Enrique Lavigne: "Lo que dure la humanidad, durará el cine, y el español también"

Enrique Lavigne: “Lo que dure la humanidad, durará el cine, y el español también”

Gatrópolis tuvo la suerte el pasado 15 de febrero de charlar distendidamente con uno de los productores más prolíficos e importantes del actual cine español. Enrique Lavigne es una persona afable y muy cercana que habla con mucha pasión de aquello en lo que cree y siente, y que consigue transmitírselo a todo aquel que quiera aprender de él y su experiencia. Una experiencia muy extensa que tiene su origen a principios  de los 90, y que le ha llevado desde sus primeros trabajos en Sogecable a fundar sus propias productoras, primero Apache Films y, posteriormente, Apaches Entertaiment, junto a Belén Atienza. Entre sus títulos encontramos algunas de las películas más relevantes de nuestro país como Nadie conoce a nadie, Lo Imposible, Un monstruo viene a verme, Verónica o La llamada; junto a éxitos internacionales como 28 semanas después. Actualmente se encuentra en Sevilla grabando la nueva historia de Miguel Ángel Vivas, Tu hijo, que se encontraba en su cuarto día de rodaje cuando realizamos esta entrevista.

Enrique Lavigne: "Lo que dure la humanidad, durará el cine, y el español también"
Fotografía de Andrea del Zapatero

Lo que te trae a Sevilla es una nueva película, Tu hijo, de Miguel Ángel Vivas, que se está rodando en la ciudad, ¿qué se puede contar por el momento sobre ella?

Es la cuarta película de Vivas, y ha tenido dos experiencias internacionales. Su primera película, Secuestros, me gusta muchísimo. Y de hecho le conocí ahí, después de estar terminada, en una proyección que hicimos en mi casa, hace ya muchos años. He seguido su carrera, me interesa mucho como director, como realizador y como autor. Creo que uno de los objetivos principales, además de hacer una película juntos, que es como un viaje y siempre es bueno hacerlo con gente que conoces y de la que puedes sacar toda su potencialidad, era venir a Sevilla, que es su ciudad. Una ciudad que realmente tiene muchas cosas que contar. Muchas veces, las películas que cuentan muy bien las historias están exentas de la segunda lectura, que es la que realmente muchas veces me interesa más. Y creo que esto es lo que él está volcando ya en Tu hijo. De alguna manera, el material que estamos viendo, por un lado cuenta la historia, y por otro lado cuenta cosas de Sevilla, de su infancia, de su visión… A mí me parece tan importante la visión, como lo que se cuenta narrativamente de la historia. Y esa es la razón de venir a Sevilla con Miguel Ángel Vivas.

¿Cómo está siendo la experiencia hasta el momento?

Está siendo súper bonita. Ya sé que es una palabra que suena cursi y típica, pero… Sevilla es una ciudad que me gusta muchísimo. Vine aquí ya a principios de mi carrera para grabar Nadie conoce a nadie, con Mateo Gil, que es canario y no tiene nada que ver con Sevilla (riendo). Pero hizo una película de acción, que en ese momento en España no solíamos hacer. Una película muy contestada por determinados sectores aquí en Sevilla, pero que hizo 1.200 millones de pesetas de la época, que tuvo unas críticas increíbles. Supuso también la primera oportunidad para un director, que luego ha demostrado en películas posteriores que es un gran director. Merecía esa oportunidad, ser algo más que un guionista, que era mucho ya. Pero merecía escribir sus propios guiones y contar sus propias historias. Hizo ese western increíblemente crepuscular, que contaba las andanzas de Butch Cassidy al final de sus días. Y está a punto de estrenar una comedia que tengo muchas ganas de ver.

