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Emilio Ortiz: “Mi mejor regalo es que los lectores hayan hecho suyo el libro, lo hayan hecho crecer, y me hayan hecho crecer a mí como escritor”

Hablamos de una de las grandes y positivas sensaciones editoriales del presente 2017, aunque fue publicada a finales del pasado 2016. La novela de Emilio Ortiz Pulido, A través de mis pequeños ojos (Duomo Ediciones), ha obtenido un gran respaldo por parte de los lectores. No en vano son siete las ediciones que ya se han hecho de la historia conjunta de Cross, un perro guía que nos muestra el valor de los principios de la lealtad y el compañerismo, y su amo Mario, un joven ciego que busca un lugar en la sociedad a través de su esfuerzo y de la confianza en sí mismo. Tierna en ocasiones, reivindicativa en otras, alegre a la vez que triste cuando la situación obliga, la obra de este baracaldés (7-9-1974), afincado en Albacete, ha sido una agradable sorpresa que hay que disfrutar.

a través de mis pequeños ojos

Antes que nada me gustaría darte la enhorabuena porque A través de mis pequeños ojos va ya por la séptima edición, y por haber escrito algo tan necesario en una sociedad tan crispada como ésta en la que vivimos.

Gracias. Quizás esta no era una de las pretensiones principales del libro, pero al final sí es una de las cosas que se han conseguido o, incluso, han descubierto los lectores. Para hablar de una manera crítica sobre el estilo de vida del ser humano necesitábamos un narrador externo, objetivo, y sólo podría ser alguien de fuera de nuestra especie. O bien un perro, por ser el animal más conocido, o un extraterrestre (carcajadas). Y al final se me ocurrió un perro, y al ser yo usuario de un perro guía, aproveché esta ventaja.

¿Quién es Cross desde el punto de vista del autor del libro?

Es un ser, como casi la totalidad de los perros, inocente, pero con mucha sagacidad, intuición e inteligencia. Hay cuestiones en los perros a las que aún no les hemos encontrado la explicación científica, y en este sentido, Cross es muy pausado, tranquilo, que ve a la sociedad desde un punto de vista muy especial, y que a la vez tiene un buen sentido del humor. Si un perro pudiera hablar sería un cachondo mental (risas), porque son como chiquillos. Por eso, los perros y los niños se llevan tan bien, porque conjugan muy bien esa inteligencia natural con la espontaneidad. Se dice que los críos siempre dicen la verdad y los perros se asemejan mucho a esa forma de ser.

¿Los perros se comportan según son sus amos?

Sí. Se suele decir que el perro se parece al amo (pausa). Lo que ocurre es que yo no sé quién elige a quién, pero con el día a día acaban pareciéndose. En mi caso, que soy usuario de perro guía, la simbiosis entre nosotros es total. Ya no es que nos podamos parecer uno a otro, sino la comunicación que existe. Yo sé cuándo mi perro (Spock) está mal sin que me haga ningún gesto, simplemente con su actitud. El otro día, por ejemplo, estaba en un centro comercial, y me pareció que tenía ganas de hacer pis y, efectivamente, quería hacerlo. Dejé de hacer las gestiones que estaba haciendo, salí a la calle, y así fue, lo hizo. Y a él le pasa igual conmigo. Cuando yo no me encuentro bien, ya lo puedo disimular lo mejor posible ante los seres humanos, que ante él no puede ser, porque me capta inmediatamente. Si estoy nervioso, él se pone nervioso; si estoy tranquilo, él lo está; si estoy contento, él está contento… Y así, el perro y el amo terminan, no siendo iguales, sino uno solo.

Por el título del libro, A través de mis pequeños ojos, y también por el argumento, se sabe que hay un protagonista, Cross. Pero el personaje de Mario tiene vida propia, posee mucha fuerza, ¿cómo lo ves?

Sí, el narrador es Cross, y quizás sea también el protagonista, pero en la historia hay otra vía que es Mario. Claro, como están siempre juntos, la vida de ambos discurre paralela y se convierte en un hilo único. Y el personaje de Mario también está muy marcado. He leído comentarios que dicen que la novela está basada en hechos reales, y sí, puede ser que ocurra eso, porque en ella se podría ver reflejado cualquier chaval de su edad, de 22 años hasta 30, más o menos, que es cuando se narra la historia de Mario, en un contexto de crisis económica, social… y con el añadido de que él tiene una discapacidad. Entonces, su personalidad es como la de Cross, la de un ser tranquilo, pausado, pero que no entiende de barreras. Es una persona muy luchadora, desde que sale de la universidad hasta que entra en la vida laboral, crece en el plano sentimental… Tiene la barrera de ser ciego, pero para él no es un obstáculo. No sólo lucha como uno más, sino que lo hace mejor que muchos que no tienen sus mismas convicciones.

