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Tamara Andrés: “A la literatura me gustaría aportarle mi visión del mundo, mi libertad”

Reconoce que tiene en su agenda muchos proyectos, desde poemarios a novelas. Y es que su pasión por la literatura le genera satisfacciones personales impagables. Tantas, que considera a la poesía como una forma de vida. Por ello, afirma que “la poesía no es solo una frase bonita… debe impulsarnos a reflexionar“.

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Te graduaste en Traducción e Interpretación. Luego, hiciste un Máster en Estudios de la Literatura, ¿cómo llegaste a decidirte por la literatura?

Supongo que nunca fue una decisión consciente. Empecé por azar, como un juego que realmente me apasionaba y divertía. Más tarde inicié la carrera de Traducción e Interpretación por la misma razón: siempre me ha maravillado el lenguaje, todas sus posibilidades, sus matices, sus retos. Todo forma parte de una pasión común.

¿De dónde viene tu amor por la literatura? Y sobre todo, ¿por qué la poesía?

Para mí, la poesía, más que un conjunto de versos que alguien se sienta a escribir de cuando en cuando, es una forma de vida. De pequeña tuve muchas personas que me acercaron a ese prisma. En ese sentido estoy en deuda eterna con familiares y profesores. Muchos de ellos estaban al corriente de que me gustaba la lectura y ayudaban a cultivar y guiar esa afición. Recuerdo a dos profesores de Lengua Gallega y Literatura (Anxos y Pablo) hablando sobre qué libros deberían prestarme. Al día siguiente me llevé a casa una bolsa repleta de libros. En ella encontraría lo que ahora considero lecturas de referencia.

¿Cómo nace ‘Amentalista’?

Amanda nació sin ser llamada. Estaba en mi último año de carrera y apareció  de repente la idea una mañana en la facultad. Recuerdo llegar a mi piso y empezar a escribir de forma compulsiva. No era muy larga, pero se convirtió en la historia más hilada y completa escrita hasta ese momento. Supuso una gran solidificación personal y me ayudó a comprender muchos hechos que se esconden en la relación obra-autor.

Además de tener tus propios proyectos, también colaboras con blogs sobre literatura…

Antes más que ahora. Durante la carrera y después de acabarla tenía tiempo libre para dedicárselo a ese tipo de iniciativas. Ahora, por suerte, tengo trabajo estable y proyectos personales que ocupan todo mi tiempo. Están siendo meses (quizá años) muy intensos, a lo que ha contribuido, en parte, haber formado parte de esos proyectos.

Como escritora joven, ¿qué cabida crees que tiene la poesía en el 2017?

Se dice en todos lados que la poesía vive buenos momentos. Es cierto, pero hay que tener cuidado. La poesía no es solo una frase bonita, es decir, no podemos ceñirnos a lo superficial, sino que debe impulsarnos a reflexionar; debe, incluso, herirnos. Romper para construir. Digerir más que consumir.

Eres una artista alabada tanto por crítica como por público, ¿qué sientes cuando la gente valora tan positivamente tu trabajo?

Me siento muy agradecida a muchas manos impulsoras. Las personas que me apoyan, a pesar de no ser muchas veces conscientes de ello, están propiciando nuevas creaciones y una red de confianza que me ayuda a seguir e incluso a ser más valiente. El camino solo se puede construir andando, así que mis pasos se deben en gran medida a toda la gente de mi alrededor. Por otra parte, también creo que sigue habiendo pudor, e incluso temor, a hablar en términos negativos.

Me imagino que internet habrá jugado un papel importante en tu carrera, al poder transmitir tus obras a tanta gente, y además al tener la posibilidad llegar a tantos puntos del planeta…

Desde luego. Siguiendo los términos de la conversación, la red me ha permitido encontrar manos impulsoras en muchos lugares del mundo. Por poner un ejemplo, he podido participar de forma virtual en varias iniciativas del colectivo mexicano Cuervo Rojo. Y ya no se trata solamente de las posibilidades que ofrece Internet como herramienta de visibilización, sino también de conocimiento. Hay autores magníficos que no habría podido descubrir de otro modo y que para mí son grandes nutrientes.

¿Cuáles son tus influencias literarias?

Tengo influencias de todo tipo. Últimamente leo mucha literatura francófona (sobre todo belga) y poesía gallega, sobre todo de autoría femenina, ya que es el objeto de estudio de mi tesis. Siempre digo que la lectura de Poesía última de amor e enfermidade, de Lois Pereiro (libro descubierto en aquella bolsa de la que hablábamos al principio) fue el detonante de mi deseo de convertirme en autora. Quería ser una voz tan poderosa como aquella. Quería provocar en alguien todo lo que Lois había provocado en mí. A fin de cuentas, todo esto trata de comunicar y de sentir. Considero también que todo lo que creo parte del arte, tan presente de diversas formas en mi día a día, y de las traducciones que realizo, que influyen sin duda alguna en mi lenguaje.

¿Cuál es tu novela o poema favorito? ¿Hay alguno que haya supuesto un cambio en tu vida?