Pero volviendo a Vivas y a Sevilla, es una ciudad que curiosamente ha quedado muchas veces como marco turístico, y que encierra muchos misterios. Lo que ha hecho Alberto (Rodríguez), con su cine y Sevilla, me parece increíble. Soy muy fan de La isla mínima, soy muy fan de Grupo 7, sobre todo. Creo que son dos películas extraordinarias. Y pienso que ha abierto un camino para muchos directores y cineastas sevillanos. Acabo de hablar con Paco Cabezas, que también es de aquí, y tiene muchas ganas de volver a su tierra. De alguna manera todos estamos muy arraigados a nuestra infancia y de lo que es nuestro, y creo que un cineasta andaluz tiene que rodar en su tierra. Y para un productor que no es de ninguna parte, porque soy medio francés y de ningún sitio, la verdad es que para mí estar en Sevilla es una maravilla. Ayer, entre toma y toma, me escapé para comprarme por Wallapop un busto de Camarón, paseo en una especie de lanchita por el Guadalquivir… Estoy haciendo la experiencia a tope.

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Fotografía de Andrea del Zapatero

2017 se podría decir que ha sido uno de los mejores años del cine español en cuanto a calidad de sus cintas, y al que tu trabajo y el de tu productora ha contribuido mucho. Sin ir más lejos, en la pasada edición de los premios Goya, cinco de tus proyectos estuvieron nominados, sumando un total de 20 candidaturas, ¿Ayuda todo esto cuando llegan los momentos de desánimo y de no poder tirar para adelante?

No te creas que ayuda mucho. La Administración no regala nada, las televisiones tienen unos comités que toman sus propias decisiones, y rara vez están sujetas a estas cuestiones, a premios, nominaciones y demás. Además, nosotros somos una productora que seguimos las carreras de muchos directores, pero también iniciamos las carreras de otros muchos, y eso siempre está muy penalizado en España. Hemos tenido apoyo aquí en Sevilla de la Junta de Andalucía y de Canal Sur, para la película de Miguel Ángel Vivas. Pero tenemos otras muchas películas que ahora mismo están en fase de financiación, y una de las razones por las que me voy mañana a Berlín, es para financiarlas. No es nada sencillo, hoy en día te lleva como algo así como un año y medio, y eso en un proyecto es complicado, porque significa la incertidumbre de no saber si lo vas a rodar o no, y significa mucho tiempo que es para perfeccionar la película, para llevarla a un sitio más concreto. Cuanto más concreta es la visión, mejor es la película. Entonces, yo siempre intento tomarme las cosas de manera optimista, y el tiempo que necesito para financiarlas, es el tiempo que otros necesitan para crearlas. Pero respondiendo a tu pregunta, ¡No, no nos ha servido de nada! (riendo). Llevo 25 años haciendo este trabajo, y hay años malos, años peores, años en los que lo pasas francamente mal, años que no solo tienes a Hacienda sino a todo el mundo encabronado. Pero la realidad es que es un negocio muy complicado, que se agita muchas veces por las modas. Que despertarse una mañana con 20 nominaciones, es una mala resaca, y hay que quitarse de todas esas cosas, que no sirven para nada. Lo único que sirve es poder seguir empujando el cine que te gusta, el que crees que España se merece, y el que los espectadores se merecen.

A raíz de esto que comentas, viendo el cine desde fuera, uno no es tan consciente de lo que cuesta sacar adelante un proyecto como este. Y muchas veces se juzga una película o una serie muy a la ligera, sin tener en cuenta todo el trabajo que hay detrás, ¿no?

