Pólvora, tabaco y cuero

Javier Valenzuela: “Pólvora, tabaco y cuero es una novela feminista”

Javier Valenzuela nos ha regalado un excelente trabajo, su última novela Pólvora, tabaco y cuero, una intensa historia radicada en el Madrid de 1936 que intentó resistir al asedio de las tropas franquistas. Para hablar de su obra ha concedido a Gatrópolis esta interesante entrevista. En ella nos explica sus interioridades y nos ofrece su valiosa opinión sobre temas de gran relevancia en relación con el ayer y el presente de nuestro país y de la reivindicación feminista.

Javier Valenzuela nos lleva al Madrid de la Guerra Civil

Nadando entre la ficción y la realidad ha creado una intensa novela de intrigas como Pólvora, tabaco y cuero. Además del interés literario, ¿qué le ha impulsado a escribir esta historia?

 Rendir un homenaje a Madrid, una ciudad que, aunque no haya nacido aquí, siempre ha sido generosa conmigo. Y rendírselo en su momento más negro, aquel tiempo en que, como dijo Antonio Machado, sobrevivía “con plomo en las entrañas”.

 La Guerra Civil española es el escenario de su obra; en concreto el asedio del ejército de Franco a Madrid en la Navidad de 1936. ¿Por qué está vista la historia desde el bando republicano?

 Si yo hubiera vivido en 1936, habría estado del lado de la República, de la legalidad que representaba la República frente a la sublevación militar y de sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad frente a los de orden, jerarquía y disciplina de los sublevados. Hubiera estado con la República como lo estuvieron Antonio Machado y García Lorca, como lo estuvieron Hemingway, Malraux y George Orwell. Si alguien quiere leer novelas de la Guerra Civil desde el punto de franquista ya tiene la serie Falcó de mi admirado Pérez-Reverte, cuyo protagonista es un espía de los militares franquistas (risas).

Muchas obras han sido consultadas por usted para elaborar Pólvora, tabaco y cuero. ¿Se ha llevado muchas sorpresas durante esta investigación?

 Me he llevado la desagradable sorpresa de constatar que la gran mayoría de los libros sobre la Guerra Civil hablan poco o nada de las penalidades de la vida cotidiana de la población civil. Hablan mucho de sus protagonistas políticos y militares, de las batallas y las querellas partidistas, de los actores extranjeros en el conflicto, pero no nos cuentan cómo vivía la gente. Es un mal que se reproduce en los periódicos y las cadenas televisivas de la España actual: mucha politiquería y escaso pulso callejero.

Javier Valenzuela: "Pólvora, tabaco y cuero es una novela feminista"

 Un territorio inexplorado

 Antonio Machado aparece como referente de su obra. ¿Qué nos puede decir del gran poeta cuyo 80 aniversario de su muerte se celebra este año?

 Fui a visitar la tumba de Machado en Colliure al terminar Pólvora, tabaco y cuero. Me acompañó mi familia y una de mis hijas me dijo que lo suyo es que Machado siga enterrado ahí, para que los españoles no olvidemos nunca lo ingrata y cruel que puede ser nuestra patria. Me pareció una reflexión muy acertada. España no debería olvidar hechos trágicos de su historia como la expulsión de los judíos y los moriscos o las persecuciones sucesivas de protestantes, liberales y republicanos. No debería olvidar que García Lorca fue fusilado y Machado tuvo que salir por piernas de su país. El mejor modo de evitar la repetición de ese tipo de horrores es no olvidarlos.

Usted ha declarado que la Guerra Civil “es un territorio bastante inexplorado por la ficción”. ¿Qué cree que le falta a lo que se ha hecho hasta ahora para usted tener esa impresión?

