Adrián Orr: “Todas las propuestas de cine, sean verdad o no, tienen que partir de la emoción”

Adrián Orr: “Todas las propuestas de cine, sean verdad o no, tienen que partir de la emoción”

Adrián Orr llegó al cine por casualidad, dejando a un lado una de sus pasiones, la música. Desde 2006 ha enlazado un proyecto tras otro, creciendo como profesional en la complicada industria cinematográfica desde distintas facetas, como realizador, ayudante de dirección o director de fotografía, entre otras. Su trabajo junto a directores como Alberto Rodríguez o Javier Fesser le ha servido como un aprendizaje continuo que ahora vuelca en su primer largometraje, Niñato. Una cinta que le ha llevado más de cinco años de su vida y que ahora comparte con el público. Está a medio camino entre el documental y la ficción, y viene de ser mutipremiada en festivales como el de Cine Europeo de Sevilla, en BAFICI o en Visions du rée.

Adrián Orr: “Todas las propuestas de cine, sean verdad o no, tienen que partir de la emoción”
Fotografía de Diego Rodríguez Blázquez (RIVER)

Tras meses girando por festivales, donde ha obtenido una recepción muy positiva, Niñato llega por fin a las salas de cine, ¿cómo estás viviendo estos días previos a que sea parte del público?

Con mucha ilusión, porque después de llevar recorriendo festivales durante más de un año, viajando con la peli… Que se pueda estrenar en el cine, además de estar en bastantes salas, a nivel pequeño, pero en un importante número de ciudades de España, nos hace mucha ilusión. Es también como un premio al final de este recorrido. Estamos con mucha ilusión y esperando que la gente vaya a verla y saber su respuesta. A ver qué le parece.

Siempre se da por hecho, por parte de la gente que no está muy metida en el mundo del cine, que todas las películas se estrenan en salas. Pero realmente es algo más complicado de lo que el público se cree, sobre todo cuando es algo pequeño como el caso de esta cinta, ¿no?

El poder estrenar una película como Niñato, que está hecha entre amigos, en familia, durante más de cinco años trabajando en ella… El recorrido por festivales ya es difícil, pero es un poco más previsible, es el circuito natural para una película de este estilo. Ya hemos estrenado en Buenos Aires, se va a estrenar en México también, a nivel comercial, y estamos muy contentos, y era algo completamente inesperado. Creo que la peli en cierta forma tiene algo que crea empatía en el público, y que es fácil reconocer determinados elementos de nuestro día a día en ella. Por eso pienso que hay un cierto interés en que eso llegue al público más generalista, y no solo al limitado a festivales de cine.

Eres licenciado en Comunicación audiovisual por la UCM. Estudiaste en la Escuela de cine de Lisboa (ESTC), donde además trabajaste como director de fotografía, ¿de dónde nace tu pasión por el cine? ¿qué te llevó a tomar este camino?

Yo llegué al cine un poco de rebote. Cuando era adolescente me gustaba mucho el hip-hop, empecé a escuchar mucho rap, y fue a través de esto que empecé a tener una conciencia política, una actitud, una curiosidad por conocer otros tipos de músicas… Y llegué a estudiar Comunicación Audiovisual, ya te digo, un poco por casualidad. Tuve un amigo que tenía en el instituto una asignatura creativa,  de fotografía, me picó la curiosidad, y me apunté sin saber muy bien si era lo que yo quería hacer. Y través sobre todo de Luis Bértolo, que es ayudante de dirección en películas de Isaki Lacuesta y de Javier Rebollo, y que en breve hará una película él también. Él me enseñó a ver películas en versión original, y ya me atrapó. Y de hecho fue por lo que dejé de hacer música. Era dj de hip-hop con el grupo de Niñato, y ahí fue cuando dejé un poco de lado la música para poderme dedicar más tiempo a aprender sobre fotografía y cine.

Niñato parte de tu corto Buenos días resistencia, estrenado en 2013 ¿por qué te decidiste a pasarlo a largo?

No es pasarlo al largo, para mí es una evolución dentro de que estaba filmando a la misma familia, pero Niñato es otra película, cuenta otras cosas. En Buenos días había ideas que estaban sugeridas, algunas que ni siquiera se tocaban. Yo conozco a Niñato y hay muchas cosas de cómo se relacionaba con los niños, cómo construye su familia, cómo las circunstancias que les ha tocado vivir les condiciona a cómo se organiza la familia en función de roles, de género de paternidad… Y luego tiene una cosa que siempre me había sorprendido y me había parecido muy interesante explorar, que era cómo trabajar el paso del tiempo en el cine, cómo representarlo cinematográficamente, y cómo David a pesar de los años ha seguido manteniendo ese interés por la música que ambos teníamos cuando éramos adolescentes. Él ha mantenido incluso esa pasión que contagia en cierta forma en su manera de tratar con los niños, es algo que se retroalimenta. Esa dicotomía entre ese joven que aprende a ser padre y ese padre que está manteniendo un poco esa actitud que quiere tener como cuando era joven, es lo que forma la idea de Niñato un poco.