El trabajo se puede destruir en dos días, el primer fin de semana. El primer viernes en taquilla el trabajo de dos, tres, cuatro o cinco años, puede quedar totalmente disuelto. Esa es la contrapartida de este negocio, que es francamente difícil y casi caprichoso. Luego han aparecido las nuevas plataformas que dan un poco más de consistencia y de visibilidad a las películas en otras ventanas, en otros procedimientos o instrumentos técnicos. La tecnología siempre ayuda, aunque parezca enemiga, pero no lo es. Las plataformas dan más tiempo a las películas para que sean consumidas. Es curioso cómo hemos alcanzado una cifra que está bastante bien con La llamada, y cómo hemos multiplicado esa cifra en plataformas digitales. Posiblemente porque al nicho al que se dirigía La llamada, es un nicho millenial, que apenas quiere consumir este tipo de películas en cines, porque quizás quiera darle prioridad a películas de Marvel o a otros productos americanos de consumo más veloz y voraz. Y a lo mejor le da menos oportunidad al cine español, y La llamada se ha convertido en un fenómeno en todas las plataformas en las que hemos estado, Netflix incluida. Creo que la vida de la película ha ido más allá de las ocho semanas que haya podido estar en exclusividad en salas, lo cual es my positivo. Lo mismo nos ha pasado con Verónica, que además ha tenido más vida allá de sus fronteras. Ahora mismo estamos en Francia, con 150.000 espectadores que ya la han disfrutado. Hemos estado en México, en Colombia, en Argentina… Y es una película que está abriendo caminos allá donde va, porque es una película de género, pero a la misma vez es más que eso. Nos ayuda a conocer quiénes somos los españoles, cómo éramos en el año 92. Y nos ayuda a saber cosas más allá de una historia de ouija. Creo que eso es bueno, es exportar cultura. Es algo que todos deberíamos entender, el cine además de cultura, es industria. Por un lado el poder contratar a mucha gente para una película, que es mucho más de tres personas, sean del signo político que sean. En películas como Lo imposible o Un monstruo viene a verme hemos llegado a contratar a más de 500 personas, con seguridad social, IVAs… Es la industria número 2 en Estados Unidos, y todos los países lo están entendiendo. Nosotros estamos empezando a atisbar que hay una industria más allá de lo que es la cultura.

Para el público en general la figura del productor pasa un poco desapercibida. Siempre se conoce el nombre de los actores, los directores… Pero el de los productores es como un poco invisible, cuando tiene una gran importancia para que el proyecto se lleve a cabo, y quien asume muchos riesgos, ¿cómo lo percibes tú?

Sobre todo empieza con un guion. Creo que el guionista es el inicio del viaje, es como una fotografía que te lleva a un sitio exótico. Muchas veces esa fotografía la construye el productor buscando una historia, o escuchando, como en el caso de mi compañera Belén (Atienza), a Gemma Nierga en la radio, o en mi caso, en las imágenes de Cuarto Milenio buscando el Caso Vallecas. Y otras veces, como en el caso de la película de Vivas, es una charla entre dos amigos que piensan qué está sucediendo ahora mismo con un estado de alarma total, en el que los padres no sabemos qué están haciendo nuestros hijos. Y por otra parte con la sociedad que está pasada de vueltas. No todo empieza en el productor, pero sí que es un elemento sólido que da garantías y permite que el viaje se pueda hacer de verdad. Que no se pueda soñar solamente, que se pueda llegar a convertir en un viaje, no sólo para una o dos personas, sino para muchas. Eso es el viaje con el equipo, que luego llevará a muchas ventanas para que sean los espectadores los que viajen con ellos.

Enrique Lavigne: "Lo que dure la humanidad, durará el cine, y el español también"
Fotografía de Andrea del Zapatero

En 2003 fundas Apache Films, y posteriormente nace Apaches Entertaiment, ¿qué filosofía siguen cada una de ellas? ¿Qué proyectos son los que buscan?

