Cecilia Rodríguez: “El oficio de escribir me da ganas de vivir, tan necesario como el aire o el agua”

Cecilia Rodríguez: “El oficio de escribir me da ganas de vivir, tan necesario como el aire o el agua”

A iniciativa de la editorial rosarina El Salmón, dirigida por Rocío Muñoz y Beto Steinmann, Cecilia Rodríguez ha publicado El Triángulo, una apasionante historia que supone su debut como escritora. El pasado 21 de abril, como ya informara Gatrópolis, fue presentada esta obra en Argentina. Próximamente llegará a España.

Cecilia Rodríguez debuta con la novela corta ‘El Triángulo’

El Triángulo es tu primera publicación editorial, ¿cómo se vive la experiencia de estrenarte como escritora?

Todavía es algo muy reciente para mí. Por ahora diría que lo vivo con una mezcla rara de alegría e incertidumbre.

El Salmón es la editorial que ha publicado tu novela, ¿cómo ha sido el proceso hasta llegar a las librerías?

Trabajar con Rocío Muñoz Vergara, con el Beto Steinmann y con el proyecto editorial que ellos han lanzado es muy satisfactorio. Son personas que tienen un respeto enorme por la creación artística y están haciendo algo muy revolucionario con esto de editar los libros en tres formatos: tinta, audio y braille. A Rocío la conozco desde hace tres años cuando comencé a participar de uno de los talleres literarios que ella organiza en Rosario, allí forjé amistad con ella y otras escritoras y de esas sesiones de taller fue surgiendo la novela, como una novela por entregas. Así que todo el trabajo de un año que llevó escribirla y editarla fue realmente un trabajo rodeado de amistades y de personas muy valiosas que fueron dejando sus marcas e influencias en el texto. Finalmente ese trabajo tenemos el honor de que haya sido leído por Gabriela Cabezón Cámara, que hizo la contratapa y nos dio una gran alegría con la lectura que hizo. Cuando hacíamos las últimas correcciones con Rocío teníamos muchos nervios de qué iba a pasar cuando alguien la leyera por primera vez “desde afuera” y tuvimos la fortuna de que esa primera lectora fuera Gabriela.

El Triángulo es una novela corta. ¿Por qué has elegido esta opción?

En realidad, el proyecto original era hacer un relato, pero se fue extendiendo y terminó por ser novela. Es algo que surgió del texto mismo. Como que los personajes pedían una mayor extensión, pero tampoco tanta como para que no pudiera ser leído con cierta dinámica. Es una prosa más bien rápida.

El sábado 21 de abril fue presentada tu obra. ¿Cómo ha sido la acogida del público?

En la presentación se trasmitió un poco el clima general de la novela y se leyeron o interpretaron algunas partes del texto.  La respuesta de los que participaron y las primeras opiniones que llegan son por ahora buenas. Pero el libro recién sale, habrá que esperar un poco más para ver cómo es leído. La última palabra la tienen los lectores.

Cecilia Rodríguez: “El oficio de escribir me da ganas de vivir, tan necesario como el aire o el agua”
Fotografía de Evangelina Ochoa

Malena es el nombre de la protagonista. Imagino que su elección no ha sido cosa del azar, ¿verdad?

Lo que quería era que los nombres de los tres personajes centrales empezaran con M porque es una letra que, en tanto garabato, tiene tres triángulos y en tanto sonido invoca al placer y al disfrute: mmmmm. En ese marco surge enseguida el nombre Malena que tiene todo eso del tango por detrás. Hay un poco una intención de hacer una Malena que ya no cante el tango como ninguna.

La historia cuenta la relación, un triángulo amoroso, que viven dos hombres y una mujer. ¿Cómo está la sociedad argentina para digerir una novela como El Triángulo?