¿Crees que en la sociedad existe mucho desconocimiento sobre el mundo de la discapacidad?

Muchísimo, pero desde muchos ámbitos, desde las empresas, las instituciones… desde la misma política… no sé. De eso también hablo en el libro. Es una crítica a la falta de integración social y al desconocimiento que existe, como bien dices, sobre la discapacidad. Ya no sólo es el desconocimiento que muchos empresarios tienen sobre las ayudas que pueden recibir si contratan a una persona con discapacidad, sino sobre el verdadero rendimiento que puede ofrecer y la sensibilidad que podría aportar al mundo de la empresa y de la creatividad. Si vieran el potencial que puede tener una persona con discapacidad, la integración laboral, social, etc., sería  otra muy distinta. Entonces, claro, si mi libro ha conseguido contar una historia muy realista que ponga en conocimiento muchas cosas, me alegro un montón. No sé si eso servirá para cambiar algo, ojalá, no tengo tanta pretensión, pero sí me gustaría que sirviera para eso. He recibido muchísimas cartas de gente que se siente identificada, sobre todo de familiares de personas con discapacidad. Incluso hay otras personas que no tienen nada que ver con nuestro mundo y han descubierto cosas que desconocían.  Hay quien me dice a veces: “pues es que yo me cruzo con alguien que va en silla de ruedas, con un bastón o una muleta, o es sorda, y no sé cómo reaccionar”. En el libro lo dejo caer: “pregunta siempre, que si la persona es mínimamente educada te va a decir que no necesita ayuda. En preguntar está la clave”. Tampoco es cuestión de atosigar (risas), porque si un ciego no quiere que le ayudes a cruzar la calle, igual le puedes perjudicar porque le estés dando una ayuda errónea.

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Fotografía de Nani Gutiérrez – El País Semanal

Entiendo que Mario se rebela ante la falta de empatía que a veces existe por parte de la sociedad en general (el encuentro con el director del banco me parece genial), pero también por el exceso de protección. En el punto medio está la solución. ¿Qué piensas sobre esta apreciación?

Su familia no es especialmente proteccionista… pero porque él no se deja (carcajada); él no se deja… Las personas con discapacidad tenemos que romper en ese sentido. Nuestros padres tienden a protegernos. Es normal. Es un instinto natural. No pasa nada. Detrás de eso hay un gran espíritu de cariño, de bondad, de nuestros familiares y amigos hacia nosotros, pero a veces esa excesiva ayuda puede ser el freno para desarrollarse una persona con discapacidad. Es más duro romper un vínculo bueno que uno malo. Lo sabemos. Pero hay que hacerlo. Y Mario ante eso actúa de un modo muy independiente, sabiendo que sus padres le pueden ayudar, pero siendo consciente de que ha de proteger su autonomía personal.

¿Esta novela la podría haber escrito de igual manera una persona que no fuese ciega?

Lo vería muy difícil. Hay escritores que tienen una intuición tremenda y una inteligencia instintiva casi como la que hablamos de los perros, pero sería muy complicado. A los ciegos es difícil conocernos de verdad. Mi hija y mi pareja no son ciegas, y a veces me siento incomprendido.  No lo veo imposible porque hay escritores muy buenos, pero lo tendrían muy complejo.

Otra de las muchas cosas para las que ha servido A través de mis pequeños ojos es para acercarles a muchas personas el excelente trabajo que se hace en la Fundación ONCE del Perro Guía, ¿verdad?

Sí, claro. Es una labor importantísima, tanto a través de los convenios que tiene con Estados Unidos como en su trabajo diario en la escuela. Es tremenda, y ojalá dure mucho. Me alegra también mucho que mi libro haya servido para eso. Y para que en la sociedad se conozca más sobre el perro guía. Y aunque existen leyes que nos dan garantías en cuanto al acceso a establecimientos y los derechos sobre su uso, hay aún cierto desconocimiento en la sociedad en general. Si mi libro ha aportado un granito de arena, me alegro. Somos muchos los usuarios de perros guía que tenemos a diario dificultades para el acceso a ciertos lugares. Hay que dejar bien claro que para nosotros, nuestro perro guía, aparte de ser nuestro amigo, es nuestro compañero, alguien muy necesario; al igual que él nos necesita a nosotros. Eso tiene que entenderlo la gente… y aunque no lo entienda, da igual, porque su uso está protegido por ley. Y la ley está para cumplirla. Al margen de todo esto, como tú me dices, la labor de la Fundación del Perro Guía es importantísima. En otros países no existe y esa carencia se nota. Algunos usuarios hemos ido a Estados Unidos, no porque no podamos ser atendidos aquí, sino porque la ONCE tiene convenios con estas instituciones, algo que no ocurre en otros países.

Incluso muchos lectores han conocido que cuando un perro guía va por la calle está `trabajando´, y que, además, tiene su jubilación llegado el momento…

Exactamente. Muchos me preguntan:” ¿y luego con el perro qué se hace?” Pues como con un perro más (risas). A mi perro le quiero dar la mejor de las jubilaciones. Me lo quiero quedar.  Y cuando tenga otro tendrá una vida cómoda, como cualquier otro jubilado humano. Espero que el libro también haya servido para dar a conocer cómo es la vida de un perro guía. Desde que nace, está en la escuela, pasa a su usuario, se jubila… Y, sobre todo, cómo es su día a día.

Hay una frase que repite Cross en varias ocasiones, que me parece estupenda: “el café huele a hogar pero sabe a rayos”. ¿Cómo surgió esta idea?

Esa frase me salió espontáneamente, pero parece que a la gente le ha gustado, porque me la recuerda muchas veces, la pone en sus redes sociales… Ha gustado mucho, pero creo que es porque resume muy bien cómo es el espíritu de los perros y, en concreto, de los golden retriever, que son muy traviesos. Creo que mi perro nunca se ha tirado hacia un café. Pero sí lo ha hecho contra otros alimentos. Después se ha arrepentido, como diciendo, “uy, pero si esto no está tan bueno como yo creía”. Son como los chiquillos (carcajada). Los perros siempre están olfateando, pero creo que si se acercara algún día a una taza de café, no le gustaría ese sabor. Y esa frase puede ser que resuma el espíritu curioso y hogareño de los perros, y la capacidad de sorpresa que tienen.

A través de mis pequeños ojos destaca por su realismo, tanto para los momentos de felicidad como para los de tristeza. Y ello permite enganchar al lector para que viva en primera persona lo que está leyendo. Esto es inherente a cualquier manifestación artística, y la literatura no lo es menos. ¿Qué importancia tiene llegar al corazón de la gente cuando se crea arte?

Mucha. Los libros están para sentir. Si después de leer un libro te quedas como estabas antes de hacerlo, malo. Hay quien me echa en cara que a veces lo ha pasado mal (risas). Pero, claro, esa es la realidad. Si cuento la historia de un perro y la termino a los seis años, que es cuando se sube a un tren para ver a la familia, el libro se queda en nada. Hay que despertar emociones.

A veces ocurre que lo que un artista intenta plasmar en su obra no es lo que el público entiende, y viceversa. ¿Ha habido  muchas coincidencias entre lo que has querido transmitir y lo que hemos interpretado los lectores, o te has llevado alguna sorpresa?

Sí. Lo que pasa es que ese es un arma de doble filo. Si quiero crear una cosa y me quedo sólo con lo que transmito, y va sólo en una dirección, se queda como muy soso. Lo mejor de este libro para mí es que los mismos lectores lo han hecho crecer. Y eso es muy bueno. Hacen que el libro sea materia viva. Y, como digo, esto ha hecho crecer al libro y a mí como escritor. Que me digan que el libro les ha servido para esto o aquello, o que han visto cosas que yo mismo no he visto, es estupendo. Ha habido cosas que los mismos lectores me las han descubierto, como lo que me decías antes, que puede ser un alegato hacia la integración de las personas con discapacidad. Esa no era mi intención, y en ese sentido estoy muy contento. No solamente he podido transmitir lo que quería, sino lo que yo no me había planteado; y los lectores me lo han devuelto. Ese ha sido un regalo para mí, que los lectores hayan hecho suyo el libro, lo hayan hecho crecer, y me hayan hecho crecer a mí también como escritor.

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