Está todo un poco mezclado. Apache Films nace de mi necesidad de conocer cómo se hacen las películas fuera. Estuve trabajando unos 12 años en Sogecine, como director de desarrollo de proyectos y como productor ejecutivo en películas con una nueva generación, entonces, ahora es de las más importantes, los Alex de la Iglesia, Medem, Fesser, Calparsoro, Isabel Coixet y demás. Empezamos juntos, haciendo películas juntos. Ahora en Apache me he concentrado en seguir sacando nuevas vocaciones, y en hacer películas que compartían por un lado el riesgo, el riesgo por historias nuevas, y por otro el encontrar un público. Es curioso porque Apache comienza con una película que hago con Juan Cavestany, que es un cómplice con el que hemos hecho la serie Vergüenza, para Movistar. Era El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo, que es una travesura entre dos amigos detrás de la pantalla y dos amigos delante que son Santiago Segura y Javier Gutiérrez. Y años más tarde, cuando decidí en Los Ángeles que el cine y el dinero no tienen color ni bandera, decidimos un grupo de personas que estábamos compartiendo apartamento en aquel momento, fundar Apaches Entertaiment. Que coincidió con la crisis económica, y que coincidió con la necesidad de muchos realizadores y cineastas de escaparse de fuera de sus fronteras. Y para nosotros también como productores, buscar dinero más allá de nuestras fronteras, y más allá del pasillo habitual que había en España de TVE, el ICAA y poco más. De alguna manera, Belén y yo fundamos Apaches para poner en marcha proyectos tan ambiciosos, en su momento, como Lo Imposible, Open Windows, Verbo, o películas que tenían una complejidad, no solo narrativa, sino también financiera. Apaches somos Belén (Atienza) y yo a medias. Ahora mismo estamos planeando otras dos aventuras. Y con Apache, que soy yo solo, y un equipo gigantesco detrás, por supuesto, pero las decisiones últimas las determino yo, lo que hacemos es seguir de forma rigurosa el mismo ideario. Un poco libertario, como son los apaches, que es una tribu que anda errante en un territorio que les han quitado, y eso les hace ser más libres, más atrevidos, más salvajes… A veces son las características de muchas de las películas que hacemos, muy distintas entre ellas,  pero a la misma vez son origen de la autoría, que surgen de la necesidad de contar cosas que no siempre son las mismas, y siempre hay un elemento de riesgo y aventura.

Por el nombre de ambas empresas, y por lo que he leído, eres un gran aficionado del género del western, ¿cómo te ha influido este cine en tu vida? ¿se echan de menos producciones como esos clásicos?

El western para mí es muchas cosas. Primero es una imagen de infancia, de jugar con indios y vaqueros. Siempre iba con los indios, y tenía menos de vaqueros, pero los indios siempre ganaban al final. Y luego soy muy fan de western como género, y se conjugan muchas de mis pasiones, como las aventuras, los grandes espacios… Muchas cosas que luego resultarían parte de mi experiencia como cineasta, productor o lo que sea. La necesidad de hacer un viaje y que ese viaje llegue al final a un sitio que tengas la necesidad de contarlo. Es de alguna manera el viaje del cine. Siempre he querido hacer un western, ojalá lo hagamos Belén y yo. Pero vamos, me gusta el cine en general, soy muy cinéfilo. Y como todo cinéfilo soy muy solitario, me gusta consumir estas cosas entre nosotros, y luego hacer partícipes a los demás de nuestras pasiones.

Enrique Lavigne: "Lo que dure la humanidad, durará el cine, y el español también"
Fotografía de Andrea del Zapatero

Desde 1992 haciendo cine, ¿cómo ha cambiado la forma de hacer cine desde tus comienzos profesionales?

Ha cambiado todo. Ha cambiado quiénes somos nosotros, cómo lo consumimos, y por lo tanto cómo se hace. Antes las maquinarias eran súper pesadas, aunque el cine se lleva haciendo igual que hace 120 años. Pero ahora mismo la necesidad que impera es la de construir equipos ligeros, que las narrativas sean muy fluidas. La necesidad que comporta que esas películas tienen menos espacio en la postproducción, porque su finalidad es que lo consuma el mayor tipo de gente en todos los territorios. Esa es la apuesta por las plataformas digitales, que es donde todos los jóvenes consumen cine mayoritariamente. De alguna manera la experiencia nos está diciendo que hay muchas generaciones que desconocen las salas, que no es un sitio para ellos habitual, más allá de consumir un evento muy de vez en cuando. Y la necesidad de crear nuevos cinéfilos y nuevos amantes del cine está mucho más orientada en las plataformas. De ahí que hayan arrasado con la piratería, que era una lacra para todos, y era una piratería que se había descubierto que no era más que la ansiedad por ver películas que te estaban contando en otros países. Una necesidad egoísta, pero no puedes penalizarla.

¿Se encuentra el cine español actualmente en su mejor momento?

