntima de Julia Norris (1946), por la que recibió su primer Oscar; La heredera (1949), su segundo premio de la Academia de Hollywood; o la mítica Lo que el viento se llevó, en la que encarnó en 1939 a la sumisa y encantadora Melanie Hamilton (nominación al Oscar a la mejor actriz de reparto).

Olivia de Havilland formó pareja cinematográfica con grandes actores del Hollywood clásico, desde Errol Flynn, con el que coprotagonizó siete películas, hasta Montgomery Clift, pasando por Leslie Howard, Charles Boyer, Joseph Cotten o Alan Ladd. Y trabajó bajo la dirección de realizadores como Michael Curtiz, Victor Fleming, George Cukor o Raoul Walsh.

Muchos fueron los premios y reconocimientos que recogió, sobre todo el de la admiración del público. El último, a sus 100 años de edad (el 21 de junio de 2017), el nombramiento como Dama del Imperio Británico por la reina de Inglaterra Isabel II.

Descanse en paz Olivia de Havilland; descanse en paz aquel cine genial que fue creado en Hollywood, al que ahora reconocemos como clásico.

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