Los archivos del Pentágono: vuelve el Spielberg menos aventurero

Los archivos del Pentágono: vuelve el Spielberg menos aventurero

No pudo ser, el equipo de Los archivos del Pentágono no consiguió alzarse con el premio Oscar a la mejor película. El último trabajo hasta la fecha de Steven Spielberg estaba nominado en dicha categoría, pero la cinta ganadora resultó ser La forma del agua de Guillermo del Toro, la favorita en todas las apuestas. Lo cierto es que The Post, título original en inglés de la película protagonizada por Meryl Streep y Tom Hanks, no figuraba entre las candidatas con más probabilidades de llevarse el galardón, a pesar de contar con todos requisitos para ello: un reparto encabezado por grandes estrellas, un director de renombre y una historia basada en hechos reales con la épica y la heroicidad que tanto gustan en los states. A pesar de ello, el artífice de Tiburón ha vuelto a contar con el respaldo de la crítica y de la taquilla.

Los archivos del Pentágono: vuelve el Spielberg menos aventurero

El punto de partida de la trama es la filtración a principios de los años setenta de unos informes internos del Pentágono de los que el diario The New York Times se hizo eco, sacando a la luz las mentiras que varios gobiernos diferentes de los Estados Unidos habían estado propagando durante dos décadas, pues con estos archivos clasificados quedó demostrado que habían sacrificado la vida de miles de soldados y civiles por una guerra que desde un primer momento daban por perdida. El periódico, entonces en decadencia, debe decidir si tomar una posición de apoyo a su propia competencia publicando los mencionados archivos o por el contrario mantener la cautela para no perder el favor de los dirigentes del Gobierno de Richard Nixon, el entonces presidente del país.

La película puede presumir de una sobriedad tal que en ocasiones adolece de mostrarse algo inexpresiva. Y es que hace ya años que el cine de Spielberg perdió algo de la magia de sus primeros largometrajes de aventuras y ciencia ficción en favor de una solidez plausible. Los E.T, Indiana Jones o Encuentros en la tercera fase dieron paso a Lincoln o El puente de los espías, películas que si bien es cierto que no gozan de una personalidad tan reconocible como las primeras, no lo es menos que son brillantes en su ejecución. Los archivos del Pentágono es un ejemplo más de este tipo de cine al que el director de La lista de Schindler nos está acostumbrando en la última década. Un drama que de nuevo repasa un hecho trascendental en la historia reciente de los Estados Unidos; si en los trabajos anteriormente mencionados Spielberg se adentraba en la guerra civil americana del siglo XIX o en la Guerra Fría con la URSS en el siglo XX, ahora el contexto es el de la guerra de Vietnam, la primera gran derrota militar de Estados Unidos. En esta ocasión sin embargo, el director cuenta la historia desde un prisma completamente nuevo para él: el periodismo.Los archivos del Pentágono: vuelve el Spielberg menos aventureroEste tipo de historias se antojan necesarias en un momento actual en el que la prensa funciona más como herramienta propagandística que como elemento de presión frente a los altos mandos políticos. Incluso los medios de comunicación más críticos se muestran poco plurales a la hora de dirigir el foco de atención (en nuestro país al menos), y la sensación de añoranza admirando la cinta de Spielberg resulta inevitable, aunque sepamos que no es oro todo lo que reluce. El largometraje, que pone sobre la mesa el tema de las relaciones personales y los tratos de favor entre dirigentes gubernamentales y responsables de periódicos importantes, demuestra que el subgénero cinematográfico del periodismo de investigación está de moda, pues vale la pena recordar que hace sólo tres años Spotlight de Thomas McCarthy se llevó dos estatuillas, una a la mejor película y otra al mejor guion original, gracias a otra historia basada en hechos reales en la que los protagonistas son heroicos reporteros. Debido a las fuertes presiones políticas que reciben los medios de comunicación, las líneas editoriales tienden a radicalizarse y la profesión de periodista queda denostada socialmente con frecuencia. Frente a las muchas películas que demonizan la labor de los grupos comunicativos o a ciertos profesionales concretos del sector (como la obra maestra de Orson WellesCiudadano Kane), The Post se muestra condescendiente y le da su lugar correspondiente a un entonces pequeño diario como The Washington Post, cuya aportación fue fundamental para destapar no sólo el escándalo de la guerra de Vietnam sino también otros como el caso Watergate, por el que finalmente Richard Nixon tuvo que presentar su dimisión como Presidente de los Estados Unidos.