El cine en España siempre se ha dicho que era malo, eso es mentira. Ahora descubrimos a tipos como Saura, que son gigantescos. Y dentro de poco descubriremos que tipos como Eloy de la Iglesia era también gigantesco. Digamos que todo va por modas, hasta ahora parecía que solo había dos o tres directores importes. Y luego se ha descubierto por programas como el de Elena Sánchez sobre historia del cine español, porque la labor didáctica es muy importante, que en este país ha habido directores enormes, películas que no sabías ni que existían. Somos muy pocos amigos de nuestros amigos, de nuestro cine, y contrariamente como en otros territorios como Francia, Inglaterra o Italia, que son auténticos forofos de su cultural, aquí la despreciamos, nuestra cultura, nuestros directores… No sé si tiene algo que ver, creo que sí, el hecho de haberlo vinculado y mezclado con la política. La gente se siente muy molesta con eso, y fue un profundo error, pero hay que ir más allá, y creer en lo que hacemos. Porque las nuevas generaciones tienen que entender que vienen de ahí. Querer lo tuyo te va a hacer mejor, más positivo, te va a permitir construir más. Creo que eso es así.

En tu trayectoria se entremezclan las superproducciones tanto internacionales como nacionales, con otras más modestas, ¿puede que Lo imposible haya sido la más complicada y Verónica la más innovadora?

Recuerdo un año que estábamos en Toronto con Lo Imposible y con Gente en sitios, una de 30 millones de euros y otra de 10.000 euros, o incluso menos. Este año hemos estado con Oro y con Selfie, por ponerte dos ejemplos similares. No creo que haya películas complicadas. Este año hemos ganado un Goya, uno de los pocos (riendo), con Madre que se va a convertir en un largometraje. Me parece igual de difícil hacer un cortometraje que un largometraje, igual de complejo, y a lo mejor la responsabilidad no es la misma, por una cuestión puramente económica, pero la responsabilidad creativa es la misma haciendo Gente en sitios, que haciendo Lo Imposible.

Enrique Lavigne: "Lo que dure la humanidad, durará el cine, y el español también"
Fotografía de Andrea del Zapatero

Me imagino que será complicado quedarse con una, pero ¿por alguna sientes especial predilección?

Tengo dos hijos, y me es imposible decir cuál me gusta más (risas). Creo que la que más te gusta, y es un topicazo, pero es verdad, es aquella en la que estás viviendo. Ahora mismo estoy viviendo en una burbuja, y tengo que dividirme un poco, porque estamos con Paquita Salas, que es una serie. Hemos abierto una división de series que comanda Clara Nieto, y que la hemos abierto este año con el éxito de Vergüenza, ahora Paquita Salas para Netflix, y vendrán muchas más. Y también nuestro deseo es, como hemos hecho en el cine, darle calidad a la narrativa de televisión, que la tiene ya; en España es realmente potente.

Últimamente se está hablando mucho de la frontera que separa la forma de hacer cine y televisión; cada vez es más difusa, en cuanto a factura y a guiones, ¿qué opinión tienes al respecto?

Eso es una maravilla que haya sucedido. Uno de los grandes eventos del siglo XXI es como se han fundido el cine y la tele. Ahora no estás solo viendo series en pantallas grandes, sino también películas gigantes en pantallas pequeñas. A la gente le parece un anatema, a mí me parece una maravilla. El que se hayan unido unas narrativas, en algunas ocasiones con una duración de ocho horas por temporadas, y películas de hora y media, también ha hecho que se sea más preciso y se piense más, entre qué quieres contar como película, y qué quieres contar como temporada en serie. Y a la misma vez las dos son cine. ¿Qué es Twin Peaks ahora mismo? Yo no sabría decirte. Creo que es un sueño hipnótico que dura un mogollón de horas, pero es igual de potente e igual de importante que Twin Peaks: Fire Walk with Me, de David Lynch, como película. No hay una barrera que diferencia una de otra. El trabajo que ha hecho Alberto Rodríguez en La Peste es tan potente como el que ha podido hacer en Grupo 7, siendo muy minucioso en contar algo que hasta ahora nadie había contado. Lo importante es eso, esa autoría y esa visión. Me da igual que la narrativa entre cine y televisión hayan sido diferentes hasta ahora, porque ya no lo son. Se están fundiendo. Esa mutación creo que es el siglo XXI. Ya no es competencia, ¿y sabes por qué no es una competición? Porque la estás viendo al final en el mismo sitio. Eso es lo que ha marcado realmente la diferencia.

Aparte de Tu hijo, también estáis con la segunda temporada de Paquita Salas, te vas al festival de Berlín a presentar proyecto, además de todo lo realizado el año anterior, ¿es difícil descansar en esta profesión?

Este fin de semana pensaba descansar, pero nos tenemos que ir a Berlín, que hace un frío horroroso. Además este año tenemos muchas ganas, muchos retos, películas y series que queremos poner en marcha. Y eso nos obliga a atender a los festivales, porque es el sitio donde te dicen que lo que tienes en la cabeza vale o no vale nada. Donde tú confrontas los sueños con la realidad. Y donde la realidad te escupe a la cara, te dice “vale, me gusta tu sueño, pero esta fiesta la tienes que hacer por este dinero, y tienen que estar estos invitados“. Al menos es un contacto con la realidad, sobre todo hoy en día que no haces películas para ti, ni para tus amigos, ni para la gente de tu ciudad, las haces para el mundo entero, da igual el idioma en que las cuentes. Pensamos que Verónica no iba a viajar tanto como las películas que hemos hecho hasta ahora españolas en inglés, de terror. Mentira, todo lo contrario. La gente cuando asume que una película te la están contando desde la verdad, quiere ir a verla. Otra cosa efectivamente es, como en el rock and roll, que el inglés tiene mucho más ventajas y tiene menos fronteras. Pero ¡ojo! que el español está muy fuerte, y que Latinoamérica es el segundo mercado del mundo. Y ese mercado es para nosotros también. Hasta ahora pensábamos desde la soberbia española, que eso no era para nosotros, pero porque sólo queríamos el americano. Ahora hemos aprendido inglés, ¿y ahora qué? Hay muchos cineastas muy buenos que están viviendo en Estados Unidos, no sé si serán mejores. Pero sobre todo ahora sabemos que podemos contar nuestras historias en nuestro idioma. Que diga yo esto, uno de los defensores e impulsores de las películas en inglés, es como “¡oh, qué bien! He madurado“.

Enrique Lavigne: "Lo que dure la humanidad, durará el cine, y el español también"
Fotografía de Andrea del Zapatero

Tras más de una treintena de proyectos y 26 años de trayectoria profesional, ¿ha conseguido Enrique Lavigne todas sus metas?

Me veo igual que entonces. Lo de la edad me lo acabas de recordar y es una putada (risas), pero para eso tienes equipos buenísimos, gente que te acompaña y que también lo está haciendo. El 90% de personas que trabajan en Apache, que somos 9 o 10, son mujeres, y hay solamente 2 chicos. Y son todos jóvenes, soy el único mayor. Es una manera de contarte que el cine no es una persona, importa poco que yo esté o no a veces. Lo importante es el equipo. En el cine el único misterio, te lo dice mucha gente, es rodearte de la gente adecuada. Además si esa gente cree o está conectada con su gente, mejor que mejor. Es el caso de Los Javis. ¿Qué puede ir mal si estás con Los Javis? Ha costado montar la primera película, que la he montado con ellos, pero ellos están conectados, y yo ya no tanto. No sé. Ojalá que sí. No me hagas preguntas difíciles (risas).

De las películas que estrenaste el año pasado, ¿qué éxito has sentido más?

El de todas. Me parece que Selfie es una comedia política que no se había hecho hasta ahora en España. Y la ha descubierto mucha gente en plataforma. Oro siendo una película que habla de una leyenda negra, es una película valiente, lírica que se descubrirá con el tiempo. Creo que realmente tiene una utilidad. Verónica ha superado las pruebas del género y se ha convertido en algo más que eso. Lo cual siempre es algo potentísimo, porque es una película de género y algo más. La llamada es el descubrimiento de unos tipos que están aquí para quedarse, y que han sabido conectar con un profundo mensaje humanista de que todos somos distintos, y esa diferencia es importante. Ellos lo son, desde luego, como lo somos todos. Madre se va a convertir en un largometraje absolutamente increíble de Rodrigo Sorogoyen, que creo que es una de las mejores voces que tenemos en nuestro cine. Sobre todo estoy pensando en las de 2018, esto ya para mí fue una resaca del día siguiente. Es como una nebulosa.

