Sentido homenaje a la figura de Jesús de la Rosa triana

La llama viva de Jesús de la Rosa

“Por ahí se cuenta, se dice, no sé si será verdad, que entre los miembros de Triana se acordó una vez que cuando faltara uno de los tres, el grupo desaparecería. ¿Alguien me lo puede confirmar?”

La mesa redonda organizada para la noche del pasado viernes por la Asociación de Vecinos Unidad de Bellavista, como colofón del IV Concurso Rock 2018, estaba llegando a su final, cuando una señora que reconoció superar los 50 años de edad le planteó esta cuestión a los tertulianos invitados: Ignacio Díaz Pérez, quien presentó durante la velada su libro, el muy vendido Historia del Rock Andaluz, que camina hacia su segunda edición; y tres personas que en algún momento formaron parte del círculo del grupo Triana, los productores musicales Javier García-Pelayo y José María Pachón, y el músico José María Sagrista.

La llama viva de Jesús de la Rosa
Fotografía de Patandi

Pachón se levantó, y extendiendo su brazo derecho le respondió a la señora: “mira cómo tengo los vellos, de punta tan solo de recordarlo”. Y volviéndose a sentar comenzó a explicar lo que ocurrió un día de los muchos que compartió profesionalmente con Triana. “Calculo que fue en el año 78. Salíamos de Granada y nos paramos en una venta. Estábamos solamente los cuatro, sentados en este orden, Jesús, yo a su lado, Eduardo y Tele. Y de pronto, Jesús se dirigió a nosotros y nos dijo: “una cosa os quiero decir. Si un día, uno de nosotros faltara, Triana se acaba, ¿verdad?” Todos nos miramos sorprendidos, pero hubo consenso. Y se acordó eso. No es una leyenda; es algo real”.

35 años de una llorada pérdida

Para los pocos lectores de Gatrópolis que aún no se hayan ubicado, cabe decir que  el 14 de octubre se cumplirán 35 años de la muerte en accidente de tráfico de Jesús de la Rosa, cofundador y vocalista del sevillano grupo de rock Triana. En realidad, aquel fatal suceso se produjo la tarde antes, sobre las 18.00 horas, cuando el Citröen BX-16 TRS que conducía chocó con una furgoneta a la altura de Villariezo, en la provincia de Burgos. Jesús de la Rosa volvía de San Sebastián, donde había ofrecido con Triana un concierto benéfico. Tras varias intervenciones quirúrgicas, el artista  falleció a las cuatro de la madrugada del referido 14 de octubre de 1983. Tenía 35 años de edad.

Después de muchos esfuerzos, su familia, encabezada por su hermano Manuel y su sobrina Cristina, ha conseguido que su figura, su llama, no se apague. Y aunque con unos días de retraso por cuestiones meramente familiares, el viernes 2 de noviembre se le tributará un homenaje, a partir de las 12 del mediodía, empezando con el descubrimiento de una placa en el portal del número 147 de la sevillana calle Feria, donde él naciera el 5 de marzo de 1948. A este emotivo acto le secundará una serie de actividades en las que se está trabajando aún.

La llama viva de Jesús de la Rosa
Fotografía de Patandi

Una novedad musical

“Fui amigo de Jesús y de Tele antes de Triana. Sus tres primeros discos se prepararon en el garaje de mi casa, aunque ya no trabajábamos juntos. Eduardo venía de Los Payos, y Jesús y Tele ya tenían sus experiencias vividas… Fue muy bonito mientras duró y durante muchos años mantuvimos una gran amistad. Jesús iba mucho a mi casa, a mi oficina y estuvimos juntos concretamente hasta el último día, que lo acompañé hasta el final”. Con estas emotivas palabras recordó brevemente el, entre otras cosas, productor musical Javier García-Pelayo su relación con Jesús de la Rosa y con los otros dos miembros del aclamado grupo de rock, Triana: Eduardo Rodríguez Rodway y Juan José Palacios Tele. En este sentido añade que “Triana supo emocionar con su música al público en unos años en que en España comenzaron a ejercitarse por primera vez una serie de libertades”.

