Los gatos van al cielo: el eterno Bob

Los gatos van al cielo: el eterno Bob

El pasado día 15 de este mes nos enteramos de la mala noticia de la muerte de Bob. ¿Y quién es Bob?, se preguntarán muchos de los lectores de Gatrópolis. Bob era un gato que se hizo famoso por una bella historia de amor entre un hombre y un animal. Bob era nuestro gato. Sí, el gato de quienes hacemos Gatrópolis (de ahí el juego de palabras, de nuestro amor por los animales en general y de los gatos en concreto), pero también era el gato de todos los que disfrutamos con el día a día de estos felinos que nos alegran la vida (y también nos entristecen cuando detectamos que se encuentran mal). Porque, efectivamente, en la comunidad universal de los que tenemos gatos, los de los demás también los sentimos como si fueran nuestros. Se podría decir que todos formamos una multitudinaria familia gatuna.

Los gatos van al cielo: el eterno Bob

Probablemente sea complicado de entender esto por parte de quienes no son amantes de los animales; que se sufra con sus pesares y nos alegremos con sus inocentes fechorías. Pero ocurre que a nuestros gatos no les vemos cara de gatos cuando los miramos. Les vemos la cara del llorado Bob, o la de nuestros queridos Bruce y Donna, banderas de nuestro Gatrópolis, o de Mia, otra de las protagonistas de entrañables andanzas felinas que hemos difundido en Gatrópolis.

Hace unos meses se fue de nuestra comunidad de las mascotas el querido Spock, un bonachón perro guía que tantas páginas de amor incondicional había escrito con el autor Emilio Ortiz, al que le inspiró en la creación de su exitosa A través de mis pequeños ojos, y de la que en este medio hemos dado su merecida cuenta.

Ahora lamentamos el adiós de Bob. Como titulamos este artículo, Bob está en ese cielo especial de las mascotas, el que está en nuestros corazones, el que permitirá que su memoria esté siempre viva gracias al amor (sí, a los animales se les ama) que ha dejado aquí.

Los gatos van al cielo: el eterno Bob

Bob, un gato callejero

A Bob le conocimos en Gatrópolis gracias a la recomendación de una de nuestras lectoras, asimismo amante de los animales, cuyo perro, Peter, por Peter Pan,  es como la niña de sus ojos. Un día nos habló de una película sobre la relación de un gato callejero y su inopinado amo, quien lo encontró para ser salvado de sus problemas personales. Porque sí, Bob fue el salvavidas de James Bowen, quien entonces pasaba por una importante crisis vital. Aquel filme fue estrenado en 2016, inspirado en la novela publicada en 2010, Un gato callejero llamado Bob, la cual llegó a nuestras manos para nuestra satisfacción.

«Bob no es un gato cualquiera», escribimos en nuestra reseña«Es toda una celebrity en Gran Bretaña. Tanto él como su inseparable compañero, se han hecho muy conocidos (y queridos) tras la publicación de la novela escrita por este último, titulada Un gato callejero llamado Bob (2010). En ella narra su vida con él, y cómo la aparición del minino se la cambió por completo. Se salvaron el uno al otro. De vivir ambos en la calle, el destino los unió, pasaron a formar una familia». 

Los gatos van al cielo: el eterno Bob

Una historia de amor

James Bowen nació en Surrey en 1979, aunque reside en Londres. No tuvo una infancia fácil en Australia, donde se trasladó con su madre tras la separación de sus progenitores. Sufrió acoso escolar, y además fue diagnosticado de TDAH, esquizofrenia y depresión maníaca. A su regreso a Inglaterra su vida no fue a mejor. Terminó viviendo en las calles, lo que le llevó a conocer el infierno de la adicción a la heroína. Cuando todo parecía que no tenía solución, apareció Bob, que ayudó a su salvación. Juntos, iban a tocar por las calles londinenses y a vender ejemplares del The Big Issue.

En 2010, James Bowen decidió contar a todo el mundo su vida con su mascota en Un gato callejero llamado Bob

Nos explica cómo vivía, cómo se relacionaba con los demás y con su entorno, cómo reaccionaba a los diferentes estímulos que lo rodeaban, etc. La mayor enseñanza que podemos aprender de estos relatos es que hay amistades que son para siempre y que debemos respetarnos entre nosotros tal y como somos. Pero por encima de todo, la historia de James y Bob nos enseña que no hay nada que pueda comprar el amor. Éste está por encima de todo si es real y verdadero.

Bob estará siempre presente

Bob se ha marchado, pero gracias a James Bowen, este streetcat capaz de robarnos el corazón a quienes vimos su película o hemos leído su libro sobre su vida y andanzas permanecerá eternamente. 

Sobre las reacciones emotivas de los seguidores de Bob, James Bowen ha escrito lo siguiente en las redes sociales: 

Muchas gracias a todos por tantas palabras y mensajes amables de condolencias por el fallecimiento de Bob. Hay tantas que responderlas todas de forma individual sería totalmente abrumador, pero James está consolado de saber cuánto amor ha demostrado para él y para Bob. Su legado será recordado para siempre”.

(«Thank you all so much for so many kind words and messages of condolence following the passing of Bob. There are so many that replying to them all individually would be totally overwhelming but James is taking great comfort from knowing just how much love has been shown towards him and Bob. His legacy will remain forever»).

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