 A mí se me ocurren un montón de novelas, películas y series televisivas ambientadas en la Guerra Civil. Por ejemplo, las andanzas de la filósofa cristiana francesa Simone Weil en la Columna Durruti. O la misma huida y muerte de Machado. Pero en España hay un gran pudor, o hasta temor, a abordar ese período, en buena medida porque a la derecha le incomoda. Fíjese, Estados Unidos no para de hacer novelas, películas y series sobre su Guerra de Secesión, el asesinato de Abraham Lincoln, la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, el asesinato de Kennedy… Y a nadie se le ocurre decir allí que eso supone reabrir viejas heridas. Al contrario, hablar de estos horrores de modo libre y honesto es siempre cicatrizante.

También ha manifestado que “los anarquistas son los perdedores entre los perdedores de la Guerra Civil, porque fueron aplastados por dos totalitarismos que estaban entonces en marcha, el fascista y el estalinista“. ¿Qué imagen cree que existe en España sobre el anarquismo y qué supone este movimiento para usted?

 Ha habido, y hay, una propaganda sistemática que pretende asociar el anarquismo con violencia y terrorismo. Cierto es que algunas individuales o grupúsculos usaron las pistolas a comienzos del siglo XX, pero la inmensa mayoría de los anarquistas españoles –y la CNT contaba con más de un millón de afiliados- tan solo deseaba una vida digna para las clases populares. En cuanto a mí, me considero un libertario a la manera de Albert Camus, de los que piensan que justicia sin libertad es tiranía y libertad sin justicia, la ley de la jungla.

 Novela negra

 Pólvora, tabaco y cuero está narrada en primera persona por Ramón Toral, delegado de Seguridad, un personaje nacido de su imaginario que recuerda a la novela negra estadounidense. ¿Cómo lo define usted?

 He intentado que Ramón Toral fuera de la estirpe de los grandes detectives del género negro, como el Philip Marlowe, de Chandler, pero con una causa. La causa de Toral es la victoria de los republicanos en la Guerra Civil. Pero él tiene una poderosa fibra moral que le dice que ningún fin, por noble que sea, justifica medios abyectos. Por ejemplo, se opone abiertamente a las ejecuciones sumarias de los quintacolumnistas.

La mezcla de personajes de ficción, como Ramón Toral o Marcela Burgos, con los reales, como Lucía Sánchez Saornil o Cipriano Mera, conforma una interesante trama. ¿Qué le llevó a no hacer algo totalmente basado en la ficción?

 En Tangerina y en Limones negros ya había integrado personajes históricos en mis tramas ficticias. Allí aparecen escritores que existieron realmente en Tánger como Chukri, Mrabet, Paul y Jane Bowles. De un lado, es apasionante resucitar literariamente a los muertos, intentar ser fiel a lo que fueron, a cómo pensaban, hablaban y se movían, pero situándolos allí donde tú quieres que estén. De otro, este truco, que no he inventado yo, le da una gran verosimilitud a tu historia.

Javier Valenzuela: "Pólvora, tabaco y cuero es una novela feminista"

Durruti y los derechos de las mujeres

Según su parecer, ¿Buenaventura Durruti, cuyo recuerdo tiene una gran fuerza en la novela, fue héroe o villano?

Un héroe, el hijo de una familia pobre que luchaba por mejorar la vida de los pobres, un obrero que se convirtió en jefe de una columna miliciana que vino a Madrid para defender la ciudad del asalto de Franco y sus aliados, Hitler y Mussolini. Si Durruti hubiera sido francés o americano, ya habrían hecho una gran película sobre él, como la que se hizo sobre Bonnie & Clyde. Juzgar sus métodos con los criterios de hoy es un anacronismo absurdo. Todo debe ser analizado en su contexto, y el de aquella época era más proclive a la violencia que ahora. Condenar a Durruti por ello sería tan absurdo como condenar a Espartaco en base a que la rebelión de los esclavos mató bastantes legionarios romanos, ¿no te parece?

 El título Pólvora, tabaco y cuero está tomado de la canción ‘Viva Durruti‘, de Loquillo, ¿verdad?

 ¡Sí! Es una canción juvenil de Loquillo que lamenta que, una vez muerto Durruti en la batalla de Madrid, ya no queda nadie de su envergadura para defender Barcelona del que va a ser el definitivo asalto franquista.

