Lady Bird: Un retrato inocente pero sincero

Nadie nos pregunta cuando nacemos con qué nombre queremos presentarnos en sociedad. La mayoría de nosotros estamos condenados a aceptar un conjunto de letras que nos acompañará de por vida. No es el caso de Christine McPherson, la protagonista de este relato, que decide obligar a todo el mundo a llamarla Lady Bird. El personaje es interpretado por Saoirse Ronan, una actriz que se está acostumbrando a desfilar por las alfombras rojas de medio planeta. Y es que entre los muchos premios que acumula, pese a su corta edad, destaca el Globo de Oro a la mejor actriz, conseguido con esta última película. Mucho tiene que agradecerle en esta ocasión a Greta Gerwig, quien le regalara un papel principal delicioso. Se trata de la primera incursión verdaderamente ambiciosa de la actriz detrás de las cámaras (antes se aventuró en la humilde Noches y fines de semana junto a Joe Swanberg), y el resultado no ha podido ser más satisfactorio: dos Globos de Oro (uno de ellos el de Mejor película comedia o musical), cinco nominaciones al Oscar y otros muchos premios han alabado su primer trabajo.

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Sacramento (California, EEUU) es el contexto geográfico donde se desarrolla esta historia, ciudad en la que Lady Bird lleva a cabo su último curso de instituto. La joven, que siente pasión por el teatro y otras disciplinas artísticas, desea asistir a la universidad en Nueva York, pero la difícil situación económica de su familia supone un problema. Además, tiene que lidiar con la insoportable personalidad de su madre (Laurie Metcalf), una pasivo-agresiva que canaliza su amor en forma de sobreprotección. Su padre (Tracy Letts), más afable y menos estricto que su madre, se erige como su principal confidente, además de su amiga Julie (Beanie Feldstein). El resto de la familia está compuesta por su hermano adoptado Miguel, y su novia.

Esta comedia dramática, que no cuenta con el apoyo de ninguna gran productora, funciona como un indudable retrato autobiográfico de su autora. No se puede afirmar que se trate de un guion adaptado de su propia vida, pero sí es cierto que el personaje protagonista y la guionista y directora de la película comparten experiencias vitales evidentes. Originaria de Sacramento, Greta Gerwig también recibió una educación católica en un colegio femenino y mostró una temprana fijación por las artes escénicas. Finalmente terminó convirtiendo esa afición en su modo de vida, pasando antes por Barnard College, una universidad privada ubicada en Nueva York. El cariño con el que la guionista y directora del filme retrata a un personaje hecho a su imagen y semejanza, consigue que el público pueda identificarse con una protagonista que, sin embargo, pasa bastante desapercibida en su entorno más cercano. Lady Bird es esa chica de clase que no sacaba las mejores notas ni atraía demasiado a los chicos más populares, aquella a la que sólo los de mayor corazón se acercaban y quedaban deslumbrados por un carácter ingenioso, imaginativo y soñador que pasaba desapercibido en las conversaciones banales diarias del resto de compañeros.

La trama se muestra a veces dudosa y hasta defectuosa, pues hay momentos del metraje posiblemente prescindibles, en el sentido de que se detiene tanto en la descripción profunda de caracteres que olvida a veces que la narración debe avanzar a base de golpes de efecto, de acción. Dando así palos de ciego en ciertos tramos que se hacen excesivamente largos (aunque la duración total del film es adecuada), la película, sin embargo, te agarra el corazón; se muestra sincera y rehúye de estereotipos pretenciosos para encontrar una esencia propia verdaderamente loable, no importa tanto lo que cuenta sino cómo lo cuenta. La inexperiencia e inocencia de su autora es palpable, pero también su pasión y su conocimiento y buen hacer. Desde un punto de vista superficial, la historia la hemos visto cien veces, una chica post-adolescente en un difícil periodo de cambios que intenta ganar popularidad de forma forzada y salir de su zona de confort, delimitada por una línea compuesta por su madre y su única amiga verdadera.