Dudo mucho de que exista una sola sociedad argentina. Tampoco sé si es interesante que la literatura apueste a la digestión. La literatura que más me gusta suele ser poco digerible. Pienso en Osvaldo Lamborghini, que está citado en El Triángulo como forma de agradecimiento y homenaje que seguramente no sea el que él merece. Pienso en Kafka y uno de los relatos que más me indigestó: la colonia penitenciaria. Pienso en el terror que me causó leer el almohadón de plumas de Quiroga y más bien asocio la buena literatura con la indigestión. Con esto no quiere decir que yo vaya a indigestar a nadie con lo que escribo, ojalá tuviera ese poder.

Me da la impresión de que Malena es una mujer infeliz porque se siente atrapada por su pasado y que aún no ha encontrado su lugar en la vida. Pero ¿podrías hacer una breve descripción desde el punto de vista de la autora de los tres personajes principales: Malena, Manolo y Martín Ayala?

Me parece que al estar la historia narrada desde el punto de vista de los personajes eso habilita a que los lectores los hagan suyos e interpreten de distinto modo cómo son y cómo piensan. Lo que sí creo que hay es que son personajes que viven en contradicción permanente. Manolo duda todo el tiempo acerca de su identidad y su sexualidad, se va corriendo de una identidad a la otra y más bien vive en los bordes de las identidades. Malena es mujer no tanto porque ella se identifique así sino por cómo la ven los otros, por ejemplo, sus compañeros de trabajo. Hay una escena donde a ella le viene la regla en el trabajo, sangra sobre un colchón del depósito (ella trabaja en una colchonería) y todas las cosas que suceden a raíz de eso, las reacciones que eso suscita, la ubican a ella en el género mujer. Pero luego en su sexualidad, en su deseo, Malena tiene una búsqueda que trasciende el género mujer. Más bien ella juega a no ser mujer y le atrae algo de eso. Ayala por su parte tiene que cumplir el rol del macho violento: su poder, su sustento, su vida entera depende de ello. Sin embargo, en la sexualidad asume otras facetas y Ayala vive un poco en esa contradicción permanente. Es decir que nunca queda muy en claro qué identidad tienen, cómo se reconocen a sí mismos y cómo se relatan a sí mismos. Eso me parece interesante porque cada lector tiene que llenar esas incertidumbres como más le plazca.

Cecilia Rodríguez: “El oficio de escribir me da ganas de vivir, tan necesario como el aire o el agua”
Fotografía de Evangelina Ochoa

¿La relación entre los protagonistas podría nadar entre el amor y el odio, ni contigo ni sin ti?

Puede ser, también depende de cómo incline la balanza el lector, si para un lado o para el otro. Muchas escenas tratan de presentarse de forma ambigua, plantean más preguntas que respuestas, plantean reacciones de los personajes que no terminan de ser claras. Por ejemplo, en un momento Manolo se pregunta si algo que hizo sexualmente fue una violación o no. Y Manolo duda acerca de eso. Da una respuesta en última instancia, pero no termina de ser convincente, porque responde luego de haber dudado muchísimo. Todas esas vacilaciones del personaje e incluso la existencia de la pregunta misma, hacen que el lector no tenga porqué creer en la palabra del que narra los hechos. Esas cosas son las que ocurren cuando la narración se hace desde el punto de vista de los personajes mismos, no hay ninguna voz autorizada que diga si tal cosa es amor, odio o ninguna de las dos, es el lector el que tiene que decidir.

“El problema para Manolo es que desde hace muchos años se viene refugiando en una falsa heterosexualidad…” Es la descripción de muchas personas que han tenido que vivir, y de otras muchas que siguen viviendo, sin libertad sexual, ¿verdad?