José María Pachón pone tilde a las palabras de su amigo, diciendo que “hay que ver la que lió Triana con seis discos y cómo cambió el concepto de la música”. Este hombre que vivió de cerca las vicisitudes del grupo sevillano razona el éxito que tuvo. “Los tres nacieron en barrios donde el compás se lleva dentro. Y los tres aúnan esa música que después nadie ha podido imitar. Porque Jesús cantaba desde el flamenco. Sin desmerecer a nadie, Triana fue único porque Jesús rompía las frases como se hace en el flamenco, Tele tocaba la batería zapateándola y Eduardo tocaba la guitarra con ese rasgueo, esa fuerza, ese nervio, y además era el catalizador del grupo”. Incluso se atreve a afirmar que “es imposible que, aunque otros puedan utilizar el nombre de Triana, la música suene igual”. ¿Por qué? Para José María Pachón es muy sencillo: “faltando tan sólo uno de los tres, ya no es Triana”. Y es que para él, haber formado parte de Triana ha sido un privilegio. “Yo fui a la ‘Universidad de Triana’. Todo lo que aprendí fue con Jesús, con Eduardo y con Tele”. Precisamente, José María Pachón, en medio de la controversia que suscita el término con el que definir al estilo musical de Triana y de los grupos surgidos en la época, creó el que ha obtenido más consenso: “Rock andaluz no nos gustaba a ninguno. Y entendí que ellos hacían Música callejera sevillana”.

La llama viva de Jesús de la Rosa
Fotografía de Patandi

Que la llama siga viva

Ignacio Díaz Pérez, autor de Historia del Rock Andaluz, asegura que “la música de calidad, en este caso, la de Triana, se convierte enseguida en algo clásico. Y un clásico no pasa de moda, siempre estará vigente”. De ahí que entienda que guste “a una generación tras otra”. “Yo no viví en primera persona el éxito de Triana y de Jesús de la Rosa -prosigue-, pero en mi casa había discos de Lole y Manuel, de Alameda y, por supuesto, de Triana. Y esa música que escuchaban mis padres, la escucho ahora yo. Y, además, he escrito un libro sobre ella. Esto quiere decir que a mi generación también le interesa. Hay gente que nació 15 años después de la muerte de Jesús y hace su tipo de música. Ello demuestra que hablamos de alguien eterno”.

José María Sagrista lleva muchos años dedicado a la música. Hoy en día es un experto en la profesión, pero recuerda con cariño el día en que se dieron las circunstancias pertinentes para formar parte de Triana. “Tuve la inmensa suerte con 18 años de conocer a Jesús de la Rosa. Fue un día en El Jueves, y me lo presentó José María Pachón. Triana estaba buscando un guitarrista. José María me preguntó si me interesaría tocar con Triana. Le respondí que sí.  “¿Y cuándo estarías disponible?, pues ahora. ¿Y cuándo podrías venirte a Madrid?, pues ahora (risas). ¿El lunes?, vale, el lunes”.

“Entonces, yo no era capaz de valorar la dimensión que tenía Triana”, asevera José María Sagrista. “Ni mucha gente la tenía, desgraciadamente, porque no fueron fáciles sus inicios por la incomprensión de muchos”. Sin embargo, afirma con orgullo que “cuando a los músicos jóvenes de ahora les digo que estuve con Triana es como si les dijera que estuve con Led Zeppelin, Jimmy Hendrix o cualquier banda de las mejores del mundo. Ahora sí se entiende esa dimensión que tuvo Triana”.

“Jesús de la Rosa fue un músico único e irrepetible por el don natural que tuvo para cantar, transmitir emociones, llegar al público, componer”, apostilla Javier García-Pelayo. “Abre la puerta niña… -hace una brevísima pausa y sigue hablando-. La puerta la abrió él para que después pasaran otros muchos artistas. Él hizo una fusión, que se estaba buscando, que estaba en el aire, pero quien la hizo fue él. Fue un cantante impresionante, con un gran registro de voz. Cantaba como los ángeles. Triana es lo de los grupos que más tributos tienen en España, y él tiene gran parte de culpa en ello”.

