Jaume Caro Prados: “Mi novela habla de la necesidad de España de autoperdonarse”

Jaume Caro Prados: “Mi novela habla de la necesidad de España de autoperdonarse”

Su obra parte de la curiosidad, de investigar un hecho ocurrido en su familia que camina paralelamente a la propia historia de España. Un país éste víctima de una negra etapa que nunca debió existir. Lo que nos quedó por contar es un excelente trabajo realizado por Jaume Caro Prados, un catalán con raíces andaluzas que sueña con una sociedad más justa.

Jaume Caro Prados: “Mi novela habla de la necesidad de España de autoperdonarse”
Fotografía de Andrea del Zapatero

Por como ha sido  escrita Lo que nos quedó por contar, podemos decir que no es una novela al uso. ¿Cómo ha sido catalogada?

La editorial, al final, la ha catalogado en el género de ensayo. El trabajo se fue escribiendo a medida que yo investigaba sobre los hechos que ocurrieron en el pueblo de mis padres, y a medida que iba analizando la documentación que descubría. Y así se iba desarrollando la trama.

¿Cuál es el origen de tu obra?

El origen es la historia de mi bisabuelo. No es  una historia excepcional; por desgracia es una más de las muchas que hubo. Mi bisabuelo fue un sindicalista de la CNT víctima de la represión franquista. Mi abuela y mi madre contaban su historia, y yo sabía que él se escapó cuando entraron en el pueblo, en El Rubio, las fuerzas sublevadas, y que fue encarcelado cuando se acabó la guerra. Al cabo de tres años salió, enfermo, y murió al poco tiempo de ser liberado. Todo eso me causó cierta curiosidad, y basándome en el trabajo de Félix Juan Montero, quien ha hecho varias monografías sobre Alcalá de Guadaíra, Osuna y El Rubio, de las personas encarceladas, fusiladas, etc., que fueron objeto de la represión por ambos bandos, me puse a investigar y a escribir.

La historia habitualmente se cuenta de una manera sesgada, según los intereses de quienes lo hacen. Pero con documentación por delante, la cosa cambia, ¿verdad?

Claro. Una cosa es lo que va diciendo la familia y otra es tener la documentación del consejo de guerra, el expediente penitenciario… Ahí te vas dando cuenta de la gran mentira que se escribió. Una mentira que a base de decirla y repetirla se convierte en verdad. Y sorprende porque algunos familiares creen que aquello fue una guerra entre hermanos. Y quizás la Guerra Civil acabó siendo una guerra entre hermanos, pero sus inicios en Andalucía y en Extremadura distan mucho de serlo. Fue la sublevación de un ejército que fue a arrasar todo lo que pudo. En definitiva fue una guerra de clases. Del latifundismo contra los jornaleros. Al menos, en Andalucía. En Cataluña hubo otras connotaciones, pero también fue una guerra de clases, de los obreros contra la burguesía. Y a partir de ahí, la propia trama me llevó a consultar la documentación relativa, sobre todo, a las mujeres que entraron en la Prisión Provincial de Sevilla. De ahí es de donde saco más información y analizo el perfil de esas mujeres: gente de pueblo, mujeres de sindicalistas, rehenes de personas significadas de la República y otras muchas mujeres sin más que fueron represaliadas.

Lo que nos quedó por contar (Jaume Caro Prados, 2018)

La trama parte de un personaje que sufre una crisis vital y se ve inmerso en el proceso de revisión de la historia…

Así es. Es un nieto de una abuela que esconde una información que me lleva a montar una historia que es parte verídica y parte inventada, pero sustentada sobre hechos reales. Por eso, al final, ni es una novela histórica ni es una novela al uso, ni tampoco es un trabajo de investigación puro y duro. Acaba siendo un refrito que ni la propia editorial sabe cómo catalogar. Ese es el resultado.

Podría ser una historia novelada…

Sí (risas). Podría serlo. He intentado ser imparcial, independientemente de los comentarios que pueda hacer el narrador. Los hace por su indignación conforme descubre la información que le va llegando. Pero intento exponer los datos de una manera fría para que el propio lector saque sus conclusiones.

¿Qué parte del trabajo te ha gustado más?

Quizás pueda serlo una que no está reflejada en sí misma porque es un poco el making of. Se trata del contacto que he tenido con los familiares de algunas de las mujeres represaliadas. Me centré sobre todo en las maestras que estuvieron encarceladas, maestras republicanas, y reconstruir la vida de estas mujeres. Ahí hay un trabajo de investigación de saber dónde están sus descendientes. Y en algún caso me ha costado horrores dar con ellos. Los del caso más interesante estaban en México, porque se exiliaron. Es el caso de una maestra, especialmente curioso porque ella está emparentada con el propio Azaña. En la novela, ese parentesco se explica y está relacionado con la presunta homosexualidad del presidente de la República. Ese parentesco se cuenta históricamente pero no está demostrado del todo.

Jaume Caro Prados: “Mi novela habla de la necesidad de España de autoperdonarse”
Fotografía de Andrea del Zapatero

¿Cuánto tiempo te ha llevado escribir Lo que nos quedó por contar?

