Madre, cuánta fuerza en una palabra

‘Madre’, cuánta fuerza en una palabra

Rodrigo Sorogoyen lo ha vuelto a hacer. Sin artificios y sin pretensiones. Tiene a su espalda una cantidad de filmes que se están haciendo su propio hueco en nuestra filmografía nacional. Su última proeza ha sido Madre.

Madre, cuánta fuerza en una palabra
Fotografía de Manolo Pavón

En ella, Rodrigo Sorogoyen nos muestra la dificultad de una madre, en este caso, Elena (Marta Nieto), para asumir que ha perdido a su hijo. Tanto es así que no se da por vencida y tiene la esperanza de encontrarle. Señal de ello es que se muda a la zona de costa en la que supuestamente desapareció. Sigue tan obsesionada que ni el haber empezado una nueva relación con otra pareja, como es Joseba (Alex Brendemühl), que es cuando transcurre la historia, le hace olvidar el pasado, ni siquiera 10 años después del infausto suceso. Es tal la magnitud del hueco que hay en el corazón de esa madre, que cuando conoce a Jean (Jules Porier), cree que este es su hijo. A partir de ahí, tanto Elena como Jean inician una relación extraña y contradictoria, sobre todo para el joven. Por un lado, él cree que ella está enamorada por lo que él mismo se termina fijando en ella por unas razones distintas. No deja de ser un amor platónico, no carnal, al menos hasta donde sabemos; mientras que ella le ve como si fuese su hijo, siempre sin tener la certeza de que lo sea.

Madre, cuánta fuerza en una palabra
Fotografía de Manolo Pavón

La película es una suma de intensidad, desesperación y esperanza, todo reunido en la interpretación de Marta Nieto, de la que cualquier cosa que se dijera se quedaría corta. Los diez primeros minutos de Madre son un frenesí personalizado en su actuación, tremenda, poderosa… Esto, unido al guion o a elementos como la fotografía, compone una película sobresaliente. 

Esto es lo maravilloso del filme. Sorogoyen y su elenco nos dejan una película en la que se pueden interpretar cosas totalmente dispares. Citando a su director: ahora quiero que sea el espectador quien me diga qué película hemos hecho. Deja muchas incógnitas y puertas abiertas para que el público diga hacia qué camino va la película y que sea este el que escrute el final de la misma.

Fotografía de portada de Manolo Pavón.

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