Andrés González-Barba: “Me gusta llegar al lector con historias que le conmuevan, que le hagan pensar”

Andrés González-Barba: “Me gusta llegar al lector con historias que le conmuevan, que le hagan pensar”

El enigma Murillo es una de las últimas obras de Andrés González-Barba, un inquieto escritor que convive con su pasión por la escritura desde que era un niño. La novela habita entre la realidad y la ficción. Con su hábil narrativa nos trae su visión personal del saqueo que de los cuadros de Bartolomé Esteban Murillo llevó a cabo el mariscal Soult bajo el amparo de las tropas francesas que entraron en Sevilla. Hablamos de un libro que ofrece grandes momentos de lectura.

El enigma Murillo (Andrés González-Barba, 2017)

El enigma Murillo es una novela histórica publicada a comienzos de 2017, ¿qué te impulsó a escribir algo relacionado con el pintor sevillano?

Tenía en mi mente desarrollar una historia inspirada en la época napoleónica, de principios de 1810, cuando llegaban las tropas de José Bonaparte. Ese era el germen, y a partir de ahí yo quería darle una vuelta de tuerca. Y darle ese cierto toque de novela gótica o de misterio. Fue ahí cuando se me ocurrió escribir una historia de fantasmas ambientada en esa Sevilla tan desconocida. Sabemos que los franceses se llevaron 999 obras de arte de aquí, entre ellas por supuesto las de Murillo. También me gustaba la idea de mezclar personajes reales con ficticios.

¿Y por qué eliges la figura de Murillo como fondo de la historia, un personaje actualmente tan presente en Sevilla con motivo del IV centenario de su nacimiento?

Lo de Murillo fue un poco anecdótico. Encajaba muy bien para la idea de la novela, sobre todo por el mariscal Soult, que era un apasionado de su obra. Entonces se me ocurrió la idea de poner un cuadro ficticio, un cuadro de juventud, desconocido. Y a partir de ahí fabulé con la idea. Lo que cuento del marchante de arte es cierto, llegó a Sevilla meses antes de la invasión, buscando distintas pinturas. Y Murillo era un artista que estaba muy de moda en aquel momento y durante todo el siglo XIX. Es un mcguffin, como diría Hitchcock. Es un elemento secundario, está ahí presente. Pero me gustaba la idea de que estuviera como flotando en el ambiente. Y sobre todo lo pensé por lo que significaba el cuadro, de que había pertenecido a una familia… Y a partir de ahí quería fabular con una trama sobre ese cuadro.

El libro ofrece una retrato de cómo era la Sevilla del XIX, ocupada por los franceses, ¿cómo ha sido el proceso de documentación? ¿qué guía has tenido?

Me sirvió mucho la ayuda de un historiador que me dio clases en Periodismo, Manuel Moreno Alonso. Él es un sabio, porque lo sabe prácticamente todo sobre esa época de la guerra de la Independencia, ha estudiado a muchos personajes. Entre los libros que investigué había uno que se llama Sevilla napoleónica (Manuel Moreno Alonso, 2011), donde te habla de la idiosincrasia de esa Sevilla de 1810. También descubrí, que no lo sabía, que en el Alcázar en el año anterior había estado la Junta Central Suprema. Me llamó mucho la atención cómo la ciudad había cambiado de ser una raíz del liberalismo, en pocos meses, a rendirse y dejar que los franceses entraran en la ciudad. Me llamó mucho la atención esa sumisión que tuvimos los sevillanos, al contrario que otras ciudades como Zaragoza. De hecho, aquí había armamento para haberse podido defender, pero para nada lo hizo. He intentado reflejar la mentalidad de los sevillanos de ese momento. También lo he hecho a través de los ojos de Sebastien Blaze de Bury, del que también me leí sus memorias. Porque es cierto que él estuvo aquí, escribió el libro, Memorias de un boticario, que fue un bestseller en la Francia de la época. Quería dar una visión desde los propios sevillanos y desde los franceses. Ellos llegaron con la idea de reformar muchas cosas.

Andrés González-Barba: “Me gusta llegar al lector con historias que le conmuevan, que le hagan pensar”
Fotografía de Andrea del Zapatero

Eso se refleja bastante en el propio Soult, en el libro hablas mucho de eso, de que ellos han llegado para cambiar cosas y que daba igual la opinión de los sevillanos…

Porque Sevilla por aquel entonces era una ciudad que tenía muchas trazas medievales, se conservaba la antigua muralla, era una ciudad insalubre, no había condiciones de higiene, las calles estaban sucias… Entonces ahí entran los franceses; en ese sentido hay que romper una lanza a favor de José Bonaparte, porque era un hombre muy ilustrado, amigo de los enciclopedistas… Él quería esas ideas ilustradas para Sevilla. Quería ensanchar las calles y las plazas, porque Sevilla era una ciudad muy laberíntica. Los franceses tenían esas ideas, pero, claro, chocaban con las intenciones del mariscal Soult, que quería romper con todo, ser un poco depredador del arte de la ciudad y llevarse lo que pudiera.

Se habla mucho de cómo es el sevillano de la época y de cómo lo ven los franceses. Se dice que no opuso resistencia ante la invasión, que era muy sumiso, que no sabía valorar el patrimonio que tenía, ¿compartes esta visión en cierto modo? ¿ha cambiado el sevillano o en su esencia sigue siendo igual?

Nosotros hemos pasado por otros momentos parecidos, como en la Guerra Civil, que también se rindió a las tropas nacionales. Creo, o por lo menos por lo que hemos visto, que la ciudad ha perdido muchas veces la oportunidad de dar otro salto cualitativo. Nos pasó también con la Expo ‘92, que de haber sido una ciudad puntera pasamos a una en la que se han dejado muchas cosas sin hacer. No digo que todo haya sido malo, pero pienso que en el sentimiento del sevillano tenemos esa idea. Hay otras ciudades como Málaga, con el tema de los museos. Incluso se llevó el museo Thyssen allí. Y yo quería reflejar un poco eso, que es una ciudad que ha perdido muchas oportunidades. Pasó de la gran ciudad del Siglo de Oro en el siglo XVI, a la decadencia ya en el época de Murillo en el XVII, y sobre todo en el XVIII. Y con la guerra de la Independencia se quedó en una ciudad más retrasada, y quizás los personajes franceses de jactan más de ello. Y decir “pues si ellos no aprecian sus pinturas…”. A lo mejor es un poco radical decir “me las llevo directamente”. De hecho el mariscal Soult tenía dos mansiones en Francia, y todas decoradas con pinturas sevillanas. Bien es cierto que muchos de los cuadros que se llevaron en la guerra, poco después volvieron a Sevilla, poco años después, o ya en el siglo XX, como en aquel famoso trueque de La Inmaculada de Los Venerables.

La historia que se nos presenta mezcla el relato contado por un narrador en tercera persona, con varias partes de diarios personales, ¿por qué esta organización?

Desde que escribí mi primera novela, Los diarios de Regent Streets, siempre me ha gustado jugar con las distintas voces para ver las  historias desde distintas perspectivas. Que no sea siempre un narrador omnisciente, que narre en tercera persona. Me gustaba ese desafío de plasmar la historia desde un narrador externo y a través de los testimonios de algunos personajes, a partir de sus diarios o sus cartas. Como es el caso de Cienfuegos, que es un personaje al que someto a muchos cambios por las circunstancias que le tocan vivir. O la visión que tiene Blaze de Bury; ahí mezclo su testimonio real de Memoria de un boticario, con elementos míos de invención propia. Es curioso porque meto una carta de un soldado francés que se queja de las malas condiciones, de los soldados que no tienen uniformes… Esa carta tiene prácticamente todos los elementos reales, está todo tomado de una carta real, pero le añado unas cosas de ficción obviamente. También está la carta que le escribe Soult a su esposa. Efectivamente existen cartas que él le escribió estando aquí. Me gustaba esa idea de ir introduciendo las distintas voces, porque lo veía como un desafío el conocer la historia desde distintas perspectivas.

Andrés González-Barba: “Me gusta llegar al lector con historias que le conmuevan, que le hagan pensar”
Fotografía de Andrea del Zapatero

Se pueden distinguir cinco tramas importantes dentro de El enigma Murillo, unas se entrelazan, otras son independientes. Cuando te sientas a escribir cada una de ellas, ¿qué proceso sigues? ¿han evolucionado con respecto a lo que habías pensado en un primer momento?

