Bajo la piel de lobo, un regalo para los sentidos

Bajo la piel de lobo, la ópera prima del director asturiano Samu Fuentes es una película para disfrutar con los cinco sentidos. Una historia tan real como dura, donde el espectador parece poder palpar o sentir todo lo que acontece durante la algo más de hora y media de metraje.

bajo la piel de lobo

Basada en la historia real de un alimañero que vivía en una montaña en condiciones muy parecidas a la del protagonista del film, Martinón (Mario Casas) es el último habitante de Auzal, una aldea remota entre las montañas. Sólo visita el pueblo dos veces al año, para provisionarse y para comerciar. Parece estar mimetizado con la vida en aquella  complicada zona, donde la única compañía que tiene es la de los animales, que terminan sirviéndole como medio de supervivencia. Pero esta vida “tranquila” cambia tras uno de los viajes que emprende a la localidad más cercana.

Bajo la piel de lobo es una película de silencios, tan solo salpicada por algunos diálogos, que apenas suponen una conversación completa. Esto hace que los sonidos de ambiente adquieran gran importancia, como el ulular del viento, el crepitar del fuego, la respiración de los personajes… Pero como hemos indicado más arriba, este es un film que se siente con los sentidos, y no solo con el oído. Con la vista podemos deleitarnos con los espectaculares paisajes del Pirineo oscense y del la zona occidental de Asturias, donde tuvo lugar su rodaje. Un paisaje que actúa como un personaje más, quizás es más importante de todos, al influir sus difíciles características en la vida y la personalidad de los sujetos que Fuentes nos describe; y a lo que hay que unir una espectacular fotografía, firmada por Aitor Mantxola.

bajo la piel de lobo

En esta cinta parece que el espectador llegue a tocar la piel que trabajan Martinón, Adela (Irene Escolar) o Pascuala (Ruth Díaz); las presas que cazan o la leña que cortan. O que pueda oler y probar las pesadas comidas que preparaban para soportar tan bajas temperaturas.

En Bajo la piel de lobo, la banda sonora también juega un papel fundamental a lo largo del metraje, apareciendo tan sólo en momentos muy precisos, para enfatizar el dramatismo de determinados momentos. Al igual que ocurre con los diálogos. Permite así que la película respire naturalidad.

En su reparto nos encontramos con Mario Casas, quizás en el papel más maduro de su trayectoria hasta la fecha. Con su interpretación, y la preparación a la que se ha sometido para meterse en la piel del solitario Martiñón, que se puede apreciar en su gran cambio físico, nos hace olvidarnos del Mario Casas que hemos conocido hasta el momento. Irene Escolar y Ruth Díaz completan su casting principal, interpretando a Adela y a Pascuala, respectivamente. Ambas, dos hermanas muy diferentes entre sí, que representan a dos prototipos de mujeres en una época en la que éstas son tratadas como monedas de cambio, como si fuesen una mera mercancía. Mientras que Díaz se pone en la piel de una molinera viuda, que vive en un ambiente familiar humilde, a la que sólo le queda resignarse a vivir el resto de su vida como correspondía en aquellos años. Por su lado, la mujer a la que representa Escolar, tiene una mente más abierta, que sueña con ser independiente y abandonar el lugar donde nació para encontrar otras oportunidades. Estos tres actores se enfrentan a unos personajes muy complicados, que consiguen solventar con gran habilidad y naturalidad.

Su estreno en cines se espera para marzo de 2018.

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