Silvia Venegas: "Estaría satisfecha si la película rompe con los prejuicios y estereotipos que existen sobre los menores refugiados"

Silvia Venegas: «Estaría satisfecha si la película rompe con los prejuicios y estereotipos que existen sobre los menores refugiados»

Su cortometraje Nuestra vida como niños refugiados en Europa impacta. Es una obra que ha de servir para remover conciencias. Silvia Venegas ha puesto su corazón y su saber en un trabajo que no debe quedarse solo en las salas de cine o en los certámenes cinematográficos, donde está causando una grata impresión (los Goya le esperan). Ha de llegar a la población mundial y a quienes tienen la responsabilidad de acabar con este imperdonable desatino de la Humanidad.

Silvia Venegas ha puesto su corazón y su saber en un trabajo que no debe quedarse solo en las salas de cine o en los certámenes cinematográficos.

¿Bajo qué premisas surgió crear un cortometraje documental sobre los niños refugiados en Europa?

Nuestra vida como niños refugiados en Europa surgió después de conocer a jóvenes que habían llegado a Suecia desde diferentes países como Iraq, Afganistán, Colombia y Siria. Eso fue en 2016, cuando Europa vivía una de las mayores crisis de refugiados de su historia y la Europol cifraba en más de 10.000 menores refugiados los que habían desaparecido después de registrarse en algún país europeo. La película nace como una necesidad de contar qué estaba pasando con esas niñas y niños. 

¿Cómo ha sido el proceso de elaboración de Nuestra vida como niños refugiados en Europa?

El primer paso fue investigar y documentarme sobre la situación de los menores refugiados en Europa para desarrollar el proyecto. Antes del rodaje contacté con las organizaciones que trabajaban con menores en Atenas, Lesbos y Malmö. Esta fue la parte más difícil porque los niños están especialmente protegidos y era necesario explicar muy bien qué íbamos a hacer con ellos. La verdad es que hasta que no estuvimos en las diferentes localizaciones no nos dieron el visto bueno, y el Gobierno Griego no nos dejó filmar en ningún campamento de refugiados. 

Después del rodaje, ha sido complicado llegar a los 15 minutos de metraje, pero consideraba que así sería más accesible para el público más joven.

Silvia Venegas nos acerca al drama de los niños refugiados

La maldad no mira el carnet de identidad, ¿qué conclusiones ha extraído de esta obra que ha filmado?

Mi conclusión es que un niño refugiado, es ante todo y sobre todo, un niño. Creo que esto es muy importante para tratarles con todos los derechos que tienen por ser personas más vulnerables. 

¿Qué desea provocar con su obra en los responsables de esta catástrofe humana?

Yo estaría satisfecha si la película rompe con los prejuicios y estereotipos que existen sobre los menores refugiados. Si las personas que ven el cortometraje cambian su percepción sobre ellos, para mí eso ya sería un gran logro. Por supuesto, me gustaría que se cambiasen las políticas de acogida dándoles alternativas a estos menores que llevan tanto tiempo esperando, pero hay que ser realista, y para eso tiene que existir una demanda social. 

¿Hubo un plan programado para la selección de los niños que ofrecen sus testimonios?

No, los niños que aparecen son todos los que voluntariamente decidieron salir. En los centros de acogida donde filmamos había más menores pero no quisieron aparecer. Siempre respetamos su decisión. 

Ha declarado que «en el rodaje conocí a niños que habían vivido 20 vidas más que yo. Allí conocí a menores que lo habían perdido todo, hasta las ganas de vivir…». Resulta difícil de entender que en pleno siglo XXI aún haya que leer o escuchar declaraciones como esta, ¿cierto?

Mi reflexión sobre esto es que algo estamos haciendo muy mal para que haya menores que desconfíen de las instituciones, que tengan miedo y cansados de esperar caigan en manos de traficantes de personas o se queden sin ganas de vivir. 

Silvia Venegas ha puesto su corazón y su saber en un trabajo que no debe quedarse solo en las salas de cine o en los certámenes cinematográficos

Todos los casos deben de ser muy dolorosos, pero ¿hubo alguno que le emocionara más que los demás?

Me emocionó mucho el caso de las hermanas Arwa y Rawa, de 4 y 8 años, que habían perdido a su madre en Iraq durante un bombardeo. Las dos estaban con su padre en Atenas. Esta familia no había tenido tiempo ni de pasar el duelo por su madre porque huyeron hasta Grecia, donde seguían atrapadas más de un año después.  

Nuestra vida como niños refugiados en Europa nos trae un drama al que no se le ve solución, al menos a corto plazo. ¿Cómo vislumbra el futuro de este drama?

Creo que seguirán llegando refugiados porque los conflictos no se resuelven. Ahora está en nuestra mano decidir cómo queremos tratar a estas personas que huyen de la guerra o perseguidos por su condición sexual, género, etnia o ideas políticas. 

Nuestra vida como niños refugiados en Europa se filmó en Grecia y Suecia, el punto de partida y el origen del trayecto que recorre la mayoría de niños, ¿verdad?

Grecia es el país por donde más refugiados llegaron a Europa, sobre todo de la guerra de Siria y desde Afganistán o Irán. Yo quería centrar parte del documental en los menores que habían llegado solos. La mayoría de los menores solos que llegaban querían ir a Suecia, sólo en 2015 llegaron 35.000 menores refugiados no acompañados a Suecia. Ese mismo año España acogió a 30 niños refugiados solos.  

¿Cómo afronta la próxima edición de los Premios Goya siendo su documental uno de los aspirantes al galardón?

Estoy muy emocionada con esta nominación porque es mi primer nominación como directora. Además, es una película muy personal donde he realizado la dirección, el guion, parte de la producción y el montaje.  

Su trabajo ha pasado por diferentes eventos cinematográficos, como  el Tampere Film Festival (Finlandia), el Athens International Children’s Film Festival, el Festival de Cine de Zaragoza, el Festival de Derechos Humanos de Madrid, el Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, la Semana de Cine de Medina del Campo, el Festival Internacional de Cine de Lanzarote… ¿Hasta qué punto el cine puede remover conciencias para acabar con esta vergonzosa situación? 

Creo que el cine puede ser una herramienta de transformación social que ayude a dar a conocer situaciones como en este caso la de los menores refugiados. 

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