Tenía el esquema de una historia principal, y sobre todo alrededor de la figura de Teresa, y también la historia de Blaze de Bury. A partir de ahí sí que fui añadiendo y quitando cosas. La historia de Cienfuegos también fue evolucionando. Quizás esta novela sea en la que más he ido cambiado de todas las que he escrito. Soy un escritor al que le gusta que los personajes vayan evolucionando, y no lo dejo todo cerrado al 100%. La historia me fue llevando por unos derroteros, y ahí sí es cierto que les daba cabida a determinados pasajes que a priori yo no tenía pensado. Después, lo difícil fue ir casando unas tramas con otras, y que fuera coherente todo, no un batiburrillo.

En cuanto a los personajes distinguimos a cuatro principales (Teresa, el mariscal Soult, Alberto Cienfuegos, Sebastien Blaze), más los patriotas. Cada uno de ellos buscando un fin, y como intentando luchar contra fuerzas superiores a ellos para que reine la paz. Pero al final te das cuenta de que ninguno es un héroe, y que en cierto modo todos pierden.

Cada uno tiene su parte más oscura. El personaje de Alberto Cienfuegos por circunstancias de lo que le pasó a su familia, evoluciona muy radicalmente. He intentado que fueran ni totalmente buenos ni totalmente malos. No mostrar al mariscal Soult como si fuera un demonio, sino también mostrar su parte más humana, dotarlo de personalidad, que fuera de carne y hueso, mostrar sus temores sus dudas sobre cómo va a evolucionar la guerra. Me gustaba el hecho de retratar las dudas de los personajes, algunos son derrotistas y pesimistas, que tienen esa idea de venganza. O estos patriotas que están actuando por ese heroísmo, pero lo hacen en condiciones muy extremas. He intentado que fueran personajes creíbles, a pesar de sus virtudes o sus miserias. Mucha gente me ha dicho que su personaje favorito es el de Teresa. Me han animado incluso a escribir otra novela sobre ella. A mí me gusta mucho ese personaje, lo que ofrece. Es de mis favoritos de cuantos he creado.

La ciudad también tiene un papel muy importante en la historia, ¿ha cambiado tu visión sobre ella después del proceso de investigación y de escribir El enigma Murillo?

Esa parte del principio del siglo XIX no la conocía demasiado, por lo que me ha encantando adentrarme en la parte esa de una ciudad que había sido emblema del liberalismo con la Junta Central, que después se desplazó a Cádiz. Siempre se había tenido la idea de que ésta había sido la cuna de ese movimiento, pero como decía el profesor Moreno Alonso, Sevilla había sido la primera en ese sentido. A Sevilla la he intentado enfocar como otro personaje, pero he intentando que no fuera una visión tópica, más llena de luces. Sino una Sevilla más lúgubre, más gótica, más desconocida. Por esos escenarios nocturnos, esas grandes mansiones casi deshabitadas con fantasmas. Y creo que los fantasmas no son los propios que se le presentan a los personajes, sino los fantasmas internos de ellos, por el pasado tan tormentoso que arrastran. Un poco la paradoja que encierra la novela.

El enigma Murillo (Andrés González-Barba, 2017)

En esta novela, a priori, una novela histórica al uso, nos encontramos con que hay un aura de misterio, de sucesos extraños y paranormales, con mucho del género gótico, ¿cuáles han sido tus influencias?

Es una novela con un marco histórico, pero lo que me gustaba era que tuviera más elementos, sobre todo ese del paranormal, del terror… Soy un apasionado desde chico de todos esos temas. Siempre me ha gustado hablar con gente que ha tenido esas experiencias. También soy muy selectivo, porque hay gente que engaña con historias de estas. Pero cuando hablas con quien ha tenido experiencias reales, te das cuenta de quién dice la verdad, y te estremeces. En ese sentido investigué también bastante, oí muchas entrevistas en radio, testimonios de gente que había tenido apariciones, leí libros. Aquí en Sevilla hay un hombre que tiene un don muy parecido al del niño de El sexto sentido. Me comentó que cuando falleció la madre, entraba en una sala del tanatorio, y veía a un anciano con cara muy complaciente. Y de repente se asomaba a la ventana de la habitación y veía que ese hombre estaba en el ataúd. O también a una persona joven de unos 17 años, que decía que se aferraba a él. Porque claro, no es lo mismo un hombre que ha vivido toda su vida, que un chaval que no sabe qué es lo que tiene que hacer. Fueron historias que me fueron impactando mucho.

