Jambalaya: “Hacemos música de pegada, nos gusta que la gente se mueva”

El mismo fin de semana que toca en el Picnic Interestelar, la banda sevillana Jambalaya cumple cinco años. Con motivo de ambos hechos, su vocalista, Alejandro “Jambalaya” García, se reunió con este medio con la naturalidad, la simpatía y el talento que le caracterizan. Os animamos desde aquí a que vayáis a comprobar todo esto el próximo domingo 1 de octubre, en el Picnic Interestelar (CAAC).

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Fotografía de Patricia del Zapatero

Jambalaya comenzó en 2012, ¿cómo fueron los inicios?

Comenzamos hace justo cinco años, el 30 de septiembre. Veníamos de tocar con Fernando Bazán, acompañándolo como Las Caninas, su banda dentro de su proyecto ‘Vicio’. Entré gracias a Jesús, que lo conocí estudiando. A la semana de conocernos ya me dijo que si me apetecía tocar la guitarra en el proyecto que te acabo de comentar. Yo nunca he dicho que no a nada. La experiencia fue buenísima y nos hicimos muy amigos. No hizo ni un año de estar yo en ‘Vicio’ cuando ya hablábamos de formar una banda propia. Un día llegó Jesús con el nombre del grupo: había escuchado a su hermano Diego, que es muy melómano, escuchando un tema de Hank Williams, ‘Jambalaya (on the Bayou)’, no sé si la versión de la Creedence o la oficial de Hank, pero a raíz de ahí nació el nombre. Tiene mucha sonoridad. Después descubrimos que era un plato de arroz típico de Nueva Orleans… Así nace la idea. Luego llegó nuestro primer concierto, que es desde donde contamos como principio del grupo. Fue en Huelva, porque Jesús es de allí. Teníamos fecha, pero ni banda, ni temas. Dijimos: ‘vamos a sacar el concierto y ya reuniremos gente’.

Jambalaya empezó siendo un cuarteto, no un trío. Ya a partir de ahí hablamos con Juan Antonio de Rus Ortega, “el Penumbra”, y junto a Pablo, un amigo con el que empecé a tocar con 15 años. La cosa es que Pablo comenzaba la Erasmus, se centró en la carrera, y ya nos convertimos en ‘power trío’. ¿Nirvana no eran tres? Pues para qué más.

Pues creía que precisamente venía por lo del arroz, en vuestro Facebook lo definís muy bien (“Como el guiso que les da nombre, esta banda recurre a los ingredientes adecuados con el objetivo inamovible e irrenunciable de conseguir puro ROCK con mayúsculas”).

Cuando nos enteramos que era un plato típico de arroz y la historia que traía detrás, nos pareció que iba todavía más acorde con toda nuestra actitud y nuestro estilo.

Has comentado que Jesús es de Huelva, pero Juan es de Jaén y tú eres de Sevilla. ¿Cómo conseguíais reuniros y cómo lo hacéis ahora?

Antes era fácil porque los tres estábamos en Sevilla. Jesús y yo estudiábamos juntos, y Juan estaba terminando la carrera de INEF. Los dos primeros años fueron más productivos gracias a esa accesibilidad, el no tener deberes laborales… entonces íbamos y nos encerrábamos en el local, y salieron muchas cosas. Ya se complicó todo cuando Jesús comenzó a trabajar fuera. Pero nos organizábamos: fijábamos un día e intentábamos aprovechar esos momentos. Después, yo me fui a Granada a estudiar, y sólo quedó aquí “El Penumbra”. Ahí todos tuvimos que hacer un sacrificio. Pero teníamos un compromiso y apostábamos fuerte. Aunque en esta fase sí que fue más complicado y trabajábamos en casa y así al ir a ensayar, íbamos a tiro hecho. Ahora, todos estamos aquí menos Juan, que se ha vuelto a su casa, a Linares. Terminamos la gira, pero seguimos manteniendo las ideas fijas y queremos cumplir con nuestros compromisos. Así que nos organizamos igual: fijando una fecha y aprovechándolo a tope.

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Fotografía de Patricia del Zapatero

Pese a todas las adversidades que comentas, continuáis juntos. ¿Cuál es el secreto de Jambalaya?

La constancia, como cualquier grupo que quiere seguir para adelante. Compromiso, trabajo y constancia. Al principio nos dijeron que no lo dejáramos, que sonábamos bien. Y aunque las circunstancias nos dicen que regulemos, queremos seguir.

¿Teníais claro desde el principio el género que querías conseguir?

No. De hecho, comenzábamos haciendo versiones de la Creedence Clearwater Revival, Black Keys, Kings of Leon… y como verás no tienen ninguna relación. La línea fue saliendo de forma natural. Si te paras a pensarlo, pierde la frescura que tiene la música. No es a conciencia, es algo que sale y punto. Al final lo que hacemos es que la canción sea la que tome las riendas. Si una canción viene de un riff, no le pega luego ponerle una contra de reggae. Aunque nos guste muchísimo X género, no se puede meter por mucho que queramos. Es importante saber adaptar los arreglos.

