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El Diario de Ana Frank, en novela gráfica

12 de junio de 1942. Espero poder confiártelo todo como aún no lo he podido hacer con nadie, y espero que seas para mí un gran apoyo”.

14 de junio de 1942. Lo mejor será que empiece desde el momento en que te recibí, o sea, cuando te vi en la mesa de los regalos de cumpleaños…”.

Así comenzó Ana Frank su relación íntima con Kitty, su diario, al que recibió como regalo por su 13° cumpleaños. Ana Frank fue una niña judío-alemana, cuyos padres, comerciantes, habían emigrado a Ámsterdam en 1933.

La pequeña Ana vivió en la buhardilla anexa al edificio donde Otto, que así era como se llamaba su progenitor, tenía sus oficinas en la capital holandesa. Ocho personas habitaron aquel lugar entre el 12 de junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944 durante la ocupación alemana (el 4 de ese mes, unos vecinos anónimos les delataron y fueron detenidos). La madre de Ana y su hermana Margot, tres años mayor que ella, también estuvieron en aquel grupo de supervivientes. “Yo deambulo por las habitaciones, bajando y subiendo las escaleras, y me da la sensación de ser un pájaro enjaulado al que le han arrancado las alas violentamente, y que en la más absoluta penumbra choca contra los barrotes de su estrecha jaula al querer volar. Oigo una voz dentro de mí que me grita: “¡Sal fuera, al aire, a reír!”, escribió.

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Aquel diario le sirvió para plasmar sobre el papel unas reflexiones personales que hoy en día aún siguen vigentes y para desgranar cada uno de los días que pasó en aquella celda sin barrotes. Unos amigos de su padre, a la postre, único superviviente (falleció mucho después en Basilea-Suiza, el 19 de agosto de 1980, a los 91 años de edad), le convencieron para que hiciera pública aquella experiencia literaria de la joven Ana, fallecida en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Así fue como el mundo pudo conocer a Ana Frank.

Ahora, más de siete décadas después, el cineasta Ari Folman y el ilustrador David Polonsky, quienes  preparan asimismo una película de animación, han dado vida a una versión en una novela gráfica de este mítico Diario de Ana Frank. Editado y publicado por Penguin Random House, nos presenta la posibilidad de hacer más asequible esta obra mediante un género que abre el abanico de lectores, si ya de por sí este libro no hubiera tenido detrás a esa multitud, que generación tras generación, ha conocido lo que ocurrió en aquella buhardilla y lo que pasó por la mente de una niña de apenas 13 años.

Polonsky y Folman aceptaron el encargo de la Fundación Ana Frank, gestora del legado histórico de Ana. “Al final, realizar este libro me lo tomé como una misión, no como un trabajo. Tenía que hacerlo“, ha llegado a explicar el segundo de los autores del cómic.

El objetivo de esta nueva versión de Diario de Ana Frank es divulgar el holocausto nazi entre los lectores más jóvenes, de ahí que hayan recurrido  “al lenguaje visual y dinámico”. “Tiene muchas declaraciones feministas, como en la que denunciaba que las mujeres eran apenas vistas como máquinas de hacer bebés, que eran criadas para ser máquinas de guerra. ¡Es increíblemente inteligente!“, concluye.

Lo paradójico del caso es que hablamos de una obra que todavía está viva, y que por desgracia, en pleno siglo XXI aún hay personas que viven y sufren como aquella inmortal Ana Frank.

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