No obstante, la obra trasciende más allá en el relato intimista de una personalidad verdaderamente encantadora, a la que Saoirse Ronan consigue exprimir todo el potencial. Es fácil empatizar con el personaje a pesar de su pretendida hilaridad, lo que nos habla de un diseño elaborado y meticuloso del mismo. No solo nos debemos detener en el personaje de Lady Bird, los secundarios también son redondos y suponen muletas de apoyo para desarrollar el carácter de la protagonista. La película sale airosa de sus errores gracias a los contrastes entre estos personajes que fortalecen el discurso; una amiga de la infancia con la que compartir secretos frente a una nueva amiga que amplía el horizonte de diversión, un novio educado y respetuoso frente a un chico transgresor y anárquico que toca en una banda de rock; una madre que no quiere aceptar los cambios naturales en la personalidad y los hábitos de su hija frente a un padre que parece conocerla más que nadie. Personajes que la mayoría podemos reconocer en nuestro recuerdo y que suponen un aprendizaje para la protagonista, que decepción tras decepción trata de encontrar su propia identidad. Mención aparte merece Laurie Metcalf, pues su interpretación resulta realmente convincente.

Lady Bird: Un retrato inocente pero sincero

No estamos ante una obra reivindicativa o de temática estrictamente política o social, pero Greta Gerwig pone encima de la mesa ciertas cuestiones cuanto menos polémicas en la sociedad actual estadounidense. Un país que domina la cultura pop mundial, con artistas que se muestran cada vez más irreverentes en sus propuestas, continúa inexplicablemente perpetuando tabúes pasados de fecha en asuntos sociales tales como la religión, la familia o la sexualidad. De este modo, la autora se sirve de su propia experiencia en un colegio católico para posicionarse a favor de la libertad sexual o el aborto, otorgando un carácter tan feminista como femenino al personaje interpretado por Saoirse Ronan.

Una de las escenas de mayor impacto conceptual es aquella en la que las alumnas asisten a una charla anti-aborto, a través de la cual la ponente trata de imponer su idea a las jóvenes y privarlas del derecho a decidir. Estas charlas son habituales en colegios católicos, sobre todo en Estados Unidos, y en ellas se suele plantear la hipótesis de que la Virgen María hubiese abortado. Lady Bird saca su lado más fiero y responde argumentando que el hecho de que algo resulte desagradable no implica que sea inmoral. Esta afirmación le acarrea consecuencias negativas en su expediente, pero le sirve para convencerse a sí misma de su propia persona. Aunque descubre las vergüenzas de su hipocresía (nada nuevo bajo el sol), la guionista y directora no demoniza a la Iglesia como institución. La cercanía, sinceridad y comprensión de la Hermana Sarah con la protagonista es una buena prueba de ello. También desprende humanidad el Padre Leviatch, un personaje de corazón noble pero repleto de contradicciones en su propio ser, lo que expresa a las mil maravillas el amor-odio que el argumento desprende hacia la religión.

Lady Bird: Un retrato inocente pero sincero

También lanza un mensaje la autora contra las instituciones políticas insinuando que no se están dando oportunidades de trabajo a personas con experiencia y sabiduría como Larry, el padre de Lady Bird, quien a su avanzada edad busca empleo de forma desesperada. El frenético avance tecnológico experimentado en las últimas décadas, unido a una crisis económica mundial sin precedentes cercanos, ha propiciado que el mercado haya engullido a una generación de trabajadores incapaces de competir con los más jóvenes. Lejos de ofrecer soluciones, estamos viendo como las instituciones de los países desarrollados están infravalorando las capacidades de esta generación y los recursos que puede ofrecer, provocando que muchos padres de familia tengan dificultades para salir adelante.

Sin duda, ésta es una de las películas del año. Es cierto que no roza la perfección en ningún aspecto, pero tampoco lo pretende, y en cierto modo eso se agradece. Simplemente funciona. La sencillez con la que se narra una historia cotidiana que así lo requiere, la eleva a ese escalón en el que descansan las obras que resultan emotivas sin ofrecer el paquete de pañuelos antes de que empiecen los títulos de inicio. Lady Bird trata una historia que habla de la amistad, del siempre difícil amor familiar, de la alienación de los jóvenes ante un mundo cambiante y a veces cruel y de cómo hacerse a uno mismo, de la iglesia, de la crisis… Lady Bird tiene tiempo de hablar de la vida.

Lady Bird: Un retrato inocente pero sincero

Considerando este filme como el debut en solitario de Greta Gerwig tras la cámara, quedamos a la espera de satisfacer las expectativas que ha levantado con esta encantadora ópera prima. De momento, ya cuenta con una nominación al Oscar como directora y un Globo de Oro para su película, y lo que es más importante, ha contado con el apoyo de la crítica especializada y el público. Ahora las exigencias son más altas, tal vez sea el momento idóneo para arriesgarse con un argumento menos convencional. Será más fácil que alcance el éxito si vuelve a contar con Saoirse Ronan, esa actriz irlandesa nacida en Nueva York que con 24 años ya ha sido nominada al Oscar en tres ocasiones.

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