Alejandro Díaz: “Nuestra mejor recompensa es que la gente salga feliz de una sala de cine”

Alejandro Díaz: “Nuestra mejor recompensa es que la gente salga feliz de una sala de cine”

Asturiano, cinéfilo de pro, nuestro protagonista es Alejandro Díaz, el director del Festival Internacional de Cine de Gijón. Según reconoce, con su nombramiento en el pasado 2017 cumplió un gran sueño. Vive su segunda edición en el cargo y afronta el reto con la ilusión del primer día.

Alejandro Díaz: “Nuestra mejor recompensa es que la gente salga feliz de una sala de cine”

La 56 edición del Festival de Cine de Gijón echó a andar el pasado viernes. En este sentido, y aunque los balances se han de hacer al final, ¿cuáles son las primeras impresiones de su director?

Estamos muy contentos tanto con la respuesta del público como de las críticas sobre las primeras películas de competición. El público se ha estabilizado ya. El año pasado tuvimos una subida importante de asistencia y ahora vemos que ese público no fue solo por ser nuestro primer año organizando el festival, que se volcó, sino que sigue siendo fiel al evento. Por otro lado, hemos tenido presencias tan importantes como la de Juan Diego, al que le hemos dado el premio Nacho Martínez. Su carrera es impresionante tanto en cine, televisión o teatro. Ha sido una presencia maravillosa para la gala inaugural.

El FICX Industry Days es una plausible apuesta de la actual dirección del Festival Internacional de Cine de Gijón. ¿Qué nos puedes contar al respecto?

Ayer empezaron estas jornadas de industria, que es una actividad que arrancó el año pasado y es muy importante para nosotros. Son encuentros profesionales en los cuales tanto los invitados al festival como los cineastas de Asturias y de otros sitios que nos llegan puedan tener acceso a charlas, a encuentros… donde pueden hablar de sus proyectos, etc. Creemos que es muy interesante generar ese tejido de contactos entre los profesionales que vienen. A algunos festivales acuden, pasan sus películas y se van sin crear una red de contactos. Incluso estas jornadas cuentan con programadores de festivales como Locarno, Cannes, la Bienale… Es una oportunidad única. No todos los días se da la oportunidad de tener ese contacto directo.

Aparte de esta actividad sobre la industria del cine, ¿qué otras destacables nos deparará la presente edición hasta que concluya?

Del resto del festival todavía nos quedan muchas películas, muy potentes, tanto en la Sección Oficial como del resto de competiciones. Entre los pases especiales hay dos que son muy relevantes como la visita de José Luis Cuerda con Tiempo después, que es su última película, muy en la línea de Amanece que no es poco. Está haciendo un tour impresionante por toda España. Empezó en el Festival de San Sebastián y ha estado en otros más. Él es uno de los grandes y nos parece una oportunidad única de verle a él y a parte del reparto. También destacaría el pase especial de Viaje al cuarto de una madre, de Celia Rico, directora sevillana. Contaremos con su presencia y con la de Lola Dueñas. Es una de las mejores óperas primas de este año no solo del cine español sino internacional.

Alejandro Díaz es un hombre de cine. Empezó en este Festival de Gijón con unas responsabilidades distintas a la actual, la dirección, que asumió en 2017. Como asturiano, imagino que será un gran honor este reto.

Para mí es un sueño hecho realidad. Como cinéfilo empecé de manera autodidacta, conociendo a los clásicos, como Orson Wells, Hitchcock, John Ford… Y en el Festival de Gijón supe que había otro cine, el independiente, el de autor. Esto te da otra visión complementaria. El haber estado durante cinco años como programador del Festival de Cine de Sevilla, los cuales fueron maravillosos, porque considero a Sevilla como uno de mis hogares, y volver a Gijón como director de su festival de cine, que  tiene un público muy fiel, ha sido como cumplir un sueño.

Y hablamos de un evento que este año cumple 56 ediciones.

Sí. Es una historia curiosa la suya. Le pasa como a otros festivales como el de Sevilla. Este comenzó siendo un festival de cine y deporte, y se ha convertido en festival de cine europeo. El de Gijón empezó en el año 63  para la infancia y la juventud, y poco a poco se fue transformando en un festival con una sección oficial internacional de cine de autor. Siempre hemos mantenido el vínculo con los orígenes con una sección llamada Enfants Terribles, a la que este año van 15.000 alumnos de toda Asturias, León y Cantabria. De esta manera, el festival mantiene el contacto con sus orígenes. Además, tenemos un jurado joven que da uno de los premios principales. El vínculo con la juventud es uno de nuestros sellos.

Y es que el actual equipo de dirección ha optado por hacer acopio de lo bueno del festival que ya había y por ofrecer novedades, algo sumamente positivo, ¿verdad?

Sí. Para nosotros es muy importante no realizar cambios radicales salvo que sean necesarios. Siempre es problemático dar un giro absoluto. El de Gijón es un festival que lleva muchos años como referente. Pretendemos ayudar a que las películas sean conocidas por los distribuidores y eso ha ocurrido ya este año varias veces. Esto es una carrera de relevos desde el comienzo. Hay que mantener las señas de identidad del festival que funcionan e intentar sumar.

Como director de un festival de cine, ¿cuándo llega el momento de relajarse y pensar que el trabajo está cumplido?

Es bastante complicado porque también nos llevamos el trabajo a casa. La programación de un festival es como la punta de un iceberg, se ve una parte muy pequeña de lo que hemos intentado. Muchos de los ciclos que queremos hacer no salen o no pueden venir los directores que nos interesan. Lo intentamos durante meses y puede ser que no lo logremos. Somos un festival que no paga caché. La gente viene porque le apetece. Les invitamos al viaje, al alojamiento y a las comidas pero no hacemos ese pago del caché. También forma parte de nuestra filosofía porque queremos que quien venga lo haga porque quiera o le apetezca. Y es difícil descansar porque no se para nunca. Pero es una satisfacción, sobre todo cuando ves el resultado. Que la gente salga feliz de una sala es nuestra mejor recompensa.  

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