Recuerdo haber descubierto con gran maravilla el poema L’Albatros, de Charles Baudelaire, en una clase de francés de la mano de una gran maestra, Consuelo. Después vinieron Lois Pereiro con su Poesía última de amor e enfermidade y el Ballet da nena de Uxío Novoneyra. Son tres hechos que me hirieron de forma profunda y que dejaron un poso que todavía permanece. Descubrí entonces un significado propio de la poesía. Luego vinieron muchos hallazgos más, pero esos tienen la particularidad de haber sido los primeros.

Poeta, traductora, guionista… Siendo tan versátil, ¿qué balance harías de tu vida profesional?

Siento que toda faceta se nutre de las otras y, por tanto, se enriquecen, y a mí personalmente me satisface detectar cuándo se produce esa retroalimentación. Me siento contenta con todo lo que he logrado hasta la fecha y tengo muchos proyectos y retos en mente. De todas formas, me apena constatar que las facetas creativas siguen sin considerarse como profesiones y realizándose como proyectos muy mal o en absoluto remunerados, cuando la creatividad es, precisamente, lo que desarrolla nuestra individualidad y nos convierte en seres reflexivos y dialogantes. Parece que ha día de hoy el lenguaje no nos puede permitir comprar pan y queso. Yo me he convertido en profesora en parte por esa razón.

¿Con cuál de ellas te sientes más cómoda?

La poesía y la traducción siempre han estado presentes en mayor o menor grado. En el sector audiovisual me introduje hace poco tiempo de la mano de mi pareja, pero las exploraciones en ese ámbito han sido más bien puntuales. Me siento más cómoda en las dos primeras simplemente porque son constantes, y cuando trabajo en ellas utilizo técnicas parecidas.

Eres gallega, y gran parte de tu obra está escrita en tu idioma materno, ¿es complicado acercar los mundos que creas a un tipo de público que quizás ni se plantea aprender otras lenguas?

Desde una perspectiva traductora, te contestaría que no debería ser complicado si tenemos en mente que  existe la traducción como forma de mediación. Ahora bien, la realidad es más complicada. Por norma general, el canon sigue influyendo a la hora de elegir nombres para traducir. También sigue existiendo falta de interés general por las literaturas periféricas. Esta entrevista se puede considerar una excepción. Os interesáis por mi obra desde Andalucía cuando la mayor parte de lo que produzco está en gallego y apenas he sido traducida, algo que me hace sentir muy agradecida.

Aprender otros idiomas es conocimiento, y una experiencia maravillosa que nos enriquece, pero ¿crees que en España hay cierto prejuicio con esto? Sobre todo cuando se trata de lenguas de nuestro propio país…

En términos generales, el conocimiento sigue siendo objeto de mofa en España. Seguimos insultando al joven que hace los deberes, que saca buenas notas y que hace preguntas a los profesores. Castigamos la curiosidad, por eso vamos hacia donde vamos. El aprendizaje de las lenguas se incluye en todo esto, y el caso de las lenguas cooficiales es todavía más agudo. Ignoramos la cantidad ingente de riqueza patrimónica y cultural que tenemos en España y no nos importa, pero consumimos masivamente lo que nos llega de Estados Unidos. La realidad, a veces, es atroz (hablo, por supuesto, en términos generales).

Al ser mujer y artista, ¿cómo de complicado se te hace estar en este mundo?

Lo único que puedo decir al respecto es que el machismo continúa presente en todos los ámbitos a pesar de muchas afirmaciones absolutamente insensatas. Todavía nos falta mucha libertad y tenemos que seguir visibilizando la obra de muchas mujeres silenciadas. Hay que derribar todavía muchos estereotipos y prejuicios. Poco se habla, por ejemplo, de lo que sucede con la mujer creadora cuando es madre. Desaparece por completo del panorama artístico… La última exposición de la artista gallega Rosa Neutro, Un cuarto propio, reflexiona sobre ese hecho.

¿Qué concepto crees que tiene la gente en 2017 tanto de la literatura como de la poesía?

Como algo no profesionalizado, por eso se sigue tomando tan a la ligera. Debemos trabajar para que se respete nuestro trabajo, pero ahí ya entran en juego factores que se escapan de las manos de los autores. De los ilustradores podemos decir un tanto de lo mismo, y ya no hablemos de los autores de poesía… Si la propia industria editorial nos infravalora, no podemos pedirle a los lectores que el trato sea distinto. Por otro lado, todavía nos queda mucho que mejorar como lectores. Solo hay que ver cómo se distribuyen las secciones en las librerías para constatarlo. La literatura infantil y juvenil al fondo; la poesía, en la planta baja.

¿Qué te gustaría aportar a la literatura?

Mi visión del mundo, mi libertad. Me encanta formar parte de este gran mosaico de voces y escuchar tantas individualidades distintas con apuestas tan diferentes. La literatura es continuo aprendizaje.

¿Qué planes de futuro tiene en mente Tamara Andrés?

Demasiados: nuevos poemarios y novelas que se llevan tiempo gestando. También me gustaría seguir trabajando en la parte oral y performática de la palabra y que el factor sorpresa siga siendo constante. El azar es motor imprescindible para la emoción y la maravilla.

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