Sí, indudablemente. Pero creo que el problema trasciende a las sexualidades disidentes con respecto a la heteronorma. Me parece que todos o una gran mayoría de las personas vivimos sin libertad sexual, aunque nuestras identidades no sean perseguidas, aunque nuestro género no sea oprimido. Quiero decir que la persona que se identifica como hombre heterosexual pero a la vez tiene que trabajar 8, 12 o más horas para subsistir, en trabajos insalubres y opresivos, y que luego sale y vive una vida precaria, posiblemente tampoco pueda disfrutar libremente de su sexualidad, del mismo modo que no puede disfrutar del arte, de la cultura, de estudiar. La gran mayoría de las personas, sean heteros, gays, trans, mujeres u hombres, tienen que trabajar como mulas de carga para que se enriquezcan otras pocas personas y eso solo si tienen la “suerte” de tener trabajo y no estar de paro. En ese esquema hay quienes se llevan, por supuesto, la peor parte: las mujeres que son la mayoría de los desocupados y precarios y que inflan los números de femicidios y muertes por abortos clandestinos; las personas trans que tienen un promedio de vida muy bajo porque no existe salida laboral ni salud integral para ellas. Pero eso no implica que otros que no están tan mal sean libres, tanto en términos de sexualidad como en términos sociales. Entiendo que para la gran mayoría de las personas está más bien restringida la posibilidad de disfrutar libremente de la sexualidad y el gran problema es que algunos no se reconocen como oprimidos solo porque tienen un ínfimo privilegio de ser hombre o vivir la sexualidad en términos heterosexuales. Un privilegio absurdo porque no garantiza casi nada, ni la comida en el plato, mucho menos el disfrute sexual. Entonces, para mí, sería hora de trascender esa división que tenemos entre diferentes grupos de identidades, en diferentes ghetos, en diferentes movimientos, sería hora de reconocernos como iguales en esto de sufrir la opresión y que apuntemos los cañones contra ciertos poderes económicos y políticos que imponen a las mayorías vivir miserablemente y sin libertades elementales.

Rosario es el lugar donde se desarrolla la historia. ¿Qué supone para una rosarina ambientar su novela en su ciudad?

Surgió naturalmente al escribir, porque es la ciudad en la que viví los primeros 32 años de vida. Además en varios capítulos hay un cierto diálogo con la crónica o la aguafuerte. Por ejemplo, se relata que los personajes van a una obra de teatro que realmente aconteció en la ciudad de Rosario, o se cuenta lo que dicen las tapas de los diarios determinado día de 2017. Es decir que desde la ficción se hace referencia a determinados sucesos reales, y eso también incluye ambientar la historia en una ciudad real, con paisajes reales.

El Triángulo ha sido publicado, gracias a la plausible iniciativa de El Salmón, en formato tinta, braille y audio. ¿Qué valoración haces al respecto?

Me parece algo muy novedoso y revolucionario. Implica cuestionar la hegemonía de la visión -que es terrible porque no se da solo en la literatura sino en cómo se planifican y construyen las ciudades, donde se prioriza siempre el sentido de la vista sobre los otros-. Es una forma de vivir muy miserable porque el sentido del oído, del tacto, del gusto, quedan discriminados. Es como que no utilizamos toda la capacidad instalada en nuestro cuerpo. Me parece muy valioso el trabajo de la editorial en este sentido porque no lo plantea como un problema de inclusión para personas con discapacidad, lo plantea como un problema general. Escuchar un libro en audio, leído por el autor o por quien sea que le ponga un poco de arte al asunto de leer en voz alta, es una experiencia maravillosa que no nos ofrecen muy seguido. El braille es otra forma de leer muy interesante, que sin dudas sería muy útil no solo para alguien que no ve sino para alguien que ve poco o para quien quiera simplemente descansar la vista y leer en la oscuridad. Pero no nos enseñan a leer de ese modo y no hay muchas oportunidades de aprender porque en ciudades como Rosario o Buenos Aires literalmente no se consiguen libros en braille salvo en alguna biblioteca especializada.

¿Qué esperas conseguir con esta primera novela, en lo profesional y en lo personal?

No estoy muy segura. Lo único que espero es poder seguir dedicándome a este oficio que me da ganas de vivir y me parece tan necesario como el aire o el agua.

Fotografía de portada de Evangelina Ochoa.

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