Adrián Orr: “Todas las propuestas de cine, sean verdad o no, tienen que partir de la emoción”
Fotografía de Diego Rodríguez Blázquez (RIVER)

¿Qué fue lo que te llevó a embarcarte en este proyecto? ¿Qué tiene de especial para ti?

Niñato y yo hemos crecido en un ambiente muy parecido, somos del mismo barrio prácticamente, nos conocemos desde hace mucho tiempo. Me interesaba explorar esos límites entre la ficción y el documental. Partiendo de documento real, de personajes reales, toda la historia que se cuenta en la película es real… Y cómo a través de eso se puede llegar a una intimidad muy cercana que tienen las películas de ficción. Y cómo construir todo eso cinematográficamente. También para mí, hacer una primera película ha sido un proceso de aprendizaje. Con cada etapa de rodaje aprendía algo nuevo, y nos marcaba un poco cómo iba a seguir la película en la siguiente. Hemos rodado durante cinco años y medio, grabábamos en otoño y en invierno, y montábamos en primavera-verano. Cuando veíamos esos materiales, seleccionábamos un poco las secuencias que nos habían tocado, cuáles eran las importantes para los personajes que habíamos filmado y de ahí pensábamos cuáles podrían ser las siguientes o cómo unir dos secuencias que nos habían gustado. La película ha sido un work in progress contínuo.

Como bien dices, este proyecto se desarrolló durante casi seis años y las épocas invernales, ¿qué inconvenientes has encontrado? Porque además “te metías” en la vida cotidiana de los personajes…

Hay muchas cosas, pero al final yo he querido filmar una película para darle prioridad a esta familia, y pensamos en seguir la estela de Buenos días, resistencia, en cuanto a la técnica. Pero no quise meter más equipo técnico en el rodaje. Lo organicé para que con los medios que tenía, poder filmar, y no tener que esperar a tener una ayuda pública, para empezar dos años después, o tres, buscando subvenciones para poder contar con un equipo técnico, y pensar esto de otra manera, como una película más de la industria. Decidí con los premios que había conseguido Buenos días, resistencia, y con el dinero que había ganado de ahí, comprarme una cámara mejor, un equipo técnico mejor y poder ser yo la única persona que estuviera con ellos. Y tener esa libertad de poder visitarles cuando yo pudiera, cuando ellos querían, y no estar atado a un calendario o plan de rodaje. Desde ahí surgen muchos impedimentos, porque es una decisión consciente, y eso condiciona mucho a la película. He estado trabajando en otras cosas para poder pagar esta película. Trabajar con uno de tus mejores amigos no siempre es fácil, porque claro estás filmando su intimidad. Esa confianza que tienes para filmar, es la misma que él tiene para decirme que no filme. En realidad ha sido muy bonito, sobre todo con el paso de los años. Al principio se tiene la incertidumbre de qué película vas a hacer, si vas a lograr hacerla, y como primera película tenía esa incertidumbre. A partir del tercer año ya empecé a ver con Ana Pfaff, la montadora, que teníamos material para hacer una película, pero había que ver por dónde la íbamos a llevar. Yo tenía una escaleta, pero la realidad se iba transformando.

Adrián Orr: “Todas las propuestas de cine, sean verdad o no, tienen que partir de la emoción”

Como también has comentado, Niñato retrata una realidad que puede ser muy cercana para algunas personas, o incluso con la que se pueden sentir identificada, ¿es importante que el cine trate estas historias, que se haga más cercano al espectador?