En relación a Verónica, el peso de la película principalmente recae sobre los niños. Imagino que trabajar con ellos debe de ser algo muy sensible, ¿verdad?

Trabajar con niños es una maravilla, porque como decía Paco Plaza, “vamos a rodar como si fuera un documental de África“. Tienes que rodar sabiendo que todo lo que esté fuera de la interpretación es válido. Es una maravilla cuando sabes lo que quieres. No cuando quieres que ellos hagan lo que tú quieres, sino cuando dejas que ellos sean quienes son, que para eso los has contratado. Estoy muy en contra de esas interpretaciones infantiles que están medidas. Y es una tradición española, lo ves en el cine de Mercero, por ejemplo. Me gusta cuando se dejan a los niños sueltos, dejando que sean niños en una película. Ahí tienes maestros como Saura, Mercero, Lazaga, Berlanga o en películas como La familia y uno más… Hay una escuela española, como la italiana y francesa, de trabajar con niños.

Enrique Lavigne es una persona afable y muy cercana que habla con mucha pasión de aquello en lo que cree y siente, y que consigue transmitírselo a todo aquel que quiera aprender de él y su experiencia.
Fotografía de Andrea del Zapatero

En el caso de Verónica lo que llama la atención es lo naturales que son…

Son naturales. Recuerdo una secuencia en Lo Imposible, muy difícil, la del árbol, con un niño muy pequeñito. Y en ese niño, su naturalidad es lo que expresaba todo. Aparte de los niños súper actores que teníamos. Tom Holland, fíjate donde está ahora. Los niños actores están muy bien, pero están mejor los que no lo son.

¿Hasta qué punto ha de ser la compenetración del productor con el director y otros miembros del equipo de una película para que ésta pueda salir adelante?

Se nota mucho. Primero lo pasas mucho mejor, estando compenetrado con alguien, porque si no el viaje lo haces solo o en tu habitación. Hay productores que ni siquiera van al rodaje. A mí no me parecen mejores ni peores que los que sí van, pero me da pena por ellos, se pierden una parte importante del viaje. Los productores que no van a localizaciones, que no están en el rodaje, ni el montaje… Creo que se pierden la esencia más importante del cine. Yo incluso voy, cuando la película ya está estrenada, a la sala para ver cómo reacciona la gente, y aprendes mucho de eso. La compenetración es como un equipo, juntos se pasa mejor, pero sobre todo se llega más lejos.

¿Qué futuro le vaticinas al cine español?

Todo. Lo que dure la humanidad, durará el cine, y el español también. Creo que el cine ha pasado a globalizarse, a mí me parece que los nacionalismos no son cosa del siglo XXI. Pienso que son ecos de muchas insatisfacciones y de muchos complejos. Creo en el cine global, y creo que las historias tienen un idioma, el que tú quieras. Mientras exista el castellano, existirá el cine español, porque forma parte de nuestra cultura. Y sigo pensando, sobre todo por los nuevos cineastas que se crean muchas veces dentro del cine, en vez de crearse en la vida, pues la vida es mucho más importante que el cine. Y que las historias se tienen que sacar más de la vida que del cine. Y claro, si has vivido toda tu vida en Sevilla, no significa que no puedas contar historias de ficción deslumbrantes, pero agárrate también a lo que conocías. Puedes conocer tus personajes a partir de eso. Esa es realmente la clave, cuenta aquello que conoces. Lo decían Scorsese, Huston, que son grandes del cine. Ahora existe una especie de post-cine, como una especia de metacine que versa sobre las películas que uno ha visto, no siempre es satisfactorio eso.  No siempre funciona.

¿Y tú dónde te ves?

Yo vivo buscando bustos de Camarón por Sevilla (risas). Intento adaptarme a lo que veo y adaptarme a tope. Esa es la clave de querer hacer cosas. Si no las vives a topes no las disfrutas, y si no las disfrutas, no vives.

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