En un podcast escuché también la historia de una chica, que tenía el mismo don y edad que el personaje de Teresa. Mientras, la madre estaba muy preocupada, porque no quería que su hija tuviera esa vida de ver “cosas extrañas”. Su padre estaba encantado, porque el tío de la chica tenía ese don también. Y decía que su hija estaba encantada porque ayudaba a esas personas que se encontraban con la problemática de estar en el limbo. Y todo eso me inspiró mucho a la hora de crear la trama de Teresa.

Además de tu trayectoria como periodista, en 2010 debutaste como escritor con Los diarios de Regent Street, un homenaje a Conan Doyle. A esto siguieron El sueño de Titania, El último tren de la estación del norte, Las aventuras de Laura Holmes y una colección de relatos, ¿siempre había existido en ti la inquietud por escribir?

Desde pequeño me gustaba mucho. Fue curioso mi caso, como lector de historias y tal, de pequeño me fascinaba mucho el relato oral. Me regalaban casetes con cuentos o tenía discos de historias, por eso ahora soy muy aficionado a los podcasts. Siempre he sido muy imaginativo y tenía la cabeza en otro sitio. No lo puedo evitar, estoy maquinando constantemente. La primera novela que publiqué fue Los diarios de Regent Street, con el personaje de Conan Doyle. Fue un homenaje a Sherlock Holmes, que es uno de los personajes más fascinantes de la historia de la literatura. Y a partir de ahí empezó todo. He escrito de todo, desde una novela más juvenil, como El sueño de Titania, que se lo dediqué a mi hija Sofía. He escrito recientemente un cuento juvenil, Las aventuras de Laura Holmes. Es la sobrina patosa de Sherlock Holmes. Un hombre va a casa de su tío, pero como no está le encarga el caso a ella, que vive en el 221b, puerta con puerta en Baker Street. El último tren de la estación del norte es una novela negra con mezcla de terror, marca de la casa. Varios relatos como dices. Publiqué un libro todo dedicado a cuentos navideños, La noche de Lear, y otros cuentos navideños, en homenaje a Charles Dickens. Él es un maestro de la literatura de cuentos de Navidad. Y hace unos meses publiqué otra recopilación de cuentos, Las voces del mar, y otros cuentos. Quizás unos cuentos más realistas, con un toque poético. Me ha gustado probar de un lado a otro, pero siempre llegar al lector con historias que en cierto sentido lo conmovieran, que lo hicieran pensar… Y eso es lo que más orgullo me ha dado en estos ocho años que llevo publicando.

 

Fotografía de Patricia del Zapatero

¿Y en qué andas metido ahora?

Estamos con una novela en el horno, como se suele decir, que recrea un poco el mito de Dr. Jekyll y Mr Hyde. Es también un homenaje a Robert Louis Stevenson, que es otro de mis autores de cabecera. Es un escritor muy apasionante, e intento dar una visión distinta de él. Todos tenemos la visión del autor de La Isla del Tesoro o Dr. Jekyll, pero le he querido dar otra vuelta de tuerca a la novela y mostrar cosas muy desconocidas de Stevenson. Creo que a la gente le va a sorprender la historia. Estoy muy ilusionado con ella, y espero que pueda salir para el año que viene. Y con muchas historias pensando, pero esas ya para más adelante.

Para alguien que se esté iniciando en la escritura creativa, ya sea de novela, de cuentos, de guiones, etc, ¿qué consejo le darías como autor?

Ante todo le recomendaría que leyera mucho, porque es bueno tener una escuela de distintos autores que te influyan. Y a partir de ahí, sé que es difícil porque hay mucha competencia, pero intentar buscar un sello personal, algo, aunque sea un detallito, que te distinga de otros autores. Y el que lea por ejemplo El enigma Murillo, que diga: “pues este libro tiene el sello de Andrés González-Barba”. Si eso lo logro, y que los lectores puedan ver siempre elementos que me puedan separar de los demás autores… Aunque eso no quita que haya influencias de autores a los que admiro. Eso es lo que recomendaría. Pero sobre todo que tengan mucha ilusión, que sigan adelante. Creo que toda persona que tiene necesidad por contar algo, es bueno que lo saque. Además, hoy en día hay muchos talleres de escritura, muchas iniciativas para ello, pequeñas editoriales que están apostando por escritores noveles… Y gusta que no siempre se apueste por los mismos escritores, sino que se le dé lugar a gente más desconocida.

Fotografía de portada de Andrea del Zapatero.

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