La película, escrita por Liz Hannah y Josh Singer, se muestra tan efectiva en su resultado como tramposa en algunos de los recursos que utiliza para lograrlo. Tras un comienzo dubitativo en el que la cantidad de información que se recibe cuando los personajes están aún siendo presentados resulta algo farragosa, la acción toma partido y atrapa al espectador para no soltarlo hasta el final. Los acontecimientos se siguen con gran interés gracias en parte a un montaje sobresaliente, a pesar de que resultan en cierta manera predecibles, en primer lugar porque la historia ya está escrita, y en segundo lugar porque el guion pisa a veces el terreno pantanoso de esos clichés propios de Hollywood que reconocemos con facilidad, y es que algunos de sus aspectos formales recuerdan demasiado a aquellos blockbusters pobres de contenido en los que la épica de las acciones de los protagonistas, reforzada por la música, y la aparición de villanos sin un atisbo de bondad, nos hacen desconfiar de la veracidad de lo que se nos está narrando.Los archivos del Pentágono: vuelve el Spielberg menos aventureroNada más lejos de la realidad, qué duda cabe de que aquí hay cine del bueno, pero se echan en falta algunas prácticas propias de ese cine independiente que no es esclavo del gran público. La primera circunstancia, en cambio, no tiene remedio posible y es algo que tienen en común todas las películas históricas, narrar una historia que ya ha sido anteriormente contada por la prensa y mantener el interés en ella es algo muy difícil. Pero debemos marcar la diferencia entre la información y la ficción; la prensa informa y las películas entretienen, y en este punto hay que quitarse el sombrero una vez más ante el maestro, y es que Steven Spielberg consigue por enésima vez dotar a su obra de un ritmo narrativo perfecto. El conflicto avanza con paso firme sin dejar espacio posible a diálogos carentes de contenido, todo lo que se dice ayuda a la trama principal a avanzar hacia un desenlace que ya conocemos y que estamos deseando que llegue.

A pesar de sus defectos, Los archivos del Pentágono cuenta, entretiene y también emociona. Parte importante de la culpa la tiene un elenco actoral magistralmente dirigido, especialmente los oscarizados Meryl Streep y Tom Hanks, que encarnan a los protagonistas del relato. La Dama de hierro del cine se convierte esta vez en Katharine Graham, la editora del diario The Washington Post tras el fallecimiento de su marido y la encargada de llevar las riendas del periódico en sus horas más bajas. La actriz, nominada de nuevo al premio Oscar (ya van 21 nominaciones), ofrece de nuevo todo un repertorio interpretativo y construye para sí un personaje vulnerable en un principio pero con fuerza y capacidad de liderazgo en unos tiempos en los que las mujeres tenían muy complicado acceder a los puestos de poder y mantenerse en ellos (aún sigue siendo complicado).Los archivos del Pentágono: vuelve el Spielberg menos aventureroEl discurso del personaje de Meryl Streep es feminista y no es casualidad que aparezca en el momento idóneo. En los últimos años el movimiento social que lucha por la igualdad de género ha vuelto a tomar la fuerza de antaño y está consiguiendo logros importantes en todo el mundo. En Islandia, por ejemplo, se ha aprobado una reforma legislativa que obliga a las empresas a pagar lo mismo a mujeres y hombres que desarrollen una labor idéntica, y en nuestro país el seguimiento de la manifestación feminista del 8 de marzo ha resultado ser histórico. Precisamente en Estados Unidos la brecha salarial entre hombres y mujeres es considerable y la polémica por los abusos sexuales en la industria cinematográfica está a la orden del día, por lo que la aparición de personajes femeninos tan potentes como el que representa la actriz natural de Nueva Jersey llegan a ser imprescindibles actualmente.

Por su parte, Tom Hanks interpreta a Ben Bradley, el director del periódico y principal valedor de la idea de publicar los informes, en parte porque otros diarios le estaban cogiendo ventaja al Washington Post y en parte por ética profesional. El actor que dio vida a Forrest Gump aporta todo tipo de matices a un personaje que ya de por sí resulta muy interesante y cuyo arco evolutivo describe un sentido contrario al de Katharine Graham. Encontramos a un Tom Hanks que se deshace de la mesura que suele definir a sus personajes para adentrarse en un papel que le exige un nivel mayor de histrionismo, y lo hace con acierto. Alison Brie, Sarah Paulson, Tracy Letts y, sobre todo, Bob Odenkirk ofrecen interpretaciones de peso en sus respectivos roles secundarios que contribuyen al buen funcionamiento de la película.Los archivos del Pentágono: vuelve el Spielberg menos aventureroSin grandes premios en su haber pero con los elogios de la crítica como aval, Los archivos del Pentágono se ha mantenido firme en las salas de cine de todo el mundo durante más de un mes (y aún sigue en cartelera), demostrando que Steven Spielberg no es sólo uno de los directores más talentosos de la industria, sino que también es uno de los más rentables. No nos encontramos ante su mejor trabajo, pero sí ante una muy buena película que merece la pena contemplar por su calidad técnica, pero también por su defensa a ultranza de la Primera Enmienda, por la fortaleza feminista del discurso de su protagonista y porque nos recuerda a todos que los medios de comunicación tienen una responsabilidad (más aún con un personaje tan cínico como Donald Trump ejerciendo de presidente del país más poderoso del planeta) que debe pesar más en la balanza que la ambición personal de  poder.

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