Dos años. Mi campo de la investigación no es la historia. Soy investigador científico. Me ha sorprendido mucho que el acceso a la información no sea inmediato, como ocurre en mi ámbito. En la historia, pasados 80 años, es muy complicado poder investigar. Sobre todo lo que está en archivos militares. Desde la burocracia, a la lentitud, la falta de ayuda para obtener la información, etc. Se convierte en una locura, porque la documentación no está digitalizada y se está pudriendo. Aunque el consejo de guerra de mi bisabuelo se conserva relativamente bien, otros muchos papeles están muy mal. Creo que a lo que se está esperando es a que se pulverice, literalmente. En cambio, otros archivos, como el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, están mucho mejor. El archivo de Salamanca está muy mal porque cuando llegó el PP dedicó cero euros a la Ley de la Memoria Histórica, y supongo que eso para los propios archiveros debe de ser frustrante, al no poder contar con medios suficientes.

¿Qué importancia tiene conocer realmente qué ocurrió en aquellos años negros de nuestro país?

Mucha. Pienso que se hicieron las cosas mal desde ambos bandos, y creo que la información hay que sacarla, exponerla y que los ciudadanos sepan qué pasó realmente. El problema es que todo esto se está tildando como de revanchismo, y no es así. Es curioso que investigando sobre las mujeres represaliadas de El Rubio me encontré con el caso de la hija de una de ella que, siendo víctima, me pidió que no saliera en el libro. Y así lo he respetado. Pero me sorprende que la represión haya trascendido a dos y tres generaciones, incluso siendo víctimas.

Leyendo tu obra vas viendo que la maldad del ser humano no tiene límites.

(Carcajada). Claro. Sí, sí… En el inicio de la Guerra Civil en la provincia de Sevilla se marcó claramente que había que instaurar el terror. Matar al 1% de la población de cada pueblo donde se entrara. Aunque en el caso de El Rubio hubo más víctimas. Era crear terror, dejar la retaguardia limpia para evitar cualquier posible revuelta ahí. La Guerra Civil Española fue la antesala de los horrores de la II Guerra Mundial. Los que nacimos antes de la Transición creemos que esta etapa habría que revisarla, porque pensamos que se hizo lo que se pudo en ese momento pero no se depuraron responsabilidades.

¿Conforme escribías la novela ibas sorprendiéndote con la información que recibías?

Sí. Yo me he centrado en la represión de género sobre la mujer y me ha sorprendido que la republicana fuese doblemente reprimida, como mujer y en la política. Eso es lo que más me ha indignado. La mujer en los años 20/30 estaba en un estado muy avanzado, y después todo se vino abajo. También me ha sorprendido la actitud de las segundas y terceras generaciones. “No removamos el pasado”, dicen. Han tenido que pasar como dos generaciones, incluso tres, para que ese miedo desaparezca y vayamos a buscar la verdad. Ha pasado tanto tiempo que mucha documentación está borrada del mapa y, lamentablemente, muchas cosas no las sabremos.

Jaume Caro Prados: “Mi novela habla de la necesidad de España de autoperdonarse”
Fotografía de Andrea del Zapatero

Además del trasfondo histórico de la novela, se desarrolla paralelamente, como ya hemos avanzado, la vida de un personaje contemporáneo que narra la trama en primera persona, de donde parte el argumento, y que vive una crisis personal tremenda.

(Risas). Quería escribir dos historias. Una relacionada con la Guerra Civil, con mi bisabuelo, y otra, más o menos, personal. He ido alternando los capítulos para enganchar al lector. Tiro para adelante y para atrás mediante una persona que busca sus orígenes para superar una crisis personal. Creo que el libro habla más del perdón, en todos los aspectos. Desde el histórico, porque pienso que España se tiene que perdonar. Pero para perdonar hay que recordar. Si no somos capaces de eso, no nos podremos perdonar. Y también desde el lado personal, desde el autoperdón.

¿A qué conclusiones te gustaría que llegara el lector con tu obra, porque así mismo en ella se trata, además de ese perdón al que aludes, de la deshumanización de las personas, del miedo a ser señalado…?

Bueno, sí. El libro toca muchas teclas. Hago una crítica de la actual sociedad. De la falta de valores, (viniendo del campo de la investigación) de lo dejada que está la inversión en I+D, de que es una lástima que teniendo a una de las mejores generaciones formadas en la Universidad estemos con trabajos precarios… El país está dejando irse a profesionales de todos los ámbitos hacia el extranjero, o están trabajando mal aquí… Hay una crítica profunda de todo. Al menos lo he intentado. Y hablo del éxodo que supuso, como ocurriera con mi familia, del sur al norte. De los descendientes que hemos nacido en Cataluña y de esa separación de mil kilómetros que hay entre mi ciudad y Sevilla, que han separado familias. Es esa añoranza de los abuelos que se han quedado aquí, de los que no has podido disfrutar, de esa tierra andaluza que es tu origen, de criarte en otra tierra, y de poder enriquecerte con las dos culturas.

Fotografía de portada de Andrea del Zapatero.

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