El cine está para muchas cosas, y eso depende de cada director. Yo soy un espectador que puedo ver películas muy diversas, y me pueden gustar. En Niñato creo que hay una parte que representa a la clase trabajadora española de hoy en día, y con una honestidad que quizás no se haya visto en otras películas o que se echa en falta, y por eso quizás sorprenda a un espectador medio que no está acostumbrado a este tipo de propuestas más arriesgadas. Pero creo que todas las propuestas de cine, sean verdad o no, tienen que partir de la emoción. Las ideas te llevan a la emoción. Hay ciertos momentos de la película, con los que a través de Niñato o de Oro, esa relación entre padre e hijo sea fácil identificarse, porque refleja un día a día que todos hemos vivido. Un despertar para ir al colegio, un niño haciendo los deberes… son cosas muy cotidianas por las que la mayoría hemos pasado, y con las que fácilmente te puedes identificar. No porque haya ocurrido así concretamente, sino porque son momentos que con detalles muy pequeños, te dice quiénes son esos personajes, por qué actúan de una manera u otra, cómo se relacionan entre ellos… Y esos gestos que nos pasan desapercibidos en nuestro día a día, al ponerlos en una pantalla y verlos en una sala de cine, adquieren un valor mucho más fuerte. Creo que ahí el espectador es consciente de cosas que hace en su vida cotidiana, y que no se había parado a pensar que tenían tanta importancia, y que podían marcar tanto el día a día.

Siempre se ha dicho que trabajar con niños en cine es complicado, pero cuando desprenden la naturalidad de los de esta película tiene que ser maravilloso.

No es lo mismo cuando tienes a un niño para una película y quieres que haga una cosa determinada todo el rato, como cuando tienes un guion. El niño tiene una frase y no la está diciendo bien, porque ese día el niño está triste y tú quieres que esté contento. En Niñato he intentado grabar, si Oro está triste, he filmado a Oro triste, no le he pedido o he intentado que estuviera contento. Luego he usado ese material y he construido la película para aprovechar ese sentimiento. Como te decía es una película que parte del documental, todas las secuencias parten de él, lo que pasa que luego en la película está estructurado y con un orden que se transforma en el montaje. He disfrutado mucho hablando con ellos, y si los he grabado es porque los quiero un montón. Los conozco desde hace muchos años y compartir ese tiempo con ellos ha sido genial. De hecho, llevo un par de años sin verlos y los echo mucho de menos (riendo). Ir allí, ver qué iba a hacer, cómo iban a estar, mirarlos y cuestionarme a mí mismo cómo mirarlos, encontrar el sitio desde donde filmarlos y que la cámara cuente cosas… No solo filmarles, sino que cuente algo el relato que se puede construir con ellos.. Era una aventurita que nos hemos montado y que ha salido bien, parece ser. Yo siempre tengo mis dudas (riendo).

En Niñato uno de los temas que se toca es lo que ha cambiado el concepto de familia a lo largo de estos últimos años, ¿crees que esto ayudará a dar un poco más de visibilidad a que la sociedad empecé a aceptar estos cambios?

Creo que es una película de nuestro tiempo, que refleja cómo vivimos hoy en día y cómo las familias han cambiado. En Niñato se ve una familia en la que hay hijos, que ya son padres, pero que todavía siguen siendo hijos. Todavía vive con sus padres, tiene una relación con ellos que sigue un modelo que pertenece al pasado, para mí, aunque sigue muy presente actualmente. Pero por otro lado, David y los niños forman otro tipo de familia. Y está todo mezclado en la misma casa. Eso es el momento de transición por el que estamos pasando, que debido a las circunstancias que les toca vivir, se organizan de la mejor manera posible. Son acciones conscientes, pero no premeditadas. Y cuando se toman, tienen unas consecuencias. En este caso hay muchas cosas positivas que los niños están viendo y viviendo con esa estructura familiar.

‘Niñato’, de Adrián Orr, ya tiene fecha de estreno

Me parece muy importante el mensaje que David, el protagonista, le da a sus hijos de que sean autónomos, sobre todo en los tiempos en los que vivimos es fundamental, ¿no?

Creo que hoy en día se ponen muy por encima determinados valores de éxito, del dinero… El peso del dinero es muy importante para decidir qué haces. Un trabajo es muy bueno porque ganas mucho dinero, no por el trabajo que emprendes. Sino simplemente por lo que te va a permitir luego hacer o el tiempo que te va a permitir comprar. Ganas dinero y pagas a alguien que hagas cosas que tú ya no puedes hacer, como el cuidar de tus hijos, por ejemplo. Niñato con esa actitud de enseñar autonomía a sus hijos desde tan pequeños, es algo con lo que me identifico. Mi madre era así, le tocó vivir así. Era una madre separada que en los años 80-90 era como una cosa más extraña que ahora. Nos tocaba hacer muchas tareas del hogar, ir solos al colegio desde muy pequeños… Hacíamos cosas que otros niños de nuestro entorno no hacían, porque siempre iban con sus madres de la mano. Al final eran las madres las que estaban como amas de casa, llevaban a los niños al colegio, les daban de comer… Y esa autonomía que David les inculca creo que es fundamental para el presente de ellos, pero también para el futuro. Me encanta cómo David es persistente transmitiéndoles eso, incluso cayendo en la contradicción de que él igual no tiene toda la autonomía que se supone a un adulto. Pero eso que él hace con los niños es de una madurez y de una importancia mucho mayor, posiblemente a que él tenga un trabajo asalariado o no. Para mí eso está a otro nivel, y creo que la película lo refleja.

