La contracrónica de los Goya: Mucho dolor y poca gloria

La contracrónica de los Goya: Mucho dolor y poca gloria

En España no se nos dan bien las galas. Este año que se lo digan a los Forque, los Feroz y los Goya, que han sido un claro ejemplo de ello. Chistes casposos sobre políticos (no política, no party), realización nefasta (sí, seguimos hablando de la gran noche del cine español), gags de poca o nula calidad y reivindicaciones por parte de artistas que, precisamente, no deben hacerlas. ¿Cuándo se habló de cine? La cara de Amenábar nos representaba a todos.

La contracrónica de los Goya: Mucho dolor y poca gloria
Fotografía Premios Goya

Tres horas y media soporíferas en las que los momentos salvables se contaban con los dedos de una mano. No fue hasta los 28 minutos de gala cuando pasó algo reseñable: Javier Ruibal se lleva el Goya a Mejor Canción Original por Intemperie. Justo, necesario, y demostrable: nos deleitó con un trocito de su arte que emocionó. ¿Qué mejor manera de recibir un Goya de esta índole? Jamie Cullum y el in memoriam, el homenaje de Amaia a Marisol, y los discursos de Enric Auquer (Mejor Actor de Reparto) y Silvia Venegas (Mejor Corto Documental) fueron algunos de estos momentos reseñables que mencionaba anteriormente.

Por la parte de Auquer (qué gran año el suyo), agradeció a Paco Plaza (Quien a hierro mata) “que se fijara en mí y me diera esta oportunidad”, mientras que Silvia Venegas (Nuestra vida como niños refugiados en Europa) ofreció uno de los discursos más emocionantes de la noche. Incidió en la necesidad de crear “una España donde ningún niño tenga miedo y no pierda la esperanza de vivir”, que “los niños refugiados son, ante todo y sobre todo, niños y deben estar protegidos”.

Veintinueve premios entregados en unos Goya con récord de audiencia
Fotografía Premios Goya

En la parte musical, como he mencionado, Jamie Cullum y Amaia destacaron sobre las demás actuaciones. Hasta Pablo Alborán versionando ‘Sobreviviré’, de Manzanita, se nos hizo largo. Por rizar el rizo, y a modo de apunte, todos los años ocurre lo mismo: fallecidos que arrancan aplausos y fallecidos que no. Eso sí que es precariedad en el cine español.

Los ‘Premios Almodóvar’, que es como se llaman estos premios Goya el año en que Almodóvar saca filme. No hubo lugar a sorpresas. Dolor y Gloria es una gran película, es indudable. Su guion, fotografía, realización… pero ¿y las demás? Participar en una película de Almodóvar es saber que vas a tener éxito seguro. Que se lo digan a Julieta Serrano o a Antonio Banderas, quienes se impusieron a artistas con interpretaciones más que destacables como las de Natalia de Molina, Mona Martínez (ambas por Adiós) o Karra Elejalde (quien no interpreta a Unamuno, él ES Unamuno, en Mientras dure la guerra), respectivamente. La justicia poética, al menos, se impuso con Eduard Fernández (Mientras dure la guerra), quien se interpuso entre el galardón y Asier Etxeandia y Leonardo Sbaraglia (ambos por Dolor y Gloria).

Pedro Almodóvar protagoniza con Dolor y gloria los premios Goya
Fotografía de Premios Goya

En cuanto a Mejor Película, ni siquiera hubo un necesario giro de guion para el resto de nominadas, que bien se merecían más el galardón. Eso sí, destacable Almodóvar diciéndole al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que «durante los cuatro próximos años va a ser el guionista de todos los españoles».

Solo un comentario personal sobre la sede de la celebración de la gala: poco glamouroso fue ver a parte del público sentado en sillas. Quizás el Martín Carpena no era el lugar ideal para un evento como los premios Goya.

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