La referida maestra Marcela Burgos, militante de CNT y de Mujeres Libres, posee un gran peso en la trama, un ejemplo de defensora del feminismo en los años 30…

Pólvora, tabaco y cuero es una novela feminista. Arranca con el asesinato de una mujer y plantea sin tapujos el hecho de que mucha gente, incluso buena parte de los defensores de la República, tiene dudas sobre si vale la pena que Ramón Toral “pierda el tiempo” investigando ese asunto con la que está cayendo sobre Madrid. Pero Marcela Burgos, madre soltera, maestra y militante de Mujeres Libres, presiona a Toral para que detenga al autor de ese crimen y lo ponga a disposición de la justicia. Marcela es una adelantada de la repulsión mayoritaria que provoca hoy la violencia contra las mujeres. Pero su actitud no es inventada por mí. Era la posición de Mujeres Libres y otras pioneras del feminismo español.

¿Por qué no contó Mujeres Libres con el total apoyo del movimiento anarcosindicalista?

El argumento oficial para no apoyar a Mujeres Libres era que el feminismo podía dividir la lucha de los obreros y los campesinos, que era lo prioritario. Tras ese argumento se escondían lo que hoy llamaríamos sentimientos machistas. Aunque Bakunin hubiera escrito a favor de la plena igualdad de derechos entre hombres y mujeres, muchos ácratas de la época no lo tenían tan claro. ¡Estamos hablando de hace 80 años!

En aquellos años 1930 la consideración de la mujer en la sociedad era desalentadora. Parece increíble que en pleno siglo XXI aún estemos peleando por sus derechos y su dignidad sociales.

Es triste, sí, que todavía haya que luchar por ideas de una justicia tan elemental como que el hombre y la mujer que hacen el mismo trabajo deben cobrar el mismo salario. Es triste, sí, que siga habiendo tantos maltratadores y violadores de mujeres. Pero la buena noticia es que millones de mujeres en todo el planeta están muy movilizadas y cuentan con el pleno apoyo de no pocos hombres.

Durruti decía que “si crees que un anarquista tiene que estar metido en un bar o un café mientras su mujer trabaja, es que no has comprendido nada“. ¿Fue un adelantado a su época en la lucha de la igualdad entre hombres y mujeres?

Lo fue. Esa frase la dijo un día que unos compañeros suyos fueron a verle a su casa y se lo encontraron cuidando a su hija y fregando los platos mientras su mujer andaba fuera. Se burlaron de él y él les reprendió con la frase que has citado. Durruti pensaba lo que piensa mi imaginaria Marcela Burgos: la humanidad no puede ser mínimamente decente si condena a la mitad de ella a la discriminación, la arbitrariedad y la violencia.

Por una España unida

La Guerra Civil no es más que un botón de muestra del espíritu fratricida del español. ¿Por qué España ha tenido desde siempre una vida tan convulsa?

Ese espíritu no es el de todos los españoles, ni mucho menos. Los españoles somos mayoritariamente pacifistas, tolerantes y solidarios, pero sí es cierto que persiste cierta España minoritaria que pretende imponer a todos los demás su forma de pensar y de vivir. Son esos que se oponen al aborto o el matrimonio gay. Bueno, si no les gusta que no lo hagan, pero que no pretendan prohibírselo a los demás. Supongo que la persistencia de esa España negra viene de que nos perdiéramos la reforma protestante, el Siglo de las Luces, la Revolución Francesa, el buen viejo liberalismo inglés, la derrota de los fascismos en la Segunda Guerra Mundial, el Plan Marshall…

¿Alguna vez podremos vivir los españoles en buena armonía y cerrando heridas? ¿Qué es necesario para que ello ocurra?

Para cerrar de verdad las heridas de la Guerra Civil lo primero sería que sus familiares pudieran dar digna sepultura a los más de 100.000 republicanos fusilados por los franquistas y enterrados como perros en las cunetas, ¿no?

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