Vuestro último concierto en Sevilla fue el 13 de mayo, en la Sala X, como fin de gira. ¿Por qué quisisteis acabar la gira aquí? ¿Qué significó para vosotros?

Acabamos la gira aquí porque las fechas coincidían con la presentación del disco, que también comenzó en Sevilla. Como banda nacimos aquí, es donde más hemos tocado y donde más público tenemos. Queríamos que fuera un círculo: acabar donde empezamos. Respecto a la otra pregunta, estaba tanto la expectación que se creó, que aquí es donde más hemos tocado y donde queríamos hacer algo diferente. Llevábamos mucho sin tocar en Sevilla por propia voluntad, de organizarlo nosotros, así que queríamos hacer algo especial. Conocimos en el Suberock a Last Fair Deal, que junto a nosotros fueron una de las bandas premiadas, y le propusimos que tocara con nosotros aquella noche, y la previa, que fue en Granada. La gente respondió muy bien pese a todas las ofertas culturales que hubo ese fin de semana. Se volcaron y lo valoramos mucho. Yo lo de aquel día lo recuerdo como un día clave. Se alinearon los planetas y salió todo bien.

Hay un tema del disco que es el que más atención llama, ‘Rebellion‘, ¿qué nos cuentas  de él?

Nosotros tenemos una fantasía que es cómo nos veríamos nosotros si estuviéramos viendo el concierto. Hacemos música de pegada, nos gusta que la gente se mueva. Y en los primeros conciertos veíamos a la gente que sólo movía la cabeza, nada más. Luego entendimos que ese movimiento de cabeza ya era un movimiento, hay reciprocidad, simplemente es que te están respetando, te están escuchando y están atentos. Entonces, este tema es en el que la gente ya va entrando. Tiene coros y demás, y es donde consigo arrastrar al público conmigo y engancharlos. Es un tema con el que no cerramos el concierto, pero sí es con el que hacemos el truco del ‘bis’.

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Fotografía de Patricia del Zapatero

¿Os fue complicado adaptarla a La Red Van?

Fue muy complicado, porque al final se quedó todo en lo menos esperado: guitarra, voz, ukelele, y un tío guapo con gafas moviendo las manos, que es nuestro querido Penumbra. Estaba muy anuncio de temporada de El Corte Inglés, pero al menos aportó coros. Fue un reto muy satisfactorio. Nos plantamos y dijimos, “¿por qué no? Vamos a salirnos de nuestro terreno”. Y viniendo de mí es difícil. Nos pasó lo mismo para el Sofar Sound, porque además era un concierto y teníamos que adaptar un repertorio entero.

Acabas de nombrar al Sofar Sound, yendo al Picnic Interestelar apadrinados por ellos. ¿Qué te pareció aquel reto?

Interesante. Partiendo de la base que no somos unos virtuosos en nuestros instrumentos, sino que prima la naturalidad con la que nos nacen las cosas, es una cosa que me gusta bastante. Yo en casa, cuando versiono algo, le doy mi toque, no hago una cover al uso. Eso es lo que hacemos con nuestro temas, es el matiz que pretendimos darle. Cambiarlos dentro de lo que son, ya no sólo jugando con el formato, sino con el empleo de los elementos. Tuvimos la duda de si así perdería fuerza, porque es con lo que siempre hemos jugado, con la intensidad. Y no, resultó. En lugar de pegarle fuerte a una guitarra, pues arranco un poco más de voz. Fue probar, lo hicimos en dos ensayos pese a lo complicado que se nos proponía la situación. La gracia del Sofar Sound es ir con expectativas cero y disfrutar del artista, que hasta horas antes es secreto. También nos hizo mucha ilusión que fueran ellos mismos quienes nos propusieran para tocar en el Picnic. Han apostado mucho por nosotros. Todo lo que han hecho por Jambalaya ha sido de forma altruista y lo valoramos mucho. Nos sirve de empujón, que a veces hace falta.

¿Qué aportas tú a la banda y qué son capaces de aportarte los demás  a ti?

Cada uno aportamos un poco de lo que somos, tanto como persona, compañero o músico. Lo que más puedo aportar son aspectos de mi personalidad que se acaban viendo en ciertas habilidades musicales. Procuro aportar cierta sensatez a la hora de hacer las cosas. No me gusta ir a lo típico, me gusta sorprender, pero no podemos abarcar cosas a las que no llegamos. Hay que ser conscientes de cómo somos, y adaptarnos. Irónicamente, también aporto locura, fuera y dentro del local. Estos acaban hartos de mí porque siempre quiero cambiar cosas de temas que ya están cerrados, pero porque veo que los temas son cosas vivas que no pueden terminar de cerrarse y que pueden estar sujetos a cambios. Aporto solidez e incertidumbre, las dos cosas a la vez.  Por su parte, ellos son los que me mantienen quieto. Son los que equilibran esto último que te he dicho. Son los que me dan tranquilidad a la hora de componer. Me paran los pies, aunque luego les demos un lado muy salvaje a los temas en directo. Aparte, son mis amigos. Significa mucho para mí tener este proyecto con ellos.

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