Has trabajado junto a directores como Alberto Rodríguez, Santi Amodeo, Javier Fesser o Javier Rebollo, ¿qué has aprendido de profesionales como ellos?

Así es como se aprende. Cuando terminé en la Escuela de Cine, empecé a trabajar como meritorio y auxiliar de dirección con varios directores, y luego cuando he ido subiendo, como 1º y 2º ayudante de dirección, he visto filmar a mucha gente. Y aprendes muchas formas de entender el cine. El cine puede ser muchas cosas, y compartir la experiencia de hacer una película, que es muy intensa, te contagia de esa pasión por el cine. Hay que tener mucha tenacidad para terminar una película, como las que hace Rebollo, porque son películas más arriesgadas; o como las que hace Alberto, porque son muy intensas en rodaje y se autoexige mucho a la hora de llegar a unas producciones que parecen megaproducciones en España, cuando realmente están hechas con unos medios mucho más pequeños a los utilizados en Francia o Estados Unidos. Ves el resultado final y dices, “¿cómo ha podido hacer esto?” . Son distintas formas de entender el cine, pero de todas he aprendido, y de todos los directores con los que he trabajado se me ha pegado algo. Consciente o inconscientemente hay cosas que te van haciendo. Es lo que te decía antes, hay detalles de tu día a día, la actitud con la que afrontas los días de rodajes, cómo hablas a los actores y a tu equipo, cómo no debes hacerlo… Hay cosas que aprendes de verlo y aprendes de ti mismo participando de esa experiencia y de tus errores. Al final, los errores marcan mucho quiénes somos, no solo los aciertos. Y eso también pasa en cuanto al estilo cinematográfico.

Haces una película, la película que puedes hacer, no haces la que quieres, sino la que las circunstancias te dejan. Y eso creo que le ha pasado a casi todos los directores con los que he estado, ya sea por dinero o por otros factores, como actores, niños en los rodajes… No sé, hay muchos factores que te pueden alterar lo que imaginas como una película, cuando estás escribiendo, por ejemplo. Eso condiciona y saber llevarlo a buen puerto y saber lidiar con eso, eso es dirigir una película. Y eso lo he visto, creo que no me olvido ninguna donde no haya ocurrido eso (riendo). Algún tipo de problema así. A mí es que me apasiona el cine, y me gusta mucho el trabajo en las películas, cuando estás metido en una y la haces tuya. Recuerdo cuando estábamos preparando Grupo 7, fue la primera apuesta fuerte de Alberto después de After, que ya llevaba unos años sin rodar. Y fue súper enriquecedora. La mujer sin piano, junto con Javier Rebollo, en Madrid, fue un rodaje de noche. A mí me hizo una ilusión increíble. Localizar Madrid con Javier, Miguel (Ángel Rebollo), Santi (Racaj), con el equipo este… No éramos muchos, pero se formó una familia que se contagiaba. Javier también es una persona que me ha contagiado esa pasión por el cine, por descubrir autores y directores nuevos. Javier desde que lo conocí, hace muchos ya, siempre ha sido maestro. Siempre asume esa labor que hace en la ECAM (Escuela de Cine de la Comunidad de Madrid), la tiene y le encanta eso. Lo asume y disfruta con ello. Es una persona de la que se puede aprender muchísimo.

‘Niñato’, de Adrián Orr, ya tiene fecha de estreno

¿Qué te gustaría que el espectador viese en Niñato?

La película está hecha para que cada espectador juzgue, no da ideas preconcebidas, ni tiene una trama que te lleve y te suelte el final… Es un relato que se va construyendo poco a poco, que va sugiriendo caminos, que el espectador puede ir tomándolos, puede ir completando informaciones, puede ir imaginándolas, la película luego le va a dar otras… Y poco a poco tú te vas haciendo tu película. Creo que cuando se termina la cinta, todo el mundo tiene más o menos la misma idea, pero que a la vez te deja un espacio para que tú como espectador vayas rellenando estos huecos e intentes entenderla. Y tratar con honestidad a la persona que ha ido a verla, no tener que explicarlo todo. Simplemente que se dejen llevar, y que se dejen emocionar por esta familia, que poco a poco van a ir conociendo. Porque van a ser testigos de un proceso largo de evolución y aprendizaje de la familia de Niñato.

Fotografía de portada de Diego Rodríguez Blázquez.

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