Y Manuel de la Rosa, quien acudió a este encuentro del Concurso Rock 2018 Bellavista acompañado de su hija Cristina de la Rosa, sentencia: “la llama de Triana todavía está viva, a pesar de haber pasado tantos años”.

La llama viva de Jesús de la Rosa
Fotografía de Patandi

Jesús de la Rosa, eterno

“Jesús de la Rosa tenía esa combinación explosiva del mejor rock sinfónico de King Crimson, el pellizco flamenco y la bulería de Diego del Gastor, y el soul y el feeling de Ray Charles”. Esa es la definición que de Jesús de la Rosa hace José María Sagrista. “En la música hay que  tener capacidad para transmitir sentimientos, de llegar al público, y Jesús fue capaz de eso”, concluye.

Para Ignacio Díaz Pérez, “Jesús de la Rosa es una figura emblemática en la música y una de las más influyentes en la música que se ha hecho posteriormente en nuestro país”. “Jesús de la Rosa -continúa-, y Triana, pero él como alma, voz y compositor principal, abrió un camino que después muchos grupos han seguido. Si en su época Triana quiso ser como King Crimson, los grupos que vinieron posteriormente quisieron ser como Triana, porque se convierte en ese momento en un referente, y no ha dejado de influir en la música que se ha hecho después”.

Sé de un lugar, Triana... y Jesús de la Rosa

Jesús, la persona

“Un día tocábamos en un pueblo ante tres o cuatro mil personas. Y cantando Recuerdos de una noche, de pronto, se montó una pelea. Dos tíos se estaban matando, y Jesús seguía tocando. A petición de él bajamos un poco el volumen, y sin dejar de tocar, se dirigió a los dos que se estaban peleando. Y les dijo: “¡Hombre!, por favor. Estamos aquí para estar a gusto y divertirnos, y para sentir la música”. Y esos tíos, como si Jesús fuera el Mesías, se quedaron mirándole; los dos, uno al lado del otro. Y la música empezó a subir y todo el mundo comenzó a aplaudir… Lo que pasó fue impresionante. Ese era Jesús de la Rosa”. José María Sagrista cuenta una de las muchas anécdotas vividas con Jesús de la Rosa. Y así, tanto él como José María Pachón y Javier García-Pelayo podrían llevarse horas.

“Jesús de la Rosa, y Luque, por su madre (le gustaba mucho remarcar eso), es uno de los más grandes genios que ha dado la música, en general, sin ponerle ninguna nacionalidad”. Así de contundente se muestra Javier García-Pelayo. Para a continuación unir la faceta artística de Jesús de la Rosa con la personal, como si ambas fuesen inseparables.  “Como persona fue muy grande, una bellísima persona que buscaba siempre la risa y el buen humor. Era muy sevillano, con un espíritu muy profundo. Como músico fue autor de una belleza que todo el mundo conoce. Y le fluía con naturalidad. Fue un gran compositor en calidad y en cantidad. Su forma de ser la mostraba en el escenario”.

José María Pachón  destaca “su risa, el buen rollo que mostraba”. “Tengo grandes recuerdos y vivencias -continúa-. Una Semana Santa, viendo por la calle Feria a Montesión, viví algo muy bonito. Dijimos, “vamos a ir a un asilo que hay por aquí donde una viejecita le canta saetas a los dos pasos. Se me pone la carne de gallina al recordar que durante años estuvimos yendo allí, hasta que desaparecieron el asilo y la anciana. Ese era su homenaje constante a la música”.

“La gente después de tantos años lo admira, lo respeta, lo idolatra… San Jesús de la Rosa sin espina, que decía Sabina”, concluye Javier García-Pelayo este pequeño homenaje a Triana y a la figura indeleble de Jesús de la Rosa.

Que la llama siga viva.

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