Dunkerque: Christopher Nolan y la dualidad del ser

En las películas de Christopher Nolan encontramos posturas yuxtapuestas que terminan convergiendo en éstas: el bien vs el mal (El caballero oscuro), la credibilidad vs la mentira (Memento), la realidad vs lo utópico (Origen), o el deber vs la supervivencia, como es el caso de su último film, Dunkerque.

Para todo el que no lo sepa, Dunkerque (Dunkirk) está basada en hechos reales, algo en lo que nunca había trabajado Nolan previamente. Las historias del director inglés suelen estar basadas en sucesos totalmente imaginados, casi irreales, que te vuelan la cabeza. Eso es lo bonito del cine de Nolan. Pero esta vez, no. Esta vez nos ha volado la cabeza no sólo por la historia, sino por la composición.

En este largometraje narra la historia de los evacuados de Dunkerque durante la II Guerra Mundial tras ser asediada por la Alemania nazi. Algunos han protestado por no detallar más este hecho, en cómo se llega a esa situación, etcétera. Queridos lectores: eso es lo de menos. Lo extraordinario de los 120 minutos que dura esta película es que no le sobra ni un segundo. Cuenta lo que tiene que contar, es directa, lo que todos los espectadores queremos. No queremos que una película dure dos horas y le sobre medio metraje. Queremos a Nolan.

Tenemos que hacer especial mención a tres pilares fundamentales de la película. El primero de ellos, los actores. Si hablamos del elenco, los encontramos de largo recorrido, como Kenneth Branagh, James D’Arcy o Tom Hardy (a quien, como detalle, prácticamente no se le ve la cara; actúa sobre todo con su mirada, pues en sus intervenciones aparece cubierto con un casco de piloto de avión) y los hay más desconocidos, pero dignos sucesores del mismísimo Christian Bale,  como Fionn Whitehead.

El segundo pilar sería el mismísimo Nolan, quien con una idea totalmente verídica y guionizada a su forma, logra que en ningún momento puedas apartar los ojos de la pantalla. Y por último, que no menos importante, la figura del compositor ya hermanado con el cine de Nolan: Hans Zimmer. Cuando crees que está a punto de darte un ataque de ansiedad, cuando ves que la escena no acaba y que cada momento parece más emocionante que el anterior, te das cuenta que las melodías del compositor alemán no han dejado de sonar en ningún momento. Terminas la película K.O.

Desde mi perspectiva de consumidora de todo tipo de cine, a mi parecer, puedo decir con total certeza que Dunkerke no es una película que pueda gustarle a todos los fans de Nolan. Como dije previamente, los consumidores buscan una historia fantástica que cuando terminas de ver no sabes ni qué has visto, y necesitas verla mil veces más. Pero, sin duda alguna, esta película le da mil vueltas a cualquiera de esas